Proponen cultivos desarrollados mediante ingeniería genética como opción para enfrentar el impacto del cambio climático
Alza de precipitaciones, heladas, sequías y calor en épocas inusuales. Estos son solo algunos de los efectos que ha generado el cambio climático y que ha llevado a los agricultores a buscar alternativas de cultivos capaces de soportar las variaciones climáticas extremas.
Ante escenario, ChileBio, asociación de empresas dedicada a informar y educar sobre biotecnología agrícola, desarrolló el arroz SUB1. Se trata de una variedad genéticamente modificada para resistir hasta dos semanas bajo el agua sin pérdida significativa de rendimiento.
En entrevista con Mundoagro, Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio indicó que SUB1 es una abreviatura de “Submergence Tolerance 1” (tolerancia a inundaciones 1), que se refiere a un gen específico introducido en esta variedad. El arroz SUB1 puede sobrevivir a inundaciones de hasta dos semanas, lo cual es crucial en regiones propensas a lluvias intensas y monzones. El gen fue identificado en variedades de arroz tradicionalmente cultivadas en áreas propensas a inundaciones, y mediante técnicas de mejoramiento genético convencional asistido por marcadores moleculares se ha introducido en variedades de alto rendimiento.
“Este arroz ayuda a garantizar la seguridad alimentaria en regiones donde las inundaciones recurrentes pueden devastar los cultivos de arroz, y contribuye a la resiliencia agrícola frente a eventos climáticos extremos, cada vez más comunes debido al cambio climático”, explicó el ejecutivo.
Pero la entidad no solo ha desarrollado el arroz gracias a biotecnología y la ingeniería genética sino también variedades comerciales como maíz, soya y trigo genéticamente modificados para ser más resistentes a la sequía. “A su vez, existen varios cultivos mejorados para resistir plagas y enfermedades. Por ejemplo maíz, soja, algodón y berenjena resistente a insectos; papaya, zapallo italiano, poroto, caupí y yuca resistente a enfermedades virales. Entre muchos ejemplos en investigación y desarrollo, a través de edición genética en los últimos años se ha avanzado en lechugas capaces de germinar a 37°C y vides resistentes al hongo botrytis”, detalló Sánchez.
Por ello, enfatizó que, para maximizar los beneficios de la ingeniería genética y la biotecnología en la agricultura, es crucial que en Chile se invierta en investigación y desarrollo (I+D). “Las inversiones en esta área no solo impulsan la innovación tecnológica, sino que también generan beneficios económicos y sociales a largo plazo. El desarrollo de cultivos resistentes a las inundaciones es más que una solución técnica; es una estrategia vital para asegurar la sostenibilidad alimentaria y la estabilidad económica de las regiones vulnerables”, comentó el director ejecutivo de Chilebio.

Desafíos
El desarrollo de cultivos resistentes al cambio climático presenta desafíos científico-tecnológicos, económicos, regulatorios y sociales. De acuerdo con Sánchez, primero nos encontramos en una situación de urgencia donde factores como la sequía, calor, salinidad, frío, inundaciones y enfermedades se han exacerbado producto del cambio climático. “Desde el punto de vista tecnológico, es fundamental la identificación de los genes responsables de ciertas características de interés. Esto se complementa con la necesidad de inversión significativa, pública y privada, en investigación y desarrollo”, añadió.
Las aprobaciones regulatorias para nuevos cultivos biotecnológicos puede ser un proceso largo y costoso, con diferentes normativas en cada país. “Aquí la voluntad política es crucial para avanzar con decisión y de manera estratégica hacia una agricultura más sostenible donde la ingeniería genética y la biotecnología sean pilares fundamentales. Todo esto, a su vez, impactaría positivamente en otro gran desafío como es la aceptación pública de estas tecnologías. Por lo tanto, abordar estos desafíos requiere una colaboración multidisciplinaria entre científicos, gobiernos, empresas, y la sociedad civil para desarrollar soluciones sostenibles que puedan mitigar los efectos del cambio climático en la agricultura”, concluyó.