Tecnología y manejo: Calidad de semilla de trigo
El trigo esta reprersentado por dos especies monocotiledóneas que pertenecen a la familia de las poáceas. La más cultivada en Chile y en el mundo es Triticum aestivum L., que corresponde al trigo harinero o panadero, el cual se utiliza básicamente en la producción de pan. La segunda especie, Triticum durum, corresponde al trigo candeal, que se destina a la obtención de semolina para fabricar fideos y pastas.
El trigo harinero en Chile se cultiva básicamente del Maule al sur, con predominancia absoluta en la región de La Araucanía y con más del 90% de la superficie del país sembrada en condiciones de secano. El trigo candeal, en cambio, se cultiva desde la región Metropolitana hasta el Bio Bio, y el total de su superficie se cultiva en condiciones de riego. Para establecer bien los cultivos y conseguir buenas poblaciones resulta fundamental considerar una buena calidad de semilla, una semilla bien desinfectada, un buen mullimiento de la cama de siembra, determinar bien las dosis de semilla considerando la variedad y las condiciones edafoclimáticas del lugar, y definir una profundidad de siembra correcta.
LA SEMILLA Y SU COMPOSICIÓN
La semilla de trigo es parte de un fruto llamado cariópside, en el cual las paredes del ovario (pericarpio) y la testa están estrechamente unidas. El fruto es de carácter indehiscente y contiene una sola semilla, de forma ovoide, acanalada en toda su longitud. En la extremidad no aguzada se aloja el embrión o germen, el cual está constituido por la coleorriza, la radícula, la plúmula, el coleoptilo y el escutelo o cotiledón. Las hojas embrionarias, que en conjunto reciben el nombre de plúmula, están cubiertas por el
coleoptilo. La radícula, por su parte, está envuelta por una estructura llamada coleorriza. El escutelo, que constituye una parte relativamente grande del embrión, se encuentra en estrecho contacto con el endosperma amiláceo; este último, que representa el 82 a 88% de la semilla, corresponde a la fuente de obtención de harina. El pericarpio, por su parte, representa el 12 a 15% de la semilla, y el germen el 2,5 a 3%.
CALIDAD DE SEMILLA
La capacidad para germinar y producir una planta normal es lo primero que se le pide a la semilla. Sin embargo, el concepto de “calidad de semilla” en trigo es mucho más amplio y abarca una serie de aspectos, los cuales son analizados a continuación.
Calidad fisiológica
La calidad fisiológica contempla tres propiedades de la semilla que determinan su capacidad para germinar y permitir la expresión de poblaciones uniformes y vigorosas de plantas bajo una amplia variedad de condiciones ambientales.
a) Viabilidad: las semillas están vivas y pueden germinar. En un análisis de germinación se informa el porcentaje de semillas muertas, que corresponde a aquellas que no presentan crecimiento de estructuras y, por lo tanto, no son viables. En trigo, la mayor viabilidad de las semillas se presenta poco antes de la madurez fisiológica.
b) Germinación: porcentaje de semillas que germinan y que, al emerger, dan lugar a plántulas normales, vale decir que presentan raíces seminales, coleoptilo y una hoja desplegada o segunda hoja desplegando, sin ningún atisbo de malformación.
Dentro del porcentaje de plántulas anormales, en tanto, se contabilizan aquellas que, tras haber germinado, presentan malformación en alguna de sus estructuras, hayan o no emergido sobre un sustrato de arena en laboratorio. El máximo porcentaje de germinación de semillas se presenta poco antes de que estas alcancen su madurez fisiológica. Respecto del porcentaje de germinación de un lote de semilla de trigo para la siembra, este debería superar el 90%, pudiendo alcanzarse valores de hasta 100%.
c) Vigor: entre las variables que se asocian con el vigor y que deben ser consideradas en un análisis en laboratorio debe citarse en primer lugar la velocidad de emergencia. Para definirla se realizan conteos diarios a partir del cuarto o quinto día después de la siembra, debiendo considerarse el día de inicio de la emergencia de las primeras plántulas. El conteo se realiza hasta que se obtiene un número constante, lo que permite determinar por cuántos días se prolongó la fase de emergencia. De esta manera se puede obtener evidencia de otro parámetro asociado con el vigor, el cual corresponde a la uniformidad de emergencia. En este sentido, mientras menos días transcurren hasta el término de la emergencia, más concentrada será esta, favoreciendo el desarrollo homogéneo y vigoroso del cultivo. El vigor también puede expresarse como peso seco de plántulas, lo que involucra su tasa de crecimiento, o definiendo una escala de vigor en la que las plántulas-plantas normales se clasifican en distintas categorías: desde las muy vigorosas hasta las muy poco vigorosas, pasando por niveles intermedios. El máximo vigor en las semillas se expresa justo al momento de alcanzarse la madurez fisiológica.
La velocidad de emergencia puede calcularse evaluando el número de semillas emergidas por día, dividiendo dicho valor por el número de días transcurridos desde la siembra.
Por otra parte, cabe señalar que el primer componente de la calidad fisiológica que se deteriora a través del tiempo es el vigor, seguido por una reducción de la germinación y finalmente por la muerte de las semillas.
Por último, es importante señalar que, si durante la etapa de formación y llenado de las semillas se presentan condiciones desfavorables, como deficiencias nutricionales, temperaturas extremas o abastecimiento hídrico deficitario, se verá afectada su calidad, pudiendo verse reducida su germinación, su tamaño y su vigor. Las deficiencias hídricas durante el llenado del grano, en tanto, además de afectar los parámetros indicados, favorecerán la presencia de granos chupados.
Calidad fisica
Está representada por varios aspectos que tienen repercusión a nivel de campo y que deben considerarse al comprar la semilla. La pureza física de la semilla considerada para la siembra no debiera ser inferior a 99%.
a) Apariencia de la semilla: depende del tamañoy de su peso volumétrico. Hay variedades en las que, genéticamente, la semilla, aunque esté bien llena y presente una apariencia 100% normal, es de tamaño pequeño. Pero hay también variedades, en las que, bajo las mismas condiciones de normalidad, la genética determina que el tamaño de esa semilla sea mediano o grande. Lo importante es que, dentro de lo que es la normalidad del calibre de cada variedad, no se presenten semillas muy pequeñas, delgadaso chupadas en los lotes destinados a la venta. Las semillas partidas forman parte de la apariencia y de su calidad física.
b) Ausencia de semillas de maleza y de otras especies cultivadas.
c) Materia inerte: mínima presencia de residuos vegetales, tierra e incluso piedras.
Calidad genética
Se refiere a la identidad varietal y a la pureza varietal, vale decir que, por una parte, el lote de semilla a utilizar debe representar fielmente a la variedad, y por otra parte, no debe presentar semilla de otras variedades de trigo o de otras especies cultivadas.

Calidad sanitaria
La semilla debe estar libre de Septoria nodorum, hongo que infesta los granos durante su desarroIlo, y con mínima presencia de punta negra (Foto 1), enfermedad que prácticamente siempre se presenta infestando la punta de algunos granos y que básicamente podría restar alguna cantidad menor de reservas en la semilla.
USO DE SEMILLA CERTIFICADA
Es aquella que ha sido supervisada durante el proceso de producción por inspectores del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), lo cual garantiza ciertos estándares de calidad que están regulados en las normas específicas de certificación de semilla de trigo. Estos estándares están enfocados principalmente en lo que respecta a identidad varietal, pureza varietal y estado sanitario.
En general, es recomendable usar semilla certificada, ya que, además de garantizar la identidad y la pureza varietal, habitualmente presenta altos porcentajes de germinación y de pureza fisica. Considerando que el porcentaje de germinación de la semilla certificada varía entre 90 y 96% o algo más, un productor no debería conformarse con un porcentaje inferior a 92% 0 93%.
Si bajo alguna circunstancia no se lograra conseguir ese estándar para una determinada variedad y lote, el porcentaje exigible, en ningún caso debería ser inferior a 90%. En cuanto a pureza fisica, la semilla certificada presenta habitualmente valores cercanos o superiores a 99%, aunque el mínimo exigido para la certificaciónes de 98%. Un tamaño de semilla grande y uniforme, dentro de lo que es la genética de cada variedad, es también un factor importante de calidad. En este sentido, un mayor tamaño determina una mayor cantidad de reservas en la semilla, lo que, junto a un buen nivel de vigor, permitirá sortear de mejor modo condiciones adversas a nivel de campo, como la presencia de terrones, profundidad de siembra excesiva o una costra del suelo. Respecto del tamaño, sin embargo, cabe hacer una aclaración respecto de la semilla certificada: al observar la semilla contenida en los sacos, no pocas veces se aprecia una cantidad porcentual relativamente alta de unidades más pequeñas de lo aceptable, así como unidades de semilla chupadas (Foto 2).

La clasificación por tamaño se relaciona con la cantidad porcentual de semillas que quedan retenidas sobre un harnero al momento de la selección, entendiendo que los harneros para semillas de tamaño medio deberían tener orificios de 2,3 mm x 20 mm; para semillas de tamaño chico de 2,0 a 2,1 mm x 20 mm, y para los de tamaño grande de 2,5 mm x 20 mm. En este sentido, la selección por tamaño de la semilla certificada debería ser rigurosa, y si la retención de semilla bajo un determinado harnero permite la presencia de un porcentaje no menor de semilla chica y chupada, deberá subirse la exigencia, pasándose la semilla por otro harnero con orificios más grandes, de modo que sea posible descartar la semilla que no cumpla con la exigencia mínima de tamaño.
Al adquirir semilla certificada de trigo es muy importante exigir el certificado que lo acredita, para así verificar los porcentajes de germinación y de pureza física y optar por un lote que asegure la mayor calidad. Sin perjuicio de ello, antes de la compra hay que verificar, además, el tamaño y uniformidad de la semilla contenida en los sacos.
Los productores que no utilizan semilla certificada deben cautelar al máximo la calidad de su semilla, poniendo especial énfasis en su tamaño, uniformidad y sanidad.
DESINFECCIÓN DE LA SEMILLA
La semilla obtenida a partir de los cultivos destinados a semilleros de trigo, debería ser tratada químicamente con productos fungicidas insecticidas para proteger su sanidad y la del cultivo en los primeros estados, y de las espigas en el caso específico de los carbones. La semilla, en muchos casos, se vende desinfectada, proceso que es realizado por las empresas proveedoras de semilla. También es posible realizar la desinfección en los campos de los productores por parte de las empresas de agroquímicos. Lo favorable, en este último caso, es que los agricultores tienen a la vista la semilla antes de desinfectarla y pueden identificar cualquier mancha, lesión o cambio de color que pudiera corresponder a una enfermedad o a un defecto. Ante la existencia de un problema, pueden proceder a cambiar la semilla y disponer de otra.

Al comprar la semilla que viene desinfectada pueden enmascararse de modo importante los problemas, sin que éstos logren visualizarse. La cobertura de la semilla con productos químicos debe ser completa y homogénea (Foto 3), de modo que la desinfección logre mayor eficacia.
La desinfección de semilla con fungicidas es siempre recomendable, ya que permite abordar problemas de enfermedades que podrían afectar a las plántulas o al cultivo en estados vegetativos tempranos. Desde ya, los carbones son perfectamente controlados por todos los fungicidas que se utilizan para desinfección de semilla, pero si se desea, por ejemplo, limitar la presencia de otras enfermedades como septoriosis en los primeros estados o reducir la infestación con mal del pie en el cultivo, cabe aplicar productos más específicos y que obviamente son de mayor costo. En caso de repetir trigo o de realizar rotaciones cortas, como por ejemplo trigo, raps, trigo, raps, se recomienda considerar un producto que tenga efecto contra mal del pie.
La desinfección de semilla con un insecticida es también recomendable y puede ser especialmente importante para minimizar ataques de gusanos blancos en siembras de trigo que se realizan después de praderas o en siembras que se desarrollan en las zonas centro-sur y sur, en las que estos gusanos pueden causar severos daños. Otra plaga que se puede abordar desinfectando la semilla corresponde a la mosca de la raíz.
Si parte de la semilla quedó desinfectada del año anterior y por alguna circunstancia no se utilizó, debe ser sometida a un análisis de germinación antes de usarla en la siguiente temporada. Esto, debido a que hay tratamientos químicos que, con el tiempo, van desmejorando la germinación y el vigor de la semilla. En cualquier caso, no es aconsejable sembrar semilla antigua, aunque haya permanecido sin desinfección.
GERMINACIÓN Y EMERGENCIA DE LAS PLÁNTULAS
La semilla de trigo obtenida desde el cultivo destinado a semillero de trigo ya presenta, al interior, tres a cuatro bocetos de hojas encerradas en el coleoptilo. Este último se presenta bien desarrollado. El proceso de germinación comienza con la imbibición o hidratación de la semilla (fase 1), etapa en la que aumenta proporcionalmente su respiración. La siguiente fase se denomina estabilización y en su transcurso se reduce la absorción de agua y se estabilizala respiración. Lo más importante durante esta fase es que en la semilla tienen lugar las transformaciones metabólicas necesarias para que se produzca el desarrollo de la plántula. En la última fase de la germinación, llamada de crecimiento, comienza la emergencia de la radícula, seguida de cerca por la aparición del coleoptilo (Foto principal) y de las raíces seminales que acompañan a la radícula. Durante el desarrollo de la fase de crecimiento se vuelve a incrementar la absorción de agua y la respiración.

En la Foto 5 se observa la evolución de las tres fases de la germinación. El proceso de germinación puede comenzar con temperaturas mínimas en el suelo cercanas a los 3,0 °C, comenzando, como ya se dijo, con la imbibición de la semilla y finalizando con el inicio de la emergencia, que se manifiesta cuando el coleoptilo apunta y se empina justo por sobre la superficie del suelo. La consistencia del coleoptilo y su extremo aguzado favorecen su avance hasta alcanzar la superficie. El estado de emergencia se alcanza cuando el 90% del número final de plantas ha emergido. A continuación de la emergencia y en no más de 24 horas se deja ver la primera hoja, la cual perfora el coleoptilo para iniciar su crecimiento. Hasta el estado Z11 (una hoja totalmente desplegada) corresponde hablar de plántula de trigo; hasta entonces, más del 50% de su crecimiento proviene de las reservas de la semilla, y no de la fotosíntesis. Una vez que la segunda hoja se presenta y se despliega, o, según la variedad, una vez que se alcanza la segunda hoja desplegada (Z12) se pasa al estado de planta, el cual se verifica a partir del momento en que a lo menos el 50% del crecimiento ya proviene de los compuestos de la fotosíntesis.
Cabe destacar que un factor muy sensible para el cultivo es la profundidad de siembra, la que, idealmente, debiera ser de 3 cm como promedio, con un mínimo de 2,5 cm y máximos de 3,5 e incluso 4 cm. Para prevenir cualquier posibilidad de descalce de semillas o plántulas, y también para que estas presenten un buen arraigamiento, la profundidad no debería ser menor de 2,5 cm, especialmente si se considera que las raíces coronarias o principales se originan y crecen a partir del punto de unión mesocotilo-coleoptilo, el cual se encuentra posicionado sobre la semilla. Tampoco conviene sembrar a una profundidad mayor de 4 cm, ya que se pierde vigor en la salida de las plántulas, y éstas emergen presentando un menor crecimiento. Además, y como factor relevante, cabe consignar que, mientras más profunda se coloca la semilla en el suelo, a partir de 4cm, menor será la capacidad de la planta para macollar.