Una mejora continua
Al enfocarnos en regar de la manera más eficiente, no solo aseguramos una producción más abundante y segura, sino que también maximizamos la relación entre kilos producidos por cada litro de agua consumido. Lo más emocionante es que todo esto se logra mediante soluciones basadas en un flujo constante de datos. La revolución en el riego está aquí y está impulsada por la tecnología.
A pesar de que las recientes precipitaciones en el centro de Chile han sido históricas, acentuadas por el fenómeno del Niño, muchos expertos coinciden en que existe un 70% de probabilidades de que ocurra el fenómeno de La Niña, el cual aún está por confirmarse oficialmente (NOAA, (Centro de predicciones climáticas). Esto podría provocar una disminución de precipitaciones en la costa del Pacífico a partir del otoño.
En los últimos años la escasez hídrica ha sido crítica, y los expertos en clima indican que esta situación continuará así hasta 2050 (WRI, World Resources Institute). Chile se encuentra en el percentil más alto de extracción de agua en el mundo, solo superado en Sudamérica por Brasil. En este contexto de alta extracción y escasez hídrica, la gestión del riego mediante datos se traduce en una oportunidad de ahorro de recursos y un aumento de la productividad. Por lo mismo se espera que el área asociada a la agricultura inteligente, o “smart farming”, crezca en valor de mercado en más de un 200% hacia el 2027 (STATISTA).
A lo largo del tiempo, los avances técnicos en la agricultura han mejorado la productividad agrícola, en parte gracias a la mejora en los sistemas de riego. Por ejemplo, los riegos tecnificados presurizados que usan menos agua (75-90% de eficiencia) son por lejos más productivos que los de secano o riego por tendido (máximo de 60% de eficiencia), que están siendo reemplazados debido a su alto consumo de agua e incertidumbre asociada. Es por este motivo que muchas organizaciones y países (incluido Chile) apoyan a los agricultores en la transición hacia estos sistemas de riego más eficientes.

Desde el nivel de cuenca al campo
A nivel macro, los datos nos permiten estimar y calcular la disponibilidad de agua de la cuenca. La Dirección General de Aguas (DGA) juega un papel fundamental al evaluar la oferta y demanda hídrica actual y futura de cada cuenca, así como recopilar y fiscalizar las extracciones de agua para el continuo desarrollo de políticas y mecanismos que permitan gestionar el recurso hídrico.
A una escala menor, a nivel de campo, es posible calcular o estimar la cantidad de cultivos que se pueden producir con el agua disponible. En este contexto, las noticias relacionadas con el clima, como lluvias, acumulación de nieve, pronósticos futuros, capacidad de los embalses entre otros factores, se vuelven esenciales para garantizar la seguridad del riego. Es aquí donde los datos generados mediante cálculos y estimaciones basadas en variables ambientales nos permiten conocer el balance hídrico total.
La ET0 (evapotranspiración de referencia), que es calculada o incluso puede ser pronosticada, ya que diversas plataformas entregan este servicio, combinada con el Kc (coeficiente de cultivo) permiten estimar la lámina de riego a aplicar (expresada en mm). Aquí es donde la tecnología de riego asociada al smart farming marca la diferencia, al permitir la automatización y el cálculo de riego, incluso en tiempo real. Sugiere o directamente hace ajustes basados en estos cálculos, para proporcionar el riego justo y necesario para una óptima producción.
Por ejemplo, un cultivo de tomate industrial demanda aproximadamente 5.500 m3 por temporada, con una amplia diferencia en la demanda de riego según el lugar donde se ubique el cultivo. Piense en la utilidad de tener los registros de riego de la última temporada de producción en forma estructurada, sencilla de acceder y consultar https://mundoagro.io/siembra-de-informacion/. Contar con esta información es vital para corregir errores y planificar de mejor forma la nueva temporada. Es aquí donde destacan el valor de los datos, y más aún si tenemos datos “duros” por medio de sensores de humedad que nos ayudan a orientar la estimación precisa de la mejor frecuencia entre cada riego.
Una habitual crítica a los sensores de humedad en Chile es la representatividad de sus datos, comúnmente afectada por la variabilidad de textura y tipos de suelo. Sin embargo, más que representar un problema, esto se convierte en una muy buena oportunidad si se complementan con el uso de imágenes satelitales para extrapolar el contenido de humedad en los suelos (ej: NDMI – índice de humedad diferencia normalizada), lo que ayuda a emplear de mejor forma la ubicación de los sensores donde sean más representativos del terreno, para sacar el mejor provecho de ambas tecnologías.


Imágenes satelitales en color natural resaltado (A) y en NDMI (B) de un pivote en Lontué, lo que permite localizar los lugares más idóneos donde instalar los sensores de humedad (imágenes A B corresponden a mayo 2024)
Durante la temporada es vital llevar registros precisos del riego, ya sea mediante registros automáticos (usando data loggers) o manualmente mediante la lectura de los caudalímetros. Muchas veces, factores https://mundoagro.io/wp-content/uploads/2025/04/premium-1.pngs pueden hacer que los riegos reales difieran significativamente de los programados, y sin estos registros, nuestros análisis estarán viciados o inexactos por lo que será difícil identificar y corregir problemas a futuro.
Para afrontar estos desafíos la industria del riego cuenta con un variado abanico de empresas que entregan servicios y productos de monitoreo de humedad de suelo como guía para regar lo justo. En algunos países los agricultores ya han ganado experiencia con el uso de estos equipos, guiándose en gran medida con estos datos, para saber el momento preciso en que se debe dar el siguiente riego.



Como ejemplo, por medio del uso de estas tecnologías se desarrollan metodologías de riego por pulso, que muestran resultados promisorios en relación al uso de agua y producción final. Esta forma de regar implica que pulsos de riego más cortos y regulares permiten ahorrar agua aplicada al cultivo y de paso aumentar la productividad. Aunque esto suene ideal o contraintuitivo, no está exento de riesgos ya que, si no se cuenta con los sistemas apropiados de riego y preparación técnica adecuada para implementarlo, el resultado puede que no sea el esperado. A pesar de esto, es sin duda una técnica de riego que vale la pena explorar y conocer.
En resumen, la información bien organizada y las métricas de riego nos ayudan a sacarle el máximo provecho (https://mundoagro.io/como-podemos-aprovechar-los-datos-en-el-campo/), para llevar el control y monitoreo del riego al más alto estándar. Bajo esta premisa es que se hace evidente que los datos empoderan y brindan seguridad en la toma de decisiones. Esto nos permite una mejora continua y ser conscientes del agua que utilizamos, los que por cierto es necesario para certificar la producción y cuantificar la huella hídrica de los cultivos, preparando el terreno para un desarrollo sostenible en el futuro.