Tecnología como eje del modelo productivo en la fruticultura
La uva de mesa ha sido, durante décadas, uno de los pilares de la fruticultura chilena, consolidándose como un producto clave en las exportaciones agrícolas del país. No obstante, en los últimos 20 años, esta industria ha experimentado transformaciones sustanciales, impulsadas por las exigencias del mercado internacional, la presión por mejorar la rentabilidad de los cultivos y el avance sostenido de nuevas tecnologías aplicadas a cada etapa del proceso productivo y logístico.
Pero no se trata del único cultivo que ha tenido que implementar diversas herramientas y tecnologías para adaptarse a las nuevas tendencias y cumplir con los requerimientos de los mercados de destino. La cereza, una de las reinas actuales, también lo ha hecho.
A continuación analizaremos las principales tecnologías y herramientas que han impulsado la necesaria transformación en ambos frutales.
RECAMBIO VARIETAL: HACIA UNA NUEVA MATRIZ PRODUCTIVA
Uno de los principales hitos ha sido el recambio varietal. Como es sabido, a comienzos de los años 2000 la matriz productiva se basaba principalmente en variedades tradicionales como Flame Seedless, Thompson Seedless, Crimson Seedless y Red Globe. Sin embargo, estas fueron gradualmente desplazadas por más de 20 nuevas variedades, muchas de ellas obtenidas mediante programas de mejoramiento genético privado. Estas no solo presentan mejores características organolépticas (mayor crocancia, sabor y color), sino que también mejoran la condición de poscosecha y son más aptas para su manejo en campo y packing.

En la uva de mesa se ha ido avanzando de sistemas de 4 brazos o formaciones en X a formaciones lineales como T (en la imagen), que dejan los centros frutales más cerca del centro de la planta.
La adaptación de los manejos técnicos es de gran importancia para la incorporación de tecnología en la industria. Con variedades más fértiles y de manejo más amigable, la formación de las plantas se ha ido adaptando para facilitar al productor. De esta manera, se ha ido avanzando de sistemas de 4 brazos o formaciones en X a formaciones lineales como J o T, que sitúan los centros frutales más cerca del centro de la planta, por lo que la poda y la cosecha son más sencillas.

Las cerezas han vivido importantes recambios varietales, por ejemplo, con genéticas italianas como Sweet Gabriel® y Nimba cv, de origen americano (en la imagen).
Este recambio ha significado un profundo cambio en la forma de producir, ya que cada nueva variedad requiere una estrategia de manejo agronómico específica en términos de fertilización, poda, raleo, regulación de la carga y protección fitosanitaria. En consecuencia, los equipos técnicos y los productores han debido capacitarse y adaptar sus sistemas de gestión para responder a las nuevas exigencias productivas. La obtención de una variedad es un proceso tecnológico que tarda entre 15 y 20 años en lograr un producto sólido y consolidado que se necesita en un mercado, el cual, a su vez, cambia a una tasa más rápida que la generación de nuevas variedades.
De todos estos cambios, la nueva genética no es algo aislado de la uva de mesa. La cereza ha sido un actor importante, con gran recambio y avance varietal, y cuenta con genéticas italianas como Sweet Gabriel® o Nimba cv, de origen americano. A ello se suma el pool de BloomFresh, de ascendencia también americana, además de variedades de origen alemán como Areko cv. Todos estos avances genéticos se han traducido en nuevas ventanas comerciales y mayores producciones.
USO DE COBERTURAS PLÁSTICAS: MITIGACIÓN DEL RIESGO CLIMÁTICO
Otro avance relevante en la vid ha sido la masificación del uso de coberturas plásticas o techos temporales, especialmente en zonas con mayor incidencia de lluvias durante el periodo de cosecha. Estas estructuras han permitido extender el calendario de recolección, asegurar la calidad de la fruta en momentos críticos y mejorar la rentabilidad de zonas que antes enfrentaban altos niveles de descarte por pudriciones o daño mecánico.

Los films plásticos tienen tecnología especializada, propiciando coberturas con filtro UV o transmisibilidad de luz cada vez más altas.
El diseño, la instalación y el manejo de estos techos han evolucionado significativamente, incorporando materiales más resistentes, estructuras modulares y sistemas de ventilación controlada para evitar problemas de humedad y enfermedades fungosas. Los films plásticos tienen tecnología especializada que ha evolucionado en los últimos 40 años, propiciando coberturas con filtro UV, transmisibilidad de luz cada vez más alta, con potencial térmico e incluso, permitiendo adaptar técnicamente los manejos de las variedades.
En este caso, las cerezas también han sido grandes beneficiarias del uso de coberturas,
ya que gracias a ellas se han podido adelantar cosechas e incluso producir en zonas climáticas desfavorables por altas precipitaciones. De esta manera, podemos ver que las coberturas resultan de gran ayuda para la agricultura moderna.

Huerto de Cerezas bajo cubierta de HDPE (rafia)
INNOVACIÓN EN POSCOSECHA Y EMBALAJES
La tecnología también ha impactado el proceso de embalaje. En los años 80, para la uva de mesa se utilizaban cajas de madera con viruta, lo que representaba un riesgo fitosanitario y no permitía una adecuada ventilación. Hoy, el estándar es el uso de cajas de cartón con ventilación, diseñadas para cada variedad y destino. Además, se han incorporado generadores de metabisulfito de sodio, junto con bolsas adaptadas al mercado y ventilación controlada. Todo esto ayuda a inhibir el desarrollo de Botrytis cinerea durante el tránsito marítimo.
Este conjunto de mejoras ha permitido prolongar la vida útil de la fruta, reducir las pérdidas económicas y mejorar la recepción en los mercados de destino.
En el caso de las cerezas, podemos destacar el uso de bolsas de atmósfera modificada y/o controlada, con las que se ha logrado exportar a China un producto altamente perecible, pero con muy buenos resultados en el pedicelo y en la sanidad vegetal.
CADENAS DE FRÍO SOFISTICADAS Y CONTROLADAS
Uno de los aspectos más críticos de la calidad de la uva de mesa es el manejo de la cadena de frío. La tecnología actual permite reducir la temperatura de la pulpa a -0,5 °C de manera controlada, evitando la deshidratación y el daño por frío. Este proceso comienza desde el momento de la cosecha, donde se han implementado sistemas de preenfriado inmediato en campo, transporte refrigerado y centros de acondicionamiento que garantizan una transición térmica adecuada. La incorporación de sistemas de frío y humificación en los packing ha aportado una mejora continua en la vida de la fruta o las piernas viajeras de esta.
Además, se han implementado sensores y sistemas de monitoreo en tiempo real que permiten verificar la continuidad de la cadena de frío a lo largo de todo el trayecto, incluyendo el almacenamiento, el despacho y el transporte marítimo.
En el caso de las cerezas hubo un gran avance en el manejo de frío, partiendo con hidrocooling para poder bajar la temperatura de golpe, favoreciendo enormemente la vida de poscosecha. Se puede decir que es un desarrollo muy envidiable en el cultivo de uva de mesa, ya que, a pesar de los avances, no es tan eficiente como en este caso.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL APLICADA AL PACKING
El desarrollo más reciente ha sido la incorporación de inteligencia artificial (IA) al packing de las vides. Los sistemas de visión artificial, el aprendizaje automático y la robótica han permitido automatizar el proceso de embalaje. Esta tecnología ha incrementado la eficiencia operativa, permitiendo procesar un mayor número de cajas por minuto con una menor tasa de errores.
Gracias a la IA, los packing pueden identificar clamshells con pesos irregulares, lo que reduce las mermas en el proceso de embalaje. Al mismo tiempo, pueden tener un mayor control sobre la cadena de proceso, conociendo quién manipuló la fruta en todo momento, para minimizar errores.
Por su parte, los packing de cerezas han demostrado una adaptabilidad enorme al uso de IA, ya que hay máquinas que logran sacar más de 16 fotos por fruto en cuestión de segundos y con ello, generar una mirada 3D del producto y segregar por forma, defecto y color, haciendo un proceso altamente efectivo y con poco uso de mano de obra. Es un punto donde a la uva de mesa le cuesta avanzar, y es que mientras las cerezas son frutas individuales, las vides cuentan con una unidad productiva como los racimos, que son el conjunto de muchas bayas.
Como se puede observar, la industria chilena de la uva de mesa ha demostrado una notable capacidad de adaptación e innovación, pero también otros cultivos, como la cereza. Desde el recambio varietal hasta la implementación de la inteligencia artificial, la tecnología se ha convertido en un eje estructural de los modelos productivos. Estos avances no solo han permitido responder a los desafíos del mercado global, sino que también han posicionado a Chile como líder en eficiencia, calidad y sostenibilidad en los cultivos y sus exportaciones. El desafío actual es seguir consolidando esta evolución tecnológica, asegurando su adopción por parte de los distintos productores, independientemente de su tamaño, y generando valor a lo largo de toda la cadena, para seguir siendo un gran productor no solo de uva de mesa y cerezas, sino también de todos los frutales con presencia internacional.