Un camino en común

Es posible unificar biodiversidad y productividad, lo que además conduce a una mayor rentabilidad en avellanos
Noviembre 18, 2024

Desde que la humanidad comenzó la producción de alimentos, se inició una carrera por hacerlo en el menor espacio posible, con rápido aumento de la rentabilidad de las actividades agrícolas. Sin embargo, con el paso de los años dejamos de respetar los ecosistemas, rompimos los equilibrios existentes en la naturaleza y los monocultivos se hicieron dueños de los valles y tierras fértiles. Ante esto, las plagas comenzaron a actuar cada vez más rápido y agresivas, las enfermedades fungosas o bacterianas sumaron sus efectos nocivos, lo que llevó a que los productos químicos se consideraran herramientas esenciales e indispensables, con resultados sorprendentes, pero solo para mantener un “equilibrio” ficticio en los huertos, sin plagas ni enfermedades.

El exceso de sales aplicadas al suelo, muchas veces sin respetar el equilibrio químico, comenzaron a desbalancear el origen de nuestros suelos, para volverlos cada vez más pobres e inertes, con destrucción de materia orgánica, rompiendo ecosistemas y transformándolos casi solo en un soporte para las raíces para la entrega de agua y nutrientes sintéticos que exigen en el tiempo mayor frecuencia y dosis.

Por otra parte, al crecer en superficie las plantaciones, los ecosistemas se convirtieron en mono especies, donde las “malezas” comienzan a predominar y a causar impacto: al reinar el monocultivo en este nuevo ecosistema, las plagas y enfermedades se adaptan y comienzan a alimentarse de ella, con daños económicos irreparables.

Nos enfrentamos a una realidad compleja. Como somos dependientes de productos químicos y minerales, debemos rotar dichas moléculas para mantener plagas y enfermedades a un nivel en el que no produzcan daño económico. Con esto advertimos que podemos tener a la biodiversidad como un aliado, tanto en nuestros suelos como en el ambiente en el que desarrollamos los cultivos.

Afortunadamente estamos hablando de coberturas vegetales, de microorganismos benéficos, de corredores biológicos, de ácidos húmicos y fúlvicos, de exudados de lombrices, de polifenoles, etc., todas materias naturales seleccionadas y escogidas para recuperar el equilibrio, tanto en el suelo como en el ambiente de las plantas.

En consecuencia, nos enfrentamos a una agricultura regenerativa donde los objetivos, sin perder la productividad de nuestros huertos, son recuperar el equilibrio que la naturaleza sabiamente nos entrega. Es así como, por ejemplo, observamos un bosque nativo donde existen burritos, cabritos, patógenos diversos y una diversidad de hongos, sin necesidad de riego ni de fertilizantes o químicos y sin embargo todo crece en armonía.

Es la esencia de lo que debemos buscar, tratando de mezclar nuestro monocultivo con otras especies que nos ayuden, debemos ir en búsqueda de bioestimular la rizósfera y las raíces de nuestras plantas, con una vigorosa y diversa vida en nuestros suelos, para así tener suelos fértiles y cultivos fuertes para resistir el ataque patógenos e insectos y hacer frente a factores menos controlables pero relevante como es el clima.

La agricultura regenerativa se basa en el manejo del huerto de forma integral y en coherencia con el entorno no solo dependiendo de productos químicos y minerales para la obtención de buenas producciones, sino que logrando integrar diversos factores, con el propósito de respetar el medio y entender que en la biodiversidad existe el equilibrio natural que nos ayuda a lograr el éxito esperado.

También es importante detenernos y analizar qué entendemos por productividad agrícola. Este relevante y esencial indicador en el desarrollo de nuestros procesos productivos, hace referencia a la cantidad que somos capaces de producir en una unidad de superficie y plazos esperados.

Existen varios factores que están estrechamente relacionados a la productividad. Primero, el suelo como uno de los principales actores, y requiere de una buena preparación y un adecuado cuidado a lo largo de los años, lo que implica preocuparse de su sanidad, su biodiversidad en equilibrio. También son factores determinantes de la productividad el riego y la fertilización, además de un buen manejo integrado de plagas y enfermedades, sobre las que es necesario conocer los umbrales de daño económico.

Algunas acciones a implementar que son fundamentales para lograr unificar la biodiversidad con la productividad.

La utilización de flores es fundamental en los corredores biológicos. Foto: M. Soto.

Cubiertas vegetales entre hileras, corredores biológicos

Cada especie vegetal que podemos utilizar como cubiertas entre hileras cumple un rol especial, dependiendo de la necesidad específica de cada huerto. Siempre el objetivo es ir hacia una biodiversidad en todos los aspectos, especies que nos ayuden a desinfectar el suelo, otras que junto a microorganismos fijen nitrógeno ambiental o solubilicen elementos minerales fijados en el suelo, nutriendo nuestros cultivos, y especies con raíces profundizadoras, que abren canales preferentes para entregar oxígeno, mejorar infiltración y por consecuencia devolverle la vida al suelo. Son muchas y de alta variedad las especies, por lo que debemos escoger la más adecuada en cada caso.

Con los avellanos, nuestra gran preocupación es poder manejar la siembra sin que nuestro suelo sufra daños físicos que impedir una buena cosecha. Es así como debemos escoger especies que no produzcan champas o coronas de crecimiento muy protuberantes, descartando especies gramíneas, y favoreciendo mezclas de trébol, que luego de crecer y semillar se cortan, sin interferir en nuestro suelo.

Los corredores biológicos otorgan más biodiversidad a nuestro entorno, por lo que deben estar compuestos con especies de crecimiento bajo, medio y alto, donde sean importantes las flores al igual que arbustos y árboles de mayor tamaño. Cada uno cumple una función específica y en conjunto son capaces de lograr la biodiversidad esperada, por ejemplo, siendo hospederos de enemigos naturales para el control de plagas, como barrera de entrada de patógenos e insectos dañinos, sirven como corta viento, etc. En cada caso se debe estudiar su ubicación, los objetivos esperados dentro del predio y así desarrollar el proyecto en su conjunto para lograr los objetivos.

Microorganismos

Hoy existe mucha información y experiencias con muy buenos resultados en el uso de estos microscópicos seres vivos, hongos, levaduras y bacterias benéficas para el desarrollo en la agricultura. Así, comenzamos a utilizar géneros de bacterias como Bacillus, hongos como Trichodermas, hongos entomopatógenos y endófitos que destacan por su acción contra patógenos así como por diversas reacciones que generan en la planta para potenciar sus mecanismos de defensa. Existen mezclas de estos y otros géneros en los llamados consorcios de microorganismos benéficos.

Todo depende de la realidad de cada huerto y no existen recetas genéricas, ya que, al trabajar con seres vivos, los resultados pueden ser diferentes para cada caso. La metodología debe ser específica para cada huerto. Hoy existen soluciones reales y concretas tanto en aplicaciones foliares como al suelo, que reemplazan el uso indiscriminado de moléculas químicas y minerales, ayudando a mantener el ecosistema en un deseado equilibrio natural.

Por ejemplo, vemos como cepas de Bacillus son capaces de aislar y marginar a Xanthomona, bacteria causante de una enfermedad que cada día provoca mayores daños económicos.

A) Flor femenina colonizada por bacillus.
B) Flor masculina colonizada por bacillus.

Enemigos naturales

El manejo integrado de plagas (MIP), concepto que ya escuchamos hace bastante tiempo, es clave en el combate de estas. Los monitoreos constantes y especializados de forma profesional hacen que nuestra eficacia sea cada vez mayor, con la utilización de menos moléculas químicas para el control, ya sea porque no es necesario su uso, o bien porque mediante las liberaciones de enemigos naturales podemos tener un buen y equilibrado control.

Hoy en Chile contamos con empresas con vasta experiencia en esta área, que permiten bajar costos, ser más eficientes y aumentar nuestra productividad en conjunto con el medio que nos rodea, utilizando las moléculas químicas en forma racional y eficiente.

Información

Todos sabemos que si no hay registros o información, no existe el análisis, que si no hay análisis no hay gestión, y que si no hay gestión, no hay mejoras. Para la toma de decisiones oportuna y de calidad, es necesario disponer de información con un completo análisis, tanto de suelo como foliares, datos productivos, historial de enfermedades y plagas de cada sección de un huerto, fotografías satelitales o aéreas, sondas de monitoreo, estaciones meteorológicas, etc. Todas fuentes capaces de entregar suficientes datos y a tiempo para subsanar errores.

Es decir, toda nuestra gestión depende de la cantidad y calidad de información que seamos capaces de generar, en la búsqueda de una agricultura de precisión, donde todos nuestros procesos son cada vez más eficientes y exactos.

Conclusiones

Es preponderante mirar al futuro con otra visión, replantear el desarrollo de nuestras empresas agrícolas, entender que la biodiversidad y la agricultura regenerativa es el camino para el éxito y la sustentabilidad de nuestro negocio. Disponemos de herramientas probadas de alto nivel y con gran desempeño para el logro de los objetivos, y debemos comenzar, en base a un nuevo aprendizaje y visión, esta nueva forma de producir alimentos.

La productividad es un gran objetivo en nuestra gestión, pero no debemos perder el horizonte de producir alimentos de alta calidad y cantidad, que nos permita rentabilizar el negocio y ser capaces de suplir las necesidades de los diversos mercados a los que hoy nos enfrentamos gracias a la globalización de la que somos parte.

Comenzaremos a darnos cuenta de que nuestros costos bajan por ser más eficientes, pero además que somos más amigables con el medio que nos rodea, tendremos plantas más sanas y menos susceptibles a enfermedades y plagas, por lo tanto, más productivas.

La utilización de productos químicos será cada vez más racional y específica, utilizándolos solo cuando se justifique bajo la mirada objetiva de un análisis formulado gracias a información de primer nivel obtenida en forma oportuna.

Cada explotación agrícola es un caso único y específico, por lo que debemos desarrollar nuestro proyecto como una unidad productiva completa, como un ecosistema independiente y particular, con problemáticas exclusivas que solucionar, logrando un desarrollo global de ella, procurando siempre la biodiversidad en todo aspecto.

Nuestro suelo es el sustento y base de nuestro éxito. Todo debe ir orientado a tener un suelo vivo y biodiverso, donde nuestras raíces crecerán exitosamente en armonía, fuertes y resistentes a estrés de tipo abiótico y biótico, que se nos presenten durante las distintas temporadas de producción de nuestros cultivos.