Sin limitantes hídricas: El INTA prevé campañas agrícolas de alto potencial en Argentina por “El Niño”

Especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) destacan que la mayor disponibilidad de agua permite proyectar campañas con rindes máximos, potenciar la ganadería y recuperar napas. El fenómeno climático mantendría su desarrollo hasta fines del verano de 2027.
Julio 13, 2026

El desarrollo del fenómeno climático El Niño vuelve a poner la gestión del agua en el centro de la estrategia productiva argentina. A diferencia de los ciclos restrictivos que caracterizan a las sequías, este escenario ofrece proyecciones sumamente favorables para las principales regiones agrícolas y ganaderas de la Argentina, registrando lluvias normales o por encima de los promedios históricos durante las etapas críticas de definición de los cultivos.

De acuerdo con Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, los modelos actuales muestran que el evento climático se encuentra en plena evolución. “Acorde a la proyección más reciente tendría una intensidad de moderado a fuerte, y un desarrollo hasta -al menos- finales del verano de 2027”, precisó el especialista de la institución oficial.

Estrategias agronómicas inteligentes para maximizar rendimientos

Para el INTA, la confirmación anticipada de un año Niño representa una ventaja competitiva que los productores deben aprovechar mediante la toma de decisiones climáticamente inteligentes. Al no registrarse limitaciones hídricas severas en los suelos de la región pampeana y el norte del país, se abre la oportunidad para ensayar planteos tecnológicos de alta producción y mayor densidad:

  • Sistemas de doble cultivo: Optimización del uso de agua mediante rotaciones intensivas (por ejemplo, trigo/soja o maíz de segunda).
  • Cultivos de cobertura y fertilización: Al haber humedad asegurada, las plantas logran asimilar de forma eficiente los nutrientes aplicados, expresando el máximo potencial genético de las gramíneas.
  • Siembras tempranas: Ajuste de las fechas de siembra para aprovechar las ventanas óptimas de desarrollo.

“En general, los años Niño o las campañas durante un año Niño y las campañas post Niño son campañas con alta producción a nivel país o a nivel de importantes regiones productivas de la Argentina”, detalló Mercuri.

Sin embargo, el organismo técnico advirtió que el impacto de lluvias intensas en períodos cortos obliga a extremar las prácticas de conservación de suelos. El INTA recomienda la utilización de terrazas, curvas de nivel y métodos de sistematización de lotes con pendiente para mitigar los riesgos de erosión hídrica. Asimismo, se prevé el monitoreo de zonas bajas y cuencas ribereñas (ríos Paraná y Uruguay) ante eventuales anegamientos por crecidas.

Impacto ganadero y recuperación de reservorios

En los esquemas ganaderos, los beneficios de El Niño impactan directamente en la oferta forrajera. La constante disponibilidad de agua evita los baches productivos del verano, generando un volumen masivo de pasturas y pastizales que aporta estabilidad a los rodeos.

Además del impacto agropecuario directo, las lluvias asociadas a este ciclo climático representan un alivio estructural para reservorios, bebederos y napas en aquellos territorios argentinos que arrastran déficits hídricos crónicos, mejorando el abastecimiento de agua tanto para la hacienda como para las poblaciones rurales.

La realidad variable de la Norpatagonia

El informe del INTA aclara que los efectos de El Niño no son uniformes en toda la geografía argentina. En los ambientes áridos y semiáridos del norte de la Patagonia, la influencia del fenómeno es más compleja y depende de variables locales.

Cristian Musi Saluj, técnico del INTA Valle Inferior, señaló que en las áreas bajo riego de la región la clave no reside en las lluvias locales, sino en la acumulación de nieve en las altas cuencas cordilleranas y el posterior caudal de los embalses. En tanto, para la ganadería de secano patagónica, más que el volumen total de agua, lo determinante será la distribución temporal de las precipitaciones y su interacción con factores como el estrés térmico animal y la aparición de plagas.

“El desafío consiste en comprender cómo responderán los sistemas productivos frente a escenarios crecientemente variables”, concluyó el técnico rionegrino.

Fuente: INTA