Sustentabilidad en protección vegetal: integración entre el manejo de plagas y tecnologías de aplicación

Cuando ambas medidas se articulan correctamente, los resultados son medibles. Entre las claves destacan el tomar decisiones basadas en datos y rotar los modos de acción de los plaguicidas.
Abril 17, 2026
Por: Natalia Olivares, entomóloga, Biopestagro. Alfredo Hadad, Ingeniero Civil Informático, IMPAC. José Montenegro, Técnico de campo, Biopestagro

Un aspecto fundamental de la sostenibilidad en la protección vegetal es equilibrar la eficacia en el control de plagas, la viabilidad económica y el impacto mínimo sobre las personas, la biodiversidad, el agua y el suelo. Cuando se articulan correctamente el manejo integrado de plagas (MIP) y la tecnología de aplicación, los resultados son medibles. La recopilación de antecedentes demuestra que es posible reducir en un 37.5% el volumen de aplicación y disminuir las horas por hectárea (h/ha) en un 45,5%. La clave está en tomar decisiones basadas en datos, mediante monitoreo y modelos; rotar los modos de acción de los plaguicidas; ajustar los equipos según el cultivo y su fenología; y registrar la trazabilidad de cada decisión y operación.

Desde la perspectiva del manejo de plagas, medir la sustentabilidad claramente implica abandonar los calendarios fijos y adoptar umbrales de acción según la realidad de cada huerto, utilizando como base la estacionalidad de las plagas, lo que implica un monitoreo sistemático de ellas y de los enemigos naturales (EN), además del cumplimiento de los Límites Máximos de Residuos (LMR) para los diferentes mercados de destino. Por su parte, la tecnología de aplicación aporta métricas de cobertura homogénea verificadas con papel hidrosensible, reducción de deriva, eficiencia de recursos (volumen y combustible por hectárea, horas-hombre), entre otros.

La armonía entre la eficacia (control sobre la plaga) y la conservación de EN puede manejarse en parte con plaguicidas selectivos aplicados en ventanas biológicas precisas, de acuerdo con la estacionalidad de la plaga. Sin embargo, frente a plagas cuarentenarias, donde la tolerancia es cero, la opción de manejo consiste en el uso de moléculas permitidas en cada mercado de exportación. Por su parte, la amenaza de resistencia se aborda mediante la rotación de modos de acción (clasificación IRAC) y utilizando otras prácticas, como el manejo cultural (poda, fertilizaciones), así como la incorporación de corredores biológicos que favorezcan su sobrevivencia.

¿CÓMO LOGRAR EL ÉXITO EN LA PULVERIZACIÓN?

En el proceso de pulverización, el equilibrio entre una cobertura fina y el control de la deriva se gestiona mediante el ajuste del tamaño de gota y el caudal de aire, integrando boquillas antideriva según sea necesario. Asimismo, el dilema entre reducir el volumen y asegurar la penetración se resuelve aplicando el cálculo de TRV (Tree Row Volume), basado en la arquitectura de la canopia, en lugar de utilizar volúmenes fijos por hectárea.

Se debe considerar que el cambio climático está modificando la dinámica de las plagas y, por ende, las condiciones de aplicación. Asimismo, la prohibición de moléculas para el control de plagas, ha generado el aumento de poblaciones de plagas antes clasificadas como secundarias. En el contexto de la pulverización, aumentan los días con riesgo de deriva por viento, lo que obliga a privilegiar ventanas horarias seguras (temprano o al atardecer), instalar estaciones meteorológicas en el predio y avanzar hacia aplicaciones dirigidas o zonificadas.

Las barreras de adopción más frecuentes —costos iniciales, complejidad técnica, pulverizaciones calendarizadas y falta de tiempo para monitoreo— debieran manejarse con acciones concretas. En el manejo de plagas, los equipos de monitoreo deben estar altamente calificados, esto conlleva capacitación en el tiempo de los cuadros técnicos, uso de cuadernos de campo (actualmente digitales), la definición de umbrales claros y protocolos simples. En pulverización, para lograr un éxito en su aplicación, además de calibraciones y mantenciones de equipos y uso de papel hidrosensible, se deben sumar herramientas de control en tiempo real. Los computadores de pulverización eliminan el error humano al ajustar el flujo automáticamente dentro de un rango. Asimismo, la integración de sensores inteligentes (como sensores ultrasónicos para detectar vegetal u ópticos para para malezas) permite transicionar de una aplicación uniforme a una variable, donde el equipo solo actúa donde hay presencia de objetivo, maximizando así el ahorro de producto.

El manejo de plagas aplicado se traduce en prácticas específicas: trampas y muestreos. Uso de modelos (cuando la plaga lo permite) y decisiones en el período de mayor susceptibilidad, como, por ejemplo, el control de crawlers en plagas como escamas. En plagas como Naupactus godmanni (capachito de los frutales) el manejo es mediante aplicaciones foliares para el control de adultos, o uso de barreras, complementado con aplicaciones al suelo para el control de larvas, todo esto integrado con la estacionalidad de la plaga.

FACTORES DETERMINANTES

La precisión en la pulverización es un pilar fundamental de la sustentabilidad agrícola. La verificación de cobertura mediante papeles hidrosensibles es indispensable: para insecticidas, generalmente se busca alcanzar entre 50 y 70 impactos/cm² con una variación entre 15% y 30%. El volumen de aplicación debe calcularse bajo el criterio de TRV (Tree Row Volume), ajustándose siempre a la densidad real del cultivo.

Asimismo, las condiciones ambientales son determinantes para la eficacia y el control de la deriva. Se recomienda operar con vientos de entre 3 y 8 km/h (evitando valores menores a 3 km/h por riesgo de inversión térmica o superiores a 15 km/h por deriva excesiva). Las condiciones óptimas incluyen temperaturas menores a 25 °C y humedad relativa superior al 50%, preferentemente durante las primeras horas del día o al atardecer.


La integración de sensores inteligentes permite transicionar de una aplicación uniforme a una variable, donde el equipo solo actúa donde hay presencia de objetivo, maximizando así el ahorro de producto. En la imagen, larva de Naupactus godmani.

Es importante indicar que la selección del equipo pulverizador es un factor determinante, ya que esto podría condicionar el éxito operativo. Sin una maquinaria precisa y adaptada a las necesidades específicas del cultivo, es imposible lograr una aplicación eficiente, llegando a comprometer tanto la cobertura biológica como la rentabilidad económica.

La integración entre MIP y pulverización sustentable aparece cuando las aplicaciones se programan en las oportunidades definidas con el monitoreo de las plagas y con los grados-día (dependiendo de la plaga) se seleccionan productos selectivos y se garantiza su deposición en el sitio de acción. La combinación de rotación de modos de acción con alta calidad de aplicación reduce la aparición de resistencia y, por lo mismo, la necesidad de repeticiones de pulverización. Para sostener la mejora es aconsejable un esquema de métricas que incluya por ejemplo, porcentaje de fruta dañada, ingredientes activos usados y capturas en trampas frente a una línea base, número de aplicaciones por temporada y alternancia modo de acción (IRAC), impactos por cm’ y variación de cobertura, porcentaje de pérdidas fuera de objetivo (%), consumo de recursos (litros de caldo y combustible por hectárea, horas por hectárea y costo por hectárea), además de indicadores de biodiversidad, como presencia de enemigos naturales y de polinizadores (depen-diendo del cultivo).

Hay puntos críticos que no se deben pasar por alto. La sub-dosificación promueve resistencia y fallas en el control, por lo que la precisión de aplicación es parte esencial de la sustentabilidad. También es conveniente documentar condiciones meteorológicas en cada aplicación, tanto por trazabilidad como por respaldo técnico.

Para concluir, es fundamental resaltar la importancia de la capacitación continua del personal involucrado en las diversas funciones relacionadas con el manejo de plagas. La actualización constante de conocimientos en equipos técnicos es clave para lograr un manejo eficaz y oportuno de las plagas.

Además, la formación en el uso de pulverizadores, integrando nuevas tecnologías y enfocándose en criterios técnicos, como el uso adecuado de boquillas y la comprensión del grupo de aire, no solo mejora la eficiencia en el trabajo, sino que también contribuye a la motivación del personal.

Por último, es importante destacar que Biopestagro e IMPAC están trabajando conjuntamente en la realización de charlas, cursos y días de campo demostrativos dirigidos a estudiantes, asesores y agricultores. Esta iniciativa busca proporcionar educación práctica con conocimientos aplicables en el campo, fomentar buenas prácticas a través de la capacitación en el manejo sostenible de plagas y fortalecer redes al crear una comunidad de aprendizaje entre profesionales del sector.