Riego: El sistema funciona…pero no está rindiendo
Por Andrés Tocornal K., Director | BaumSystem – CyG Riego SpA
En los más de diez años que llevo visitando campos en Chile, dedicados a distintos cultivos—berries, paltos, cítricos, uva de mesa, cerezas—, hay una escena que se repite con una regularidad incómoda: un encargado de riego orgulloso de su sistema, con telemetría instalada, electroválvulas nuevas y automatización funcionando. Pero cuando se piden los datos de presión, aforo y uniformidad… aparece el problema. No es que el sistema esté malo, es que nadie lo había mirado de esa forma. La inversión está hecha. El ajuste, no.
Chile tiene una de las agriculturas más tecnificadas de América Latina. La mayoría de los campos cuenta con goteo o microaspersión, electroválvulas, programadores y telemetría. La pregunta que vale la pena hacerse ya no es si la tecnología está instalada, sino si está funcionando como fue diseñada. La respuesta, con demasiada frecuencia, es que no.
“El sistema funciona no es lo mismo que el sistema está rindiendo”
Lo que aparece al analizar datos reales de campo no son fallas dramáticas ni errores gruesos. Son desviaciones silenciosas: presiones fuera de rango, emisores con caudal diferente al de diseño, sectores con uniformidades bajo el umbral mínimo aceptable. El sistema arranca, aplica agua, termina el turno. Pero lo que llega a cada planta, sector a sector, puede diferir significativamente de lo calculado.
¿Qué dice la presión de válvula?
La presión de operación es el primer eslabón de la cadena hidráulica. Si un sector opera fuera del rango para el que fue diseñado —por exceso o por déficit— el emisor no entrega su caudal nominal. Es física básica, pero con consecuencias productivas concretas.
Al analizar los datos de presión de válvula de los últimos meses en los campos monitoreados, el resultado es contundente. Lo que este número evidencia es que más de la mitad de los sectores opera a una presión diferente a la de diseño. Eso no significa necesariamente riego irregular entre plantas —esa es la función del CU—, sino que el sistema entrega un caudal distinto al nominal: todos los goteros del sector pueden estar igualmente mal de forma pareja. Presión incorrecta y baja uniformidad son dos problemas distintos: el primero afecta cuánto sale, el segundo si sale igual en todas partes. Ambos impactan la productividad pero por vías diferentes, y por eso el diagnóstico completo exige medir los tres indicadores.

El aforo: la verdad del emisor en campo
Si la presión describe el estado hidráulico del sector, el aforo del emisor dice qué ocurre en el suelo, es decir, cuántos litros por hora entrega realmente cada gotero frente al caudal nominal de diseño. Requiere pocos medios —un vaso graduado, un cronómetro, el sector en funcionamiento— pero casi nadie lo hace con regularidad. Y cuando se hace, lo que aparece suele sorprender. Al revisar los últimos aforos sobre más de 3.500 sectores, pude observar lo siguiente:
- 45,4% de los sectores presenta aforos fuera del rango óptimo definido para ese cultivo y diseño.
- 1.193 sectores muestran caudal sobre el máximo esperado: emisores gastados, sin regulación de presión adecuada, o tapones defectuosos.
- 422 sectores presentan caudal bajo el mínimo: emisores obstruidos, presiones insuficientes o taponamiento parcial acumulado.
Un gotero que debería entregar 2,0 l/h y entrega 1,4 l/h no es un problema visible. El sistema riega, el programador ejecuta el turno, el operador reporta que todo funcionó. Pero la planta recibió un 30% menos de agua, turno tras turno, durante toda la temporada.
El escenario inverso también ocurre: emisores entregando 2,8 l/h cuando el diseño dice 2,0 l/h. En suelos con poca retención, eso se traduce en percolación, pérdida de fertilizante y sobrecarga del sistema.
“Un emisor desviado no se nota. El sistema riega igual, pero la planta recibe otra cosa”
Uniformidad: el indicador que lo integra todo
El Coeficiente de Uniformidad (CU) sintetiza la calidad real del riego. No mide cuánta agua sale del cabezal, sino cuán pareja es la entrega entre todas las plantas del sector. Un sistema puede entregar el volumen correcto en promedio y aun así tener mala uniformidad: mientras unas plantas reciben más de lo necesario, otras reciben menos, y la planta más débil del cuartel define el rendimiento potencial de ese sector.

El CU promedio de 91,6% parece satisfactorio, y en términos agregados lo es. Pero el promedio esconde la distribución: 222 sectores operan bajo el 80%, incluyendo 114 en zona deficiente. En producción de exportación, donde la homogeneidad del fruto determina el precio, un CU bajo 80% en un cuartel es una señal de alarma concreta. Y en la mayoría de los casos nadie sabía que estaban así.

El dolor real: la brecha entre diseño y operación
Hay una escena que se repite en las visitas técnicas. El instalador aparece con los planos originales. En papel todo está calculado: presiones de diseño, caudales nominales, distribución hidráulica. Es un buen diseño que funcionó cuando se instaló. Pero en cuatro años los emisores envejecieron, los filtros no siempre se limpian con la frecuencia recomendada, el cultivo creció y se agregaron sectores. Y nadie volvió a medir.
No es negligencia. Es que nadie estableció un protocolo de seguimiento. La instalación se entregó, el sistema arrancó y la responsabilidad de que siguiera funcionando bien quedó en el limbo entre el instalador y el agricultor.
El encargado de riego opera infraestructura de alto valor con decisiones que afectan directamente la productividad del campo. Sabe cuándo abrir y cerrar válvulas y cuántas horas riega cada sector. Pero no siempre conoce si la presión es la correcta ni si el aforo está dentro del rango esperado. No es falta de capacidad: es falta de información sistemática. Como decía Lord Kelvin, lo que no se mide no se puede mejorar, y el riego no es la excepción.
El camino de mejora: tres acciones concretas
La buena noticia es que ninguno de estos problemas requiere reemplazar infraestructura, sino que la solución está en la gestión. Las tres acciones con mayor impacto son:
- Aforo periódico de emisores. Una vez por temporada, medir el caudal real de una muestra representativa por sector. Un vaso graduado y un cronómetro bastan. Si el desvío frente al nominal supera el 10%, hay que investigar la causa.
- Regulación hidráulica de válvulas. Verificar que cada sector opere dentro del rango de presión para el que fue diseñado. Implica medición en campo con manómetro y ajuste de las válvulas reguladoras cuando existen. Esta acción sola puede reducir el consumo energético y mejorar la uniformidad simultáneamente.
- Evaluación de uniformidad con protocolos estandarizados. Medir el CU real de los sectores más críticos al inicio de la temporada, identificar los cuarteles bajo 80% y establecer un plan de mejora. Una mala uniformidad tiene solución técnica; lo que no tiene solución es no saber que existe.
Estos puntos no reemplazan la telemetría ni la automatización, sino que las complementan. Los sensores dicen cuánto tiempo riega y qué presión hay en la cabecera. El aforo y el CU dicen qué está pasando en el suelo, planta a planta.
El cambio cultural que se necesita
Lo que los datos muestran es que el riego en Chile está llegando a una nueva etapa. La inversión en infraestructura ya está hecha; la siguiente frontera no es instalar más tecnología, sino gestionar mejor la que ya existe. Eso implica pasar de entender el riego como una operación automática a entenderlo como una gestión continua: con datos como herramientas de decisión, protocolos de verificación en el calendario de trabajo y el encargado de riego con respaldo técnico real.
Los campos que ya están en ese camino no hacen algo extraordinario, están siendo metódicos. Y los resultados —menor variabilidad en el cultivo, mejor eficiencia hídrica, menor consumo energético— son consistentes con esa metodología. El sistema puede funcionar mejor. Los datos ya dicen dónde están los ajustes.
Nota metodológica: Los datos de presión, aforo y uniformidad corresponden a mediciones reales registradas en la plataforma BaumSystem durante los últimos 6 meses, sobre un universo de 45 clientes y 165 campos agrícolas en Chile y México. Los valores de rango óptimo corresponden a los parámetros configurados por sector según su diseño hidráulico específico.