Semillas chilenas: una industria que busca renovar sus ventajas
Eduardo de la Sotta, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Semillas (ANPROS), analiza el presente de una industria que se vuelve más diversa y especializada. En esta entrevista, repasa las ventajas construidas por Chile, el creciente peso de las semillas hortícolas y las condiciones necesarias para fortalecer la innovación, la investigación y la competitividad del país.
Una industria en transformación
¿Cómo describiría el momento que atraviesa actualmente la industria semillera chilena?
La industria semillera chilena está viviendo una etapa de cambios importantes. Ya no basta con mirar si aumentan o disminuyen las hectáreas; hoy también importa qué estamos produciendo, con qué nivel de especialización y qué capacidades necesita el país para responder a las nuevas exigencias.
La producción es cada vez más diversa. Hay una mayor presencia de semillas de hortalizas, que hoy representan el 63% de las exportaciones de semillas de Chile, programas de mejoramiento y producciones de mayor complejidad técnica, que demandan un manejo riguroso y altos estándares de calidad.
Al mismo tiempo, debemos adaptarnos a una realidad más compleja: menor disponibilidad de agua, mayor variabilidad climática, dificultades para contar con mano de obra, un entorno geopolítico internacional incierto, que ha afectado, entre otros aspectos, la logística, y una competencia internacional que también está avanzando. Chile tiene experiencia y capacidades para enfrentar este escenario, pero necesita acelerar la innovación, la formación de personas, la inversión en infraestructura y la actualización de sus regulaciones.
¿Qué lugar ocupa hoy Chile en el mercado internacional de semillas y cuáles continúan siendo sus principales ventajas competitivas?
Chile es el primer exportador de semillas del hemisferio sur, el quinto exportador mundial de semillas de hortalizas y el décimo exportador de semillas a nivel mundial. Es una posición muy significativa para un país de nuestro tamaño y es el resultado de décadas de trabajo.
En 2025, las exportaciones chilenas de semillas alcanzaron US$382,3 millones. De ese total, las semillas de hortalizas representaron US$242,3 millones, equivalentes al 63% del valor exportado, mientras que el maíz alcanzó US$70,7 millones y representó un 18%. Esto muestra con bastante claridad el peso que hoy tienen las producciones hortícolas dentro de nuestra industria.
Nuestra principal fortaleza es la confianza que Chile ha construido. Somos reconocidos por producir semillas de calidad, cumplir los compromisos y trabajar bajo altos estándares técnicos, fitosanitarios y de trazabilidad.
A esto se suma nuestra ubicación en el hemisferio sur, que permite producir en contraestación respecto de los principales mercados del hemisferio norte; la diversidad de condiciones productivas; nuestras condiciones fitosanitarias y, sobre todo, la experiencia de los profesionales. Hay, además, herramientas desarrolladas por la propia industria que marcan una diferencia. Un ejemplo concreto es el Sistema de Información Geográfica y Aislaciones de ANPROS, que existe desde hace 27 años y se ha ido perfeccionando cada año. Mediante este sistema se georreferencian los semilleros y se identifican posibles interferencias entre producciones sexualmente compatibles. Es un sistema de autorregulación, respetado y reconocido a nivel mundial, que permite proteger la pureza genética y ordenar las producciones antes de sembrarlas.
Otra ventaja es el nivel de especialización de las personas que trabajan en el sector semillero, y ahí ANPROS tiene un rol muy concreto. Trabajamos permanentemente con el SAG y realizamos distintas capacitaciones, porque la condición fitosanitaria del país, los sistemas de certificación y la capacidad de responder a los requisitos de los distintos destinos son parte fundamental de lo que Chile ofrece. En ese trabajo abordamos temas fitosanitarios, materias relacionadas con el convenio de vigilancia fitosanitaria, logística y comercio internacional, propiedad intelectual, riego, entre otros.
Por otro lado, promovemos el programa de certificación de competencias laborales de ChileValora, institución tripartita (Estado, trabajadores y empresas), para reconocer el trabajo de los colaboradores, destacando su experiencia, esfuerzo y compromiso con la industria.
También estamos trabajando para avanzar en la producción sustentable. En 2026 pusimos en marcha, junto con CORFO y AIGUASOL, un Programa de Difusión Tecnológica para la adaptación al cambio climático, que incluye talleres, pilotos demostrativos y días de campo en gestión del agua, manejo del suelo y energía. Es decir, no hablamos de sustentabilidad solo como un objetivo; estamos tratando de llevar herramientas concretas a la industria.
Diversificación y producciones de mayor valor
En los últimos años, algunos segmentos tradicionales han perdido superficie. ¿Cómo está cambiando la composición de la producción semillera del país?
La producción semillera chilena se está volviendo más diversa. Algunos segmentos tradicionales han reducido su superficie, mientras las semillas de hortalizas y producciones de mayor complejidad técnica, como multiplicaciones vinculadas a programas de mejoramiento, producción de líneas parentales y desarrollo de nuevas variedades, han adquirido mayor relevancia.
Las cifras de los últimos años muestran claramente ese cambio. En 2025 las semillas de hortalizas concentraron el 63% del valor total exportado por el sector, con US$242,3 millones, y aumentaron un 13% en valor respecto de 2024. El maíz, que durante muchos años tuvo un peso predominante dentro de nuestras exportaciones, representó el 18%, con US$70,7 millones.
Esto también cambia la manera en que debemos analizar la industria. Una menor superficie no necesariamente significa una caída equivalente en la actividad o en las capacidades del sector. Hay producciones que utilizan menos hectáreas, pero que requieren más manejo técnico, mano de obra especializada, tecnología de punta, controles de calidad, coordinación, trazabilidad e infraestructura.
Por eso, hoy no solo debemos preguntarnos cuántas hectáreas se producen, sino también qué estamos produciendo, qué nivel de complejidad tienen esos proyectos y qué capacidades estamos desarrollando para mantenernos vigentes en los próximos años.
¿Qué oportunidades ofrece la diversificación hacia semillas hortícolas, producciones de mayor complejidad técnica y segmentos de mayor valor?
La diversificación permite aprovechar mejor las capacidades de las distintas zonas productivas y disminuir la dependencia de unas pocas especies. También abre oportunidades para trabajar en programas de mejoramiento, multiplicaciones complejas y producciones que requieren un manejo agronómico muy preciso.
En semillas de hortalizas y producciones de mayor complejidad técnica, Chile puede diferenciarse por la calidad del trabajo, la pureza genética, la trazabilidad y la capacidad de cumplir protocolos exigentes. Pero esta transición no ocurre de manera automática. No se trata simplemente de sustituir un cultivo por otro. Estas producciones necesitan profesionales con experiencia, personal capacitado, sistemas de aislación, información geográfica, infraestructura adecuada y una coordinación técnica muy rigurosa.
Muchas de estas capacidades ya existen en Chile y forman parte de las ventajas que el país ha construido durante años en la producción de semillas. El desafío es aprovecharlas mejor, seguir fortaleciéndolas y adaptarlas a las nuevas exigencias de la industria.
A esto se suma la presencia internacional que las empresas semilleras chilenas han construido durante años, participando activamente en los principales encuentros de la industria y generando contactos comerciales que abren nuevas oportunidades. ANPROS ha acompañado este proceso, fortaleciendo el posicionamiento y liderazgo internacional de la industria semillera chilena, con el importante apoyo de ProChile, que ha permitido facilitar la participación de las empresas en muchas de estas instancias.
Agua, clima y capital humano
¿Cuánto están afectando la escasez hídrica y las nuevas condiciones climáticas a las zonas tradicionales de producción?
El impacto es cada vez más evidente. Ya no hablamos solamente de disponer de más o menos agua. También estamos enfrentando cambios en las temperaturas, en las precipitaciones, en la ocurrencia de heladas y en la frecuencia de eventos climáticos extremos. Una consecuencia que ya estamos observando es el desplazamiento de parte de las producciones semilleras hacia zonas más al sur del país, buscando condiciones agroclimáticas más adecuadas.
Todo esto influye en las fechas de siembra, la duración de los ciclos, las necesidades de riego y la elección de las zonas donde instalar una producción. En semillas, el efecto puede ser especialmente sensible, porque no solo buscamos rendimiento. También debemos cuidar la pureza genética, la sanidad y la calidad final de la semilla.
En este contexto, ANPROS tiene implementadas en su plataforma herramientas que permiten incorporar información real y oportuna a la gestión de los semilleros. A través del Sistema de Aislaciones y su integración con la red de estaciones meteorológicas, las empresas pueden monitorear variables agroclimáticas, optimizar el riego y anticipar riesgos como las heladas. A esto se suman distintas capacitaciones realizadas en el marco de la tecnificación del riego para entregar mayor información a las empresas.
También debemos seguir avanzando en variedades mejor adaptadas a condiciones de sequía, calor, salinidad y otros tipos de estrés. La seguridad hídrica y la adaptación al cambio climático dejaron de ser problemas de una temporada; hoy son temas estratégicos para la producción de semillas y para la capacidad de Chile de mantener su competitividad en el largo plazo.
La disponibilidad y el costo de la mano de obra aparecen como una preocupación creciente. ¿Qué impacto tienen sobre la competitividad y qué alternativas se están explorando?
Sí, y hoy se nota mucho más que hace algunos años. En semillas hay trabajos que tienen que hacerse en momentos muy precisos y, en varios casos, necesitamos personas capacitadas, con experiencia y que conozcan bien el proceso. Si un trabajo se atrasa o no se hace en el momento oportuno, puede afectar la calidad e incluso comprometer una producción completa. Por eso, la preocupación no pasa solo por el costo, sino también por contar con esas personas cuando realmente se necesitan.
Ahí hay una tarea importante para las empresas: cuidar a sus colaboradores, capacitarlos, ofrecer buenas condiciones laborales y generar incentivos para que quieran seguir trabajando en la industria. La experiencia que una persona va adquiriendo temporada tras temporada tiene mucho valor y es algo que tenemos que cuidar.
Por otra parte, también está el desafío de contar con suficiente mano de obra para determinados trabajos y momentos de la temporada. En ese ámbito, el tema migratorio es relevante, y la SNA ha estado trabajando para impulsar mecanismos que permitan responder de mejor manera a estas necesidades del sector agrícola.
También hay procesos donde la tecnología está ayudando. En algunas plantas ya se han incorporado sistemas automatizados y nuevas tecnologías para selección, procesamiento y control de calidad, que permiten hacer ciertas tareas con mayor precisión y reducir parte del trabajo manual. Seguramente vamos a seguir avanzando en mecanización y automatización donde tenga sentido hacerlo.
Pero las personas van a seguir siendo fundamentales. La tecnología tiene que ayudarnos a hacer mejor el trabajo, no reemplazar el conocimiento y la experiencia que requiere producir semillas.

Reglas modernas para innovar y comerciar
¿Cuáles son las principales actualizaciones regulatorias que necesita el sector para acompañar la innovación y facilitar el comercio internacional?
Chile necesita avanzar en varios frentes. Uno de ellos es modernizar la legislación de propiedad intelectual vegetal. Nuestro país continúa adherido al Acta de 1978 del Convenio UPOV y requiere una normativa que responda a los estándares actuales de protección de nuevas variedades, considerando adecuadamente las distintas realidades de la agricultura nacional, sobre todo porque Chile mantiene incumplimientos en materia de propiedad intelectual vegetal respecto de compromisos asumidos en varios acuerdos internacionales que ha suscrito, lo que hace aún más necesario avanzar en la actualización de este marco normativo.
También necesitamos dar un marco normativo claro y estable para las nuevas técnicas de mejoramiento. El procedimiento de consulta y evaluación caso a caso que aplica el SAG ha permitido determinar si un desarrollo debe considerarse convencional o quedar sujeto a la normativa aplicable a los organismos genéticamente modificados. Actualmente estamos a la espera de la resolución que el SAG sometió a consulta pública sobre esta materia. Una vez que este procedimiento quede formalmente establecido, entregará mayor certeza jurídica, transparencia y continuidad a quienes desarrollan y utilizan estas tecnologías.
Un tercer ámbito es la modernización de los procesos fitosanitarios, de certificación y de movimiento internacional de semillas. ANPROS ha tenido un rol activo en este proceso, manteniendo un trabajo permanente con el SAG para abordar las distintas materias y avanzar conjuntamente en su modernización. La digitalización, la certificación electrónica, la armonización de requisitos y herramientas como el Systems Approach pueden hacer más eficientes los procesos sin reducir los niveles de protección.
En esa línea, la industria semillera está trabajando en Systems Approach para semillas, junto con autoridades fitosanitarias y organismos internacionales, buscando avanzar hacia esquemas que reconozcan un conjunto de medidas aplicadas durante todo el proceso productivo, y no solamente controles en el punto final. Es un trabajo muy relevante para lograr un movimiento internacional de semillas más eficiente, manteniendo altos estándares fitosanitarios.
ANPROS mantiene un contacto cercano y permanente con el SAG, y trabajamos conjuntamente en estas materias, recogiendo también la experiencia de nuestras empresas socias a través de los distintos comités técnicos y de los grupos internacionales donde participan las Organizaciones Nacionales de Protección Fitosanitaria, como el propio SAG, para intercambiar experiencias y avanzar en soluciones comunes.
Lo que necesitamos es una regulación moderna, clara y predecible, que resguarde la sanidad y la calidad, pero que al mismo tiempo permita innovar y responder con agilidad a los cambios de la industria mundial.
El salto hacia la investigación y el desarrollo
Chile tiene una posición reconocida en la producción de semillas. ¿Puede dar el siguiente paso y convertirse también en un centro mundial de investigación y desarrollo?
Sí, claro. Chile ya tiene una industria semillera con mucha experiencia y reconocimiento internacional, y podemos aspirar a que una parte cada vez mayor de la investigación y el desarrollo también se haga aquí.
Ya hay avances. En 2025, las actividades de I+D representaron un 5% del valor de las exportaciones del sector semillero chileno, y varias empresas realizan en el país programas de mejoramiento, ensayos, evaluación de materiales y desarrollo de nuevas variedades. Es una base real que podemos seguir fortaleciendo. Y esto es especialmente importante porque hoy buena parte de nuestra agricultura está enfrentando dificultades, con cultivos que tienen problemas de mercado y necesitan nuevas alternativas. En ese contexto, la producción de semillas, y particularmente la I+D, puede abrir una opción concreta de reconversión, que ya existe en Chile, tiene espacio para crecer y puede transformarse en una respuesta real para muchas zonas agrícolas del país.
Las nuevas técnicas de mejoramiento, como la edición génica, también abren muchas posibilidades para acelerar el desarrollo de nuevas variedades y hacer más eficiente y preciso el proceso de mejoramiento.
Este año organizamos junto al CBT de SOFOFA Hub un seminario sobre edición génica, donde quedó muy claro que existe interés tanto del sector privado como de las autoridades por avanzar en esta materia. El propio subsecretario de Agricultura, Francesco Venezian, planteó la importancia de que el Estado facilite estos procesos y entregue reglas claras, trazables y basadas en evidencia científica. Ese es justamente el tipo de condiciones que necesitamos para que más investigación y nuevos desarrollos puedan realizarse en Chile.
Tenemos empresas, universidades, centros de investigación y profesionales con muy buenas capacidades. Hay que conectarlos mejor y generar las condiciones para que exista un mayor incentivo a desarrollar nuevas variedades, fortalecer el fitomejoramiento y hacer más investigación en Chile.
Nosotros podemos y debemos ayudar a generar esos vínculos, acercar a la industria los avances que se están dando afuera y mantener una participación activa en los grupos internacionales donde se discuten estos temas.
Me gustaría que en algunos años, cuando se hable de Chile en semillas, no se piense solamente en un país que produce muy bien, sino también en un país donde se investiga, se desarrollan nuevas variedades y se generan soluciones para la agricultura.
Anticiparse para seguir compitiendo
¿Qué debería hacer Chile durante los próximos años para conservar y fortalecer su posición como proveedor mundial de semillas?
Chile no puede limitarse a defender la posición que ya tiene. Debe adelantarse a sus competidores, anticipar los cambios de la industria y generar las condiciones para que nuevas inversiones y programas de producción e investigación sigan eligiendo a Chile. Para avanzar en esa dirección, la articulación público-privada es clave: necesitamos una coordinación estrecha entre la industria y las autoridades, con reglas claras, regulaciones basadas en ciencia y una mirada común que favorezca el desarrollo y la proyección de la actividad semillera en Chile.
Eso exige entregar certeza jurídica y regulatoria, con marcos estables para la inversión, la investigación, la innovación y la producción. En una industria global, las decisiones se toman comparando países, y la falta de definiciones o los procesos demasiado lentos pueden hacernos perder oportunidades frente a países que avanzan con mayor rapidez.
Y para anticiparse hay que estar donde se están discutiendo esos cambios. ANPROS y sus empresas socias participan regularmente en los principales encuentros internacionales de la industria, entre ellos el Congreso Mundial de Semillas de ISF, el Congreso de Semillas de las Américas, el Asian Seed Congress de APSA, Euroseeds y encuentros de ASTA. En 2025, por ejemplo, Chile tuvo una activa presencia en estas instancias, con delegaciones integradas por ANPROS y empresas socias, fortaleciendo vínculos, compartiendo experiencias y siguiendo de cerca las principales tendencias y desafíos de la industria a nivel mundial.
Pero lo más importante es que esa presencia no se limita a asistir a congresos. ANPROS y profesionales de empresas chilenas participan en grupos de trabajo internacionales donde se discuten temas como biotecnología y nuevas técnicas de mejoramiento, propiedad intelectual, producción, fitosanidad y comunicaciones, entre otros asuntos técnicos y estratégicos. Esa participación permite conocer antes hacia dónde se están moviendo los estándares, aportar la experiencia chilena y traer esa información a nuestros comités y empresas.
También debemos ser capaces de identificar hacia dónde se mueve la demanda mundial y preparar con anticipación las capacidades que serán necesarias. La posición de Chile no se mantendrá por inercia ni únicamente por lo que hemos construido hasta ahora. Se fortalecerá si logramos responder antes, adaptarnos mejor y ofrecer un entorno confiable para producciones cada vez más especializadas y de mayor complejidad técnica.
En ese mismo sentido, las empresas y los agricultores tenemos la obligación de trabajar de manera cada vez más eficiente y de producir más con menos. La eficiencia productiva será clave para la sostenibilidad de nuestro negocio y para desarrollarnos en un mercado cada vez más competitivo.
Si avanzamos en esa dirección, el resultado debería ser que Chile siga siendo reconocido no solo por la calidad de sus semillas, sino también por su capacidad para resolver, innovar y acompañar los cambios que está viviendo la agricultura mundial.
Una posición que debe renovarse
La industria semillera chilena enfrenta, así, el desafío de renovar las ventajas que le permitieron alcanzar una posición destacada en el mercado internacional. La calidad, la experiencia y la confianza acumuladas siguen siendo sus principales activos, pero su proyección dependerá también de la capacidad para anticipar los cambios, modernizar las reglas, incorporar tecnología y crear mejores condiciones para la investigación y las producciones de mayor complejidad.
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