Rafael Rodríguez: “La uva de mesa no es una fruta para aficionados, es para especialistas”

Se acerca una temporada en que el desafío pasa por cuestionarse la productividad, ya que sabemos que la calidad y la condición son la base. Así lo asegura Rafael Rodríguez, presidente de Uvanova, quien analiza las condiciones de Chile.
Agosto 25, 2025

Cada temporada en los distintos frutales tiene sus particularidades, las que son necesarias analizar de cara a la siguiente campaña. En el caso de la uva de mesa, se deja atrás un año donde las producciones estuvieron sólidas en cantidad y calidad, pero concentraciones de fruta en ciertos momentos pusieron presión en algunos mercados.

Rafael Rodríguez

Específicamente en Estados Unidos, durante enero hubo un fuerte cruce de oferta de las uvas de Chile con los envíos del sur de Perú, lo que generó un shock de oferta que mantuvo precios bajos hasta fines de marzo. Así lo recuerda Rafael Rodríguez, presidente de Uvanova, quien añade que esta situación afectó mucho al sur de Perú y a la fruta temprana y de media estación de Chile.

Respecto de Latinoamérica, señala que es un mercado que se ha mantenido estable y cada vez más sólido. Destaca la creciente producción interna de Brasil y México. “Uno puede pensar que es negativo que tengamos más producción en estos países porque nos compiten en algún momento de la temporada, pero por otro lado, es una muy buena noticia. De la mano de nuevas variedades, de una mejor producción y calidad de estos dos países, hay un impulso a un mayor consumo. Es un mercado importante, entre los dos forman un Estados Unidos en cantidad de gente”, comenta y agrega que con ellos también se pueden desarrollar los envíos con Systems Approach.

Por su parte, Europa se comportó sólidamente, la oferta de España e Italia había terminado temprano y la India envió menos fruta, lo que permitió cerrar la temporada “bastante bien”.

En relación con Chile, asegura que aún se encuentra en un periodo de ajuste de su oferta. Se ha avanzado a paso firme y ya el 80% de las variedades Seedless que se producen aquí son licenciadas, con muy buenos atributos de calibre, de sabor y con buenos niveles de productividad. Por otra parte, las variedades tradicionales Seedless y algunas licenciadas también, que no han tenido buen performance productivo o comercial, van consistentemente de salida.

La uva de mesa chilena está inserta entonces en un contexto de preocupación que llama a repensar las distintas aristas de la producción y la industria.

¿Coinciden con esta postura desde Uvanova?

Por supuesto. Tenemos claridad de que todos los mercados mencionados anteriormente, a los que se suma China —que ha tenido precios a la baja para la oferta de Chile y Perú—, tienen acceso a fruta de algún país proveedor las 52 semanas del año y debemos tener calidad, condición y una productividad que nos permita ser competitivos.

Antes teníamos una ventana en que, incluso con bajas producciones, digamos unas 2.000 cajas por hectárea, igual se obtenían retornos que permitían un buen margen. Eso ya no existe para Chile y tampoco para Perú, ni Murcia en España, ni California. Hoy es un desde, lo básico es tener una fruta que compita bien, que llegue al mercado en buenas condiciones, que sea de buen comer, de buen aspecto y calibres y que produzca un volumen suficiente por hectárea para tener un buen margen.

Ahí hay ciertas variedades que están mostrando una ventaja arrolladora respecto a otras. Por ejemplo, en blancas hay cuatro o cinco que destacan, mientras que en rojas son tres que clasificaría de notables. Las negras son un nicho muy pequeño y hay algunas que funcionan muy bien en determinadas zonas.

¿Siguen existiendo ventanas de buenos precios?

Nos estamos yendo a ciertas variedades que son de muy buena calidad y también con un techo productivo más alto. Antes, eso no tenía tanta relevancia porque podías estar en una semana de muy buenos precios, pero hoy en día ese periodo ya casi no existe, a menos que vivamos una catástrofe climática en alguna zona productiva importante. Esta coyuntura hace que no podamos pensar en tener una temporada que pague la otra.

Hay un nuevo escenario. No habíamos tenido la situación de poder contar con uvas en zonas tropicales y con variedades que tienen más vida útil. Hay uva las 52 semanas del año y es algo que no había pasado antes en el negocio global de este cultivo.

¿Qué medidas concretas se debieran tomar entonces?

Primero, elegir una buena variedad y después, darle todas las condiciones al proyecto para que esa fruta alcance su potencial productivo en forma consistente de un año a otro. Por ejemplo, si el productor se encuentra en una zona expuesta a lluvias, debe proteger el cultivo para darle la oportunidad de que madure de buena forma. Por el contrario, si está en un área donde no hay agua suficiente, debiera reducir la superficie a lo que le permita alcanzar altos niveles de producción en las hectáreas que pueda regar.

Hay que darle mayor importancia a aspectos que previamente no determinaban el precio de manera tan relevante. Antes había un mercado muy demandante con poca oferta, en el que la fruta llegaba y se la comían, por lo que se podía pasar con una uva con un poco menos de color o sabor o incluso con menos vida de poscosecha. Ahora se debe contar con una fruta excepcional pero que además debe estar preparada para un mercado lento, que te obliga a retenerla unas semanas.

¿Cómo se encuentra Chile en el manejo de variedades?

En cuanto al conocimiento y manejo de las variedades, hemos aprendido a manejarlas mejor. Estamos mejor preparados y sabemos cuáles son los potenciales de cada variedad y también de cada combinación de porta-injerto o ecozona.

Yo creo que los productores y sus asesores están bastante mejor capacitados, así que, se está haciendo un mejor trabajo. También hay mayor conciencia respecto de la importancia de cosechar en el momento oportuno cada variedad para no reducir su vida de poscosecha. Y también, hay más entendimiento de lo que genera un mejor trabajo en las mismas prácticas de cosecha.

Hay cosas que quizás nos funcionaban bien en las variedades tradicionales y que para las nuevas o para los niveles de carga que estamos apostando, necesitan de un trabajo más expedito y cuidadoso. Yo creo que eso también es una tarea que han entendido muchos productores y la verdad es que esta no es una fruta para aficionados, es una fruta para especialistas. Eso permite observar diferencias entre quienes son exclusivamente productores de uva de mesa. En los mismos mercados, con las mismas variedades, se habla de que existe una cultura de producción que va a marcar aún más diferencias.

¿Existen zonas en el país que ya no tengan potencial productivo?

Más que decir una zona sí o no, hay desafíos distintos en cada una de ellas.

Si hay un cruce de oferta con el sur de Perú, los que lo sufren en forma más importante son las zonas de producción temprana de la tercera y cuarta región, e incluso de las áreas tempranas de la quinta región. Son ellos los que tienen que pensar que sus rentabilidades van a estar muy amarradas a la productividad, porque no van a tener un mercado de muy altos precios.

Se trata de zonas que nacieron apostando a una ventana que era muy cómoda, con muy poco volumen, por lo que eran campos que a lo mejor no estaban programados para una alta productividad, porque les producía un atraso en la cosecha. Manejaban entonces cargas más livianas para acceder a buenas fechas. Eso ya no existe.

¿Qué puedo producir acá, en este campo, que llegue a una alta productividad y calidad?

Ese es el desafío. No solamente calidad, que es lo que han obtenido hasta ahora, sino también productividad. Puede que algunos huertos, entonces, no sean capaces de llegar a estos niveles productivos y no tengan viabilidad. Dentro de una misma zona, puede haber realidades distintas entre los productores, pero lo que sí puedo afirmar es que en la zona temprana de Copiapó, Ovalle o de Aconcagua, parrones de baja productividad y/o una calidad que no sea competitiva no son viables.

¿Qué relevancia tiene el escenario logístico en estas medidas?

Es un aspecto que se suma a estas complicaciones y cambios de escenarios. Se podría haber proyectado hace años que se iban a contar con buques más rápidos o puertos más automatizados; y no es el caso.

Hay conflictos geopolíticos que generan bloqueos y obligan a desvíos con un tránsito más lento, a lo que se suma la falta de grúas y choferes. Por ejemplo, en Chile tenemos puertos que pueden trabajar con un barco con dos o tres manos (grúas), y resulta que funcionan con una o dos por problemas de operadores.

Hoy en día, decir cuánto me voy a demorar en enviar la fruta a un mercado se transformó en algo impredecible. En los años 2000, cuando se enviaba fruta a la costa este, uno sabía que se demoraba 12 días y que eran 14 si se viajaba a la costa oeste o 22 días hasta Europa.

Entonces, este es otro factor que, además de tener una buena calidad y productividad, obliga a tener una fruta cuya condición no solo permita llegar en buenas condiciones, sino que aguante una serie de retrasos, por ejemplo, en un buque, en la descarga o en la venta, debido a un atochamiento de fruta en el mercado.

¿Cree que falta una mayor diversificación de mercados?

Si hay un país que tiene diversificada su exportación y acuerdos de libre comercio, es Chile. Yo diría que en términos de mercado, tenemos acuerdos con la mayoría; lo importante entonces es llegar bien y con buenas producciones.

Nos enfrentamos a distintos desafíos, como amortiguar el efecto de un arancel con Estados Unidos. Estamos conversando con los compradores y minoristas, pero Chile tiene que estar pensando que va a tener un porcentaje menor de precio por este arancel. Quizás sea un 10%, quizá menos si se estructura una forma de aplicarlo en Chile, pero es una piedra más en el zapato y menos retornos para el productor que, al final, paga todas las cuentas.

Los productores están siendo bastante eficientes en todas las labores de campo. Yo diría que la cosa no va por los costos, sino por la productividad. Aquí la competitividad no está en preocuparse solamente por bajar el costo, sino que está en preocuparse por tener un producto que aspire a los mejores precios que ese mercado pueda dar.