SAG descarta que las recientes lluvias aumenten automáticamente la mosca de la fruta en Coquimbo y refuerza la vigilancia fitosanitaria
Las intensas precipitaciones registradas a mediados de julio en la Región de Coquimbo generaron inquietud entre los productores agrícolas de las zonas bajo control sanitario. Ante esta preocupación, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) descartó que el frente de lluvia provoque por sí solo un aumento en las poblaciones de la mosca del Mediterráneo (Ceratitis capitata), una de las principales amenazas para el patrimonio fitosanitario y la agroexportación del país.
El director regional del SAG en Coquimbo, Luis Alfonso Morales, explicó que desde el punto de vista biológico no es posible atribuir al evento meteorológico un efecto único o directo sobre el insecto. De acuerdo con la autoridad, el impacto real de las precipitaciones debe evaluarse técnicamente mediante el monitoreo continuo, la revisión de trampas y el muestreo sistemático de fruta en terreno.
Temperatura y fruta caída: Los verdaderos factores determinantes
Desde el SAG precisaron que la acumulación de humedad no determina automáticamente una proliferación del insecto, dado que los huevos y las larvas se desarrollan en el interior de la pulpa de la fruta, donde encuentran un microclima estable frente a las condiciones exteriores.
Durante la temporada invernal, las bajas temperaturas ralentizan el ciclo reproductivo de la plaga. Sin embargo, un eventual incremento térmico posterior podría acelerar el desarrollo de las larvas si existe fruta susceptible disponible.
Cuando la fruta infestada cae o permanece sin cosechar en los árboles, las larvas completan su alimentación, salen del fruto y se entierran en el suelo para transformarse en pupas, desde donde posteriormente emergen los ejemplares adultos. Por este motivo, el organismo enfatizó que el retiro, recolección y destrucción oportuna de la fruta caída o dañada resulta determinante para eliminar reservorios de la plaga.
Zonas reglamentadas y exigencias para la comunidad
Al 31 de julio de 2026, el SAG mantiene áreas bajo regulación cuarentenaria y campañas de erradicación en diversos sectores de la Región de Coquimbo, incluyendo puntos de Ovalle, Bosque San Carlos, Cerrillos de La Serena, El Peñón, Carén, La Serena-Vegas Sur, Las Mollacas y Las Higueras de Rapel (Monte Patria).
En el caso de Ovalle, rige un área reglamentada de 7,2 kilómetros y un radio extendido de 27,2 kilómetros asociado a las exigencias del protocolo para el mercado chino, abarcarcando sectores de Monte Patria, Combarbalá, Punitaqui, Ovalle, Río Hurtado, Coquimbo y Andacollo.
Para evitar la dispersión del insecto hacia zonas limpias, la autoridad fitosanitaria recordó las siguientes medidas obligatorias:
- Prohibición de traslado: No mover fruta hospedante fuera de los perímetros de control reglamentados sin autorización expresa del SAG, ni regalarla o comercializarla.
- Manejo de remanentes: Recolectar la fruta caída o dañada siguiendo las instrucciones técnicas de las cuadrillas del Servicio.
- Facilitar labores de inspección: Permitir el ingreso de funcionarios identificados para realizar muestreos, instalar o revisar trampas, ejecutar descargas de fruta y aplicar tratamientos en árboles o suelos.
Chile mantiene su estatus libre y activa cobertura de Agroseguros
Chile permanece desde 1995 como país libre de la mosca de la fruta de importancia económica, siendo el único territorio en América que conserva esta condición sanitaria. La presencia de brotes esporádicos localizados —vinculados mayoritariamente al ingreso ilegal y no declarado de productos vegetales en fronteras— no implica la pérdida de este estatus internacional.
Para mitigar el impacto económico en los agricultores afectados por las labores de erradicación, el Ministerio de Agricultura, a través de Agroseguros, mantiene renovado el seguro colectivo catastrófico para explotaciones de hasta 50 hectáreas que cultiven especies hospedantes.
Esta póliza opera cuando el SAG ordena oficialmente la descarga y destrucción de fruta en predios ubicados a menos de 200 metros de un foco detectado. La cobertura entrega una indemnización de $800 CLP por kilo descargado, con un límite de 10.000 kilos por hectárea (máximo una hectárea por beneficiario) y para volúmenes superiores a los 200 kilos destruidos.
La continuidad de las acciones de monitoreo, la rigurosidad en las descargas y el compromiso de productores y residentes para no trasladar fruta resultan claves para erradicar los focos activos y resguardar la competitividad exportadora del sector frutícola nacional.