Portainjertos de palto: la base genética para enfrentar los desafíos productivos
En las últimas décadas, el cultivo del pato se ha consolidado como una de las actividades frutícolas más relevantes de Chile, tanto por su importancia económica como por su participación en el mercado internacional. La superficie plantada supera las 32.000 hectáreas, lo que representa cerca del 8,6% de la superficie frutícola nacional, con una fuerte concentración en la zona central del país, especialmente la Región de Valparaíso.
En términos productivos, la temporada 2024/2025 registró una de las mejores campañas de los últimos años, con una producción cercana a 240.000 toneladas. Este resultado estuvo impulsado por condiciones climáticas favorables, buena cuaja de fruta y la incorporación de nuevas tecnologías de manejo y riego.
Más de la mitad de la producción se destina a exportación, siendo Europa el principal destino. Paralelamente, el mercado interno chileno ha mostrado un crecimiento sostenido en el consumo de palta. En 2025, éste alcanzó cerca de 8,9 kg por persona al año, posicionándonos entre los países con mayor consumo de palta Hass a nivel mundial. Este dinamismo de la demanda, tanto interna como externa, ha contribuido a consolidar la relevancia de la industria de la palta dentro del sector frutícola nacional.
En este escenario, el uso de portainjertos “selectos” se ha convertido en un factor clave para mejorar la productividad, la adaptación a condiciones ambientales adversas y la sostenibilidad de los huertos. Los portainjertos influyen directamente en aspectos como: tolerancia a salinidad (suelos y/o agua), eficiencia en la absorción de agua y nutrientes, resistencia a enfermedades del suelo, precocidad, calidad de fruta, alternancia de producción y vigor de la planta. Por ello, la elección del portainjerto adecuado se ha transformado en una decisión estratégica para los productores, especialmente frente a desafíos como la escasez hídrica, la variabilidad climática y la presencia de patógenos radiculares.
PORTAINJERTOS CLONALES, HERRAMIENTA PARA OBTENER CARACTERÍSTICAS DESEABLES
En este contexto adquiere especial importancia el desarrollo y uso de portainjertos clonales. Estos se obtienen mediante métodos de propagación vegetativa, por lo que el portainjerto resultante es genéticamente idéntico a la planta madre seleccionada. A diferencia de los portainjertos provenientes de semilla, que presentan variabilidad genética, los portainjertos clonales permiten replicar individuos que han demostrado características agronómicas deseables, como mayor tolerancia a enfermedades o mejor comportamiento productivo.
El uso de portainjertos clonales busca establecer huertos más uniformes y productivos, con un comportamiento más predecible entre las plantas. Además, permite aprovechar selecciones con tolerancia a condiciones específicas de suelo o a patógenos radiculares. Entre ellos destaca Phytophthora cinnamomi, agente causal de la pudrición radical del palto, considerada una de las enfermedades más limitantes del cultivo a nivel mundial.
El desarrollo de portainjertos clonales ha permitido mejorar la tolerancia a enfermedades del suelo, la adaptación a distintas condiciones edafoclimáticas y la uniformidad de los huertos. Entre los más utilizados a nivel mundial, y también presentes en Chile, destacan materiales seleccionados principalmente por su tolerancia a la pudrición radical.
Uno de los primeros portainjertos clonales ampliamente difundidos fue Duke 7, desarrollado en California y utilizado durante décadas por su tolerancia a Phytophthora y su adecuado comportamiento productivo. Posteriormente, se incorporaron otros, como Thomas, de raza mexicana con una productividad inferior a Duke 7.
En las últimas décadas, los portainjertos desarrollados en programas de mejoramiento genético han cobrado gran relevancia. Entre los más utilizados destacan Merensky 2 (Dusa®), desarrollado en Sudáfrica, y Toro Canyon, seleccionado en California, Estados Unidos. Entre ellos, Merensky 2 (Dusa®) ha sido uno de los más adoptados en plantaciones comerciales debido a su alta tolerancia a la pudrición radical causada por Phytophthora cinnamomi, su alto vigor y su destacado desempeño productivo en combinación con la variedad Hass.
Más recientemente, se han incorporado a los programas de evaluación nuevos portainjertos clonales desarrollados en proyectos internacionales de mejoramiento. Entre ellos destacan Merensky 5 (Zerala®) y Merensky 6 (Leola®), ambos desarrollados en Sudáfrica dentro de programas de selección orientados a identificar materiales con mayor tolerancia a enfermedades del suelo y mejor adaptación a condiciones productivas restrictivas. Asimismo, se han evaluado portainjertos como Zentmyer, una selección desarrollada en Estados Unidos, y Merensky 1 (Latas®), seleccionado en Sudáfrica. Estos materiales han sido incorporados a distintos programas de evaluación con el objetivo de mejorar características agronómicas relevantes, tales como la tolerancia a las sales, la eficiencia en el uso del agua y la adaptación a diversos tipos de suelo.
ENSAYOS DESARROLLADOS EN CHILE
Diversos estudios realizados en Chile también han evaluado el comportamiento de estos materiales en condiciones locales. En este contexto, en el año 2025 publicamos el libro “Palto. Evaluación de variedades y portainjertos de palto en la zona centro norte de Chile”, que reúne los resultados de una evaluación de variedades y portainjertos de palto realizada en el marco del Programa Tecnológico Estratégico Fruticultura Zona Norte, impulsado por CORFO, gestionado por el Consorcio Biofrutales y ejecutado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Mediante el concepto de empaquetamiento tecnológico, el proyecto logró articular acciones colaborativas entre la academia y el sector productivo. En el desarrollo del proyecto participaron empresas del sector como AGRICOM-Westfalia Fruit, Agrifrut y AvoAmérica.

En este estudio se evaluó el comportamiento de las variedades Carmen®, Maluma®, UC 3295 (Palta Gem®) y Hass sobre el portainjerto clonal Merensky 2 (Dusa®) y los portainjertos de semilla Nabal y Zutano, en dos condiciones edafoclimáticas (Pomaire y Quillota). Además, se evaluó el comportamiento de la variedad Hass injertada sobre distintos portainjertos en condiciones de replante y estrés salino en la Región Metropolitana (Pomaire). Los portainjertos evaluados incluyeron los clonales Duke 7 Merensky 2 (Dusa*), Mexícola y UCV7, además de Nabal proveniente de semilla (Figura 1A, 1B, 1C, ID y 1E).

Entre los principales resultados obtenidos durante el período de evaluación que se concentró entre los años 2021 y 2024, la combinación Hass sobre Merensky 2 (Dusa®) presentó el mayor vigor, reflejado en más altura de planta, volumen de copa y sobrevivencia de plantas (100%). Asimismo, registró la mayor producción acumulada durante el período de evaluación, alcanzando 1.285 kilos (Figura 2), con menor alternancia productiva IAP igual a 0,3 (Figura 3) y mayor proporción de fruta exportable (77%). En contraste, Hass sobre Mexícola presentó la menor producción acumulada (189 kilos), la mayor alternancia productiva (IAP 0,8) y la menor supervivencia de plantas (70%). Cabe destacar que en este ensayo se utilizaron 30 repeticiones por combinación (variedad/portainjerto).
La alternancia productiva se refiere a la tendencia de un árbol frutal a producir muchos frutos y tener alto rendimiento en un año, al que se denomina “on”, seguido por un año de pocos frutos y de bajo rendimiento, llamado “off”. Cuando el índice de alternancia productiva (IAP) es 1,0 la producción alternada es 100% (es decir, cosecha un año, sin cosecha el otro año) y cuando el IAP es 0, no hay producción alternada.
PRODUCCIÓN DE PLANTAS CLONALES, UN NICHO DE POCOS VIVEROS
En Chile, la producción de plantas de palto sobre portainjertos clonales es realizada por un número reducido de viveros, debido a que el proceso de propagación clonal requiere infraestructura especializada, manejo sanitario estricto y personal altamente calificado.
En sus inicios, solo tres viveros producían plantas clonales de forma sistemática, luego, gracias al desarrollo e implementación de la tecnología de clonación (etiolación y acodo) y la obtención de resultados promisorios en ensayos locales de evaluación de portainjertos, llevados a cabo por el equipo de investigación del Laboratorio de Propagación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, se alcanzó en el año 2019 una producción cercana a 225.000 plantas de palto al año.
Con el tiempo, otros viveros han incorporado esta tecnología, principalmente para abastecer proyectos agrícolas propios o clientes específicos. No obstante, su número sigue siendo limitado en comparación con los viveros que producen plantas injertadas sobre portainjertos provenientes de semilla, debido a la mayor inversión y complejidad técnica que implica el proceso de clonación. Actualmente, la producción de plantas clonales se concentra en viveros especializados que multiplican portainjertos como Merensky 2 (Dusa®), Duke 7 y Toro Canyon, los que posteriormente se injertan con la variedad Hass. Es fundamental que la industria de viveros se preocupe por mantener la calidad de las plantas sobre portainjertos clonales y de este modo, garantizar las ventajas que tienen estas plantas sobre los portainjertos de semillas, especialmente en condiciones de replantación, ya que es una necesidad creciente en nuestro país.

DIFERENCIAS EN INVERSIONES DE ACUERDO AL TIPO PLANTA
Desde el punto de vista económico, la elección entre plantas provenientes de semilla y con portainjertos clonales implica diferencias importantes en la inversión inicial del huerto.
En el mercado chileno, una planta proveniente de semilla tiene un valor aproximado entre $6.000 y $8.000 por planta, mientras que una con portainjerto clonal puede alcanzar valores entre $18.000 y $25.000. Estos valores (IVA incluido) corresponden a precios referenciales obtenidos a partir de cotizaciones en viveros comerciales de la zona central de Chile.
Considerando una densidad de plantación cercana a 666 plantas por hectárea, el costo puede variar entre $4,0 y $5,3 millones por hectárea en el caso de plantas de semilla, y entre $12 y $16,6 millones por hectárea en plantas clonales. Por otra parte, bajo condiciones productivas promedio en Chile, con rendimientos de 12 a 16 toneladas por hectárea en huertos adultos, se estima que la recuperación de la inversión inicial del establecimiento del huerto puede alcanzarse entre los años 6 y 8 en plantaciones con plantas de semilla. En el caso de plantas clonales, la recuperación del capital se produce en un período menor, entre los años 4 y 5 y con producciones que superan los rendimientos promedio antes señalados.
(Datos de Ensayos PUCV).
En este escenario, la utilización de portainjertos con características relevantes y, especialmente, de materiales clonales se proyecta como una de las principales herramientas para enfrentar los desafíos futuros del cultivo del palto en Chile. Factores como la escasez hídrica, la salinidad de los suelos, el replante de huertos y la presión de enfermedades radiculares seguirán condicionando el desarrollo de nuevas plantaciones, por lo que la selección del portainjerto será cada vez más determinante para la sostenibilidad productiva. El avance en programas de evaluación, el desarrollo de nuevas selecciones y la adopción gradual de tecnologías de propagación clonal permitirán mejorar la resiliencia de los huertos y mantener la competitividad de la industria de la palta chilena en los mercados internacionales.