Uva chilena: La necesidad de una redefinición

Toda decisión técnica tomada durante el ciclo fenológico del cultivo de la uva de mesa debe estar en complicidad con el área comercial. Debemos redefinir para comenzar de nuevo y afrontar el futuro de manera distinta.
Agosto 25, 2025
Por: Por: César Espinosa Lagunas, asesor experto de uva de mesa

Como cada año, los resultados de la presente temporada se deben volver a analizar en profundidad, pero esta vez, con mirada de futuro, pues el rubro de la producción de uva de mesa es maduro en el tiempo y enfrenta la toma de decisiones concretas. Es momento de que Chile, con tan larga experiencia en producción y comercialización a distintos mercados, redefina su participación en el negocio. Esta redefinición debe hacerse a corto, mediano y largo plazo. Es decir, llegó el momento de tener consideraciones para las distintas etapas de manejo de este cultivo que permitirán a los productores enfrentar lo que viene de una forma distinta y así asegurar una buena rentabilidad. Siguen faltando tomar decisiones para enfrentar el actual panorama de producción, que cada vez es más integral.

Los malos resultados de venta esta temporada generan cuestionamientos sobre el negocio de exportación. Por un lado, la producción de uva de mesa sigue siendo un desafío constante año tras año, con nuevas variedades que han contribuido a la mejora de las producciones, con su más alto potencial productivo, y también con avances en términos de calidad, como calibre y consistencia.

Sin embargo, se debe considerar que el aumento de producción por hectárea (cajas/Há) tiene un límite, determinado por la zona edafoclimática y por la rentabilidad. Problemas siempre existen, y ninguna variedad está exenta de ellos, pero lo importante es determinar los límites de producción para que no repercutan negativamente en la rentabilidad del negocio.

Es hora entonces de tomar una hoja en blanco, modificar, añadir o eliminar lo que sea necesario, en conclusión, redefinir la forma de hacer las cosas para tener un resurgimiento. El primer paso considera aspectos matemáticos y de manejo: analizar la rentabilidad y los manejos de producción.

Enfrentar una nueva temporada sin tener clara la rentabilidad del cultivo con el comienzo de las podas es un camino difícil. Se trata de un aspecto que suele suceder con muchos productores a lo largo del país, en el caso del negocio tradicional que se da en Chile:

PRODUCTOR » EXPORTADOR » RECIBIDOR

Pero es importante destacar que en paralelo, existen otras alternativas de negocio, que permiten obtener antes los resultados de venta; lo que a su vez entrega la facilidad de realizar los balances de temporada y tomar las decisiones correspondientes previo a la poda. Dado que la producción de nuestro país está mayoritariamente sostenida sobre una estructura de parrón español, y en menor proporción sobre Open Gable, se deben tener ciertas consideraciones de poda para el manejo de las nuevas variedades:

  • Hábitos de fructificación de cada variedad. En general, todas las variedades nuevas son de alta oferta de racimos, por lo que el número de yemas a dejar en el cargador debe ser reducido (4 a 5 yemas). Se debe considerar la fuerte acrotonia (tendencia de brotación distal o terminal) que presentan las variedades, por lo que no es conveniente dejar muchas yemas en el cargador: el exceso de yemas genera trabajos más intensos de desbrotes, deshojes y ajuste de carga, aumentando los costos en mano de obra futura.
  • Orientación y distancia de los cargadores. Es un aspecto fundamental para favorecer la distribución de la canopia y los racimos, lo que a su vez contribuye a las labores culturales próximas. Siempre se debe recordar que cada trabajo cultural debe ir en beneficio de optimizar la eficiencia del trabajo manual agrícola y con ello rentabilizar cada labor al máximo (velocidad de cada trabajo, eficiencia, costo).

Cada etapa un trabajo

Una vez comenzada la brotación existen diferentes opciones de manejo. Desde mi visión técnica, se deben realizar ajustes de carga temprana en el caso de variedades que presentan excesiva oferta de racimos. A pesar de realizar el primer ajuste con la poda invernal, en muchos casos existe el temor de enfrentar la floración y sufrir eventos de sobreraleo, y con ello, pérdidas de racimos. En este sentido, enfrentar la floración con un número de racimos de 60 a 70 es suficiente para considerar los riesgos de un evento adverso. En mi opinión, las situaciones de sobreraleo son un tema que corresponde solucionar desde otro punto de vista (manejo nutricional) y no dejando sobre el número de yemas por planta.


Comienzo de brotación: momento de poder mejorar la estructura del racimo.

Todo en el manejo técnico es importante y separando todo el ciclo fenológico por etapas entre brotación y floración se tiene la oportunidad de poder estimular a la planta a su máximo potencial. Se debe recordar que las plantas responden a las condiciones ambientales con todas sus variables (temperatura, humedad, velocidad del viento, entre otras) y reservas para comenzar la brotación.

Es fundamental aprovechar este periodo en donde se debe estimular el máximo crecimiento vegetativo (tamaño de hoja-coloración, largo y diámetro de brotes-entrenudos) y principalmente, la mayor estructura de racimos, considerando la longitud de los hombros y entre ellos. Al tener el máximo potencial de estructura de racimo, podemos aspirar a un peso de racimo determinado que consideremos en nuestra estimación de producción: a mayor espacio, mayor potencial de crecimiento de baya inicial. Por ello, en este periodo se deben ocupar todas las herramientas agronómicas disponibles, tales como riego, fertilización, reguladores de crecimiento, bioestimulantes y manejos culturales: tecnología agronómica.


Al comenzar la brotación se debe estimular el máximo crecimiento vegetativo (tamaño de hoja-coloración, largo y diámetro de brotes- entrenudos).

Si nos referimos a este año en particular, una vez brotadas las plantas, tanto con la estimulación de aplicaciones de cianamida nitrogenada en el norte, como en forma natural en el centro – sur, y considerando que las horas frío de este 2025 favorecerán la homogeneidad de la brotación en cada zona, se podrán estimar buenas brotaciones este año, Julio: la III Región acumula > 500 horas de frío; en la IV Región acumula > 300 horas de frío; mientras que la Región Metropolitana y la VI Región, > 700 y > 600 horas de frío, respectivamente.

De la floración en adelante

En la etapa de floración es primordial tener un buen raleo natural y con inducción de prácticas agronómicas (nutrición foliar y radicular + regulador de crecimiento), para que favorezcan nuestros costos en mano de obra a futuro (arreglos de racimos). En general, toda variedad nueva presenta alta sensibilidad al ácido giberélico (GA3), por lo que las concentraciones a ocupar son muy bajas. En muchos casos no es necesaria su aplicación por su alta sensibilidad, por lo que se debe tener extrema precaución. Para tener una alta probabilidad de buenos raleos, se deben conjugar 3 factores: vigor de la planta – alta temperatura – baja humedad relativa. Estas variables se deben complementar en todo el período de floración, que dura entre dos a tres semanas, de acuerdo a cada zona y variedad.

Ya con la cuaja presente se determinan las estrategias de crecimiento que cada línea técnica pueda asumir. Generalmente a partir de los 6 a 8mm de diámetro de baya en variedades nuevas (porque en variedades tradiciones seedless en general es con un diámetro de 4 a 5 mm), es necesario comenzar con las aplicaciones de crecimiento en base a reguladores de crecimiento y bioestimulantes, junto con nutrición foliar y fertilización al suelo – radicular.

El momento de comienzo de los arreglos de racimo también es vital, no solo para determinar el calibre de baya, su potencial, sino también para el engrosamiento del escobajo-raquis, que es importante para disminuir la deshidratación en poscosecha.

El engrosamiento del escobajo-raquis es un tema que se debe abordar en el mejoramiento de las características de calidad del racimo. Las nuevas variedades, al tener alta sensibilidad a los reguladores de crecimiento, ocupan mucho menor carga de aplicaciones; el crecimiento de baya en general se logra > 22 mm, por lo que las concentraciones que se aplican son bajas. Ello repercute en forma negativa sobre el escobajo – raquis, que también necesita estimulación hormonal. De ahí es el desafío de poder engrosar el escobajo sin llegar a sobrepasar los límites de flexibilidad (rigidez) con manejos agronómicos.

En precosecha, la estimulación de la madurez (color, consistencia-crocancia-firmeza), lo determinan varios factores, entre los que puedo mencionar la carga frutal en la planta, el tamaño del racimo (n° de bayas), vigor de la planta, entrada de luz y fertilización, entre otros.

Además, en este periodo, un factor que toma vital relevancia es la sanidad, dado que tenemos que asegurar fruta sana en los largos recorridos que tienen nuestros productos hacia los mercados de destino. En este sentido, contamos con limitada tolerancia de ingredientes activos, tanto en número como en concentraciones de LMR (límite máximo de residuos), lo que representa otro desafío constantemente temporada tras temporada. En ello ha mejorado ampliamente la oferta de productos biológicos, cero residuos, que se complementan muy bien con las moléculas químicas. Acá el objetivo pasa por llegar a la cosecha con el mínimo de residuos de ingredientes activos químicos.

El final del camino

Llegamos a la cosecha, que es la parte cúlmine, pero no final de la producción; determinante en el resultado final y en los costos totales. Solo termina el ciclo de producción cuando se saca la rentabilidad del cultivo en el año. Por ello es tan importante que toda línea técnica esté fuertemente afianzada con la parte comercial, es decir, toda decisión técnica tomada durante todo el ciclo fenológico de la uva debe estar en complicidad con el área comercial.

Todo el período se debe sostener, por supuesto, con la disponibilidad y calidad hídrica adecuada, y cuyos volúmenes a ocupar en la temporada estarán determinados por las texturas de suelo que presente el campo y los potenciales de producción estimados para cada variedad.

Después de analizar medidas para cada etapa de producción en este cultivo, me vuelvo a preguntar, qué hacer bajo la situación actual del negocio. Siempre se puede mejorar y optimizar las labores y costos de producción, pero es vital que los retornos mejoren, ya que en muchos casos no alcanzan a cubrir los costos de producción, lo cual es una situación muy grave y determinante para el futuro del negocio.

Por ello es importante la definición de la producción, porque sin rentabilidad no hay futuro. Son sabidos los volúmenes estándar de consumo en los principales mercados de destino de nuestra fruta, pero hoy existen volúmenes altos en el bloque del hemisferio sur: Perú cuenta con 79 millones de cajas, mientras que Chile, con 68 millones de cajas. Así, es muy poco probable que pretendamos tener precios de retorno adecuados para tener una buena rentabilidad, a menos que incentivemos fuertemente un aumento de consumo de nuestra fruta “uvas” como un alimento saludable y que entrega otros beneficios (bienestar, placer, felicidad). Incentivar el consumo de uva es una tarea ardua y de conjunto, pues debemos recordar que compite con otras frutas de postre que son de excelente atractivo para el consumidor.

Todas las consideraciones que podamos tomar en cada etapa de producción se deben hacer de la mano de los cálculos. Todo lo que se decida redefinir de cara a las próximas temporadas debe asegurar una determinada rentabilidad. Tomemos nota, cuestionemos y tomemos acciones.