Aportes al conocimiento de plagas en el cultivo de arándano

La expansión del arándano peruano redefine el escenario fitosanitario: nuevas variedades, sistemas de cultivo y la ampliación del calendario productivo obligan a revisar las estrategias de manejo integrado de plagas.
Septiembre 15, 2026

Por: Jorge Castillo Valiente Ph.D. Universidad Nacional Agraria La Molina

El auge del arándano peruano reconfiguró el mapa de riesgos fitosanitarios del cultivo. Desde sus primeras etapas comerciales, la industria ha debido enfrentar la presencia de insectos como Chloridea virescens, Argyrotaenia sphaleropa, Bemisia tabaci y Aleurodicus juleikae, entre otras especies de importancia económica. Sin embargo, la rápida evolución del cultivo modificó significativamente este escenario, lo que obliga a replantear las estrategias tradicionales de manejo integrado de plagas (MIP).

En la actualidad, el cultivo presenta una realidad muy distinta a la de sus inicios. La incorporación de nuevas variedades, la adopción de sistemas de producción en macetas con distintos sustratos y la búsqueda de fruta durante prácticamente todo el año han generado condiciones distintas para el desarrollo de insectos y otros organismos asociados al cultivo. En este contexto, comprender cómo interactúan estos factores resulta fundamental para diseñar programas de manejo más eficientes y sostenibles.

Un cultivo en constante evolución

Una de las principales transformaciones ha sido la diversificación genética. Variedades tradicionales como Biloxy, Ventura y Emerald, que marcaron el inicio de la industria, han dado paso a nuevos materiales de alto potencial comercial, entre ellos Sekoya Pop, Sekoya Beauty, Mágica, Rosita y Raymi. Estas variedades destacan por su mayor productividad, calibre y calidad de la fruta, pero también presentan distintos niveles de susceptibilidad frente a determinadas plagas, por lo que su comportamiento fitosanitario debe evaluarse de manera individual.

A este cambio se suma la transición de los sistemas tradicionales de plantación en suelo al cultivo en macetas, que utiliza sustratos como turba, fibra de coco o perlita. En muchos casos, estos sistemas favorecen un mayor vigor vegetativo y una arquitectura de planta más frondosa, creando microambientes que pueden servir de refugio para diversos insectos. En otras situaciones ocurre el efecto contrario: cuando el programa de fertilización no acompaña adecuadamente el desarrollo del cultivo, las plantas presentan menor vigor y un comportamiento fisiológico que puede confundirse con problemas fitosanitarios.

Otro aspecto relevante es la adaptación del manejo agronómico a las condiciones locales. En ocasiones se han replicado modelos de conducción desarrollados para variedades con altos requerimientos de horas de frío, cuando gran parte de las variedades cultivadas en Perú requieren muy pocas o ninguna. Como consecuencia, algunas prácticas agrícolas pueden desencadenar respuestas fisiológicas adversas en condiciones cálidas, síntomas que con frecuencia se interpretan erróneamente como problemas causados por plagas o enfermedades.

La importancia del manejo integrado

En los distintos agroecosistemas donde hoy se cultiva arándano en Perú, existen diversas propuestas de Manejo Integrado de Plagas (MIP) que consideran la interacción entre factores biológicos, físicos y agronómicos. La experiencia ha demostrado que los problemas fitosanitarios no pueden resolverse únicamente mediante aplicaciones químicas calendarizadas.

Los mercados de exportación exigen cada vez mayores estándares respecto de los residuos de plaguicidas y el manejo de la resistencia, por lo que resulta indispensable apoyar las decisiones de control mediante monitoreos permanentes, evaluaciones de campo y umbrales de acción que permitan intervenir únicamente cuando sea necesario.

A este escenario se suma un desafío adicional: la producción continua de fruta. Durante los primeros años del cultivo comercial, la cosecha se concentraba entre agosto y diciembre, permitiendo realizar labores de poda, limpieza y manejo que interrumpían naturalmente el ciclo biológico de muchas plagas. Actualmente, la producción, prácticamente durante todo el año, reduce estas ventanas de manejo y favorece la permanencia de diversas especies en el huerto.

Plagas de importancia regional

Algunas plagas presentes en arándano también afectan a numerosos cultivos agrícolas, por lo que su manejo requiere una estrategia territorial y la participación coordinada de distintos productores.

Uno de estos casos corresponde a la mosca de la fruta, Ceratitis capitata (foto 1), especie con más de 250 hospederos conocidos. Su control depende tanto de las prácticas implementadas por los agricultores en los diferentes cultivos hospedantes como del trabajo del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA). Se estima que los adultos pueden desplazarse aproximadamente tres kilómetros desde el sitio de emergencia; sin embargo, si no encuentran hospederos susceptibles, pueden recorrer distancias aún mayores. Por esta razón, su manejo debe centrarse principalmente en medidas culturales y en el control de adultos, especialmente en zonas donde existen especies arbóreas que favorecen la formación de “leks” o grupos de apareamiento.

Foto 1. Captura de mosca de la fruta.

Otra especie que ha cobrado creciente importancia es Scirtothrips dorsalis (fotos 2, 3 y 4), reportada en Perú hace aproximadamente tres años y considerada actualmente una de las principales amenazas para cultivos como la vid y el arándano. Este trips presenta diferencias morfológicas respecto de especies más conocidas, como Frankliniella spp. y Thrips tabaci, lo que hace indispensable una correcta identificación antes de definir cualquier estrategia de manejo.

En arándano, S. dorsalis coloniza principalmente los brotes tiernos, donde puede inhibir el crecimiento vegetativo y afectar la formación de yemas. Si sus poblaciones no se controlan oportunamente durante esta etapa fenológica, el daño puede extenderse posteriormente a la fruta.

Al inicio, el manejo de esta plaga se basó casi exclusivamente en aplicaciones químicas realizadas ante la mera detección del insecto. Con el tiempo, se ha comprendido mejor su dinámica poblacional, observándose que las infestaciones aumentan durante el verano y que los hospederos alternantes, como la vid, diversas malezas y otras especies vegetales, desempeñan un papel relevante en su dispersión.

Asimismo, la respuesta de las variedades de arándano no es uniforme. Algunas presentan únicamente un ligero raspado superficial en los brotes, sin comprometer la fruta, ya que poseen bayas pedunculadas o racimos más abiertos. Otras, en cambio, desarrollan racimos compactos y bayas con pedúnculos cortos, condiciones que favorecen la tigmotaxis del insecto, es decir, su tendencia natural a refugiarse en espacios estrechos y protegidos.

También es frecuente atribuir incorrectamente ciertos daños en la fruta a la acción de S. dorsalis. En numerosas ocasiones, los raspados observados corresponden al roce entre bayas o al contacto con pequeñas hojas secas presentes en el racimo, lo que provoca síntomas muy similares a los ocasionados por el insecto.

Otra plaga de importancia corresponde a especies de la familia Scarabaeidae, particularmente Paranomala undulata peruviana (fotos 5 y 6). Estos insectos encuentran condiciones favorables en ambientes con abundante materia orgánica en descomposición y en áreas con presencia de gramíneas. Su incidencia ha aumentado especialmente en cultivos establecidos en macetas, donde el sustrato se degrada progresivamente con el tiempo.

Las larvas dañan el sistema radicular, mientras que los adultos consumen flores, brotes y frutos. Entre las alternativas de manejo destacan el uso de trampas de luz para disminuir las poblaciones de adultos y la aplicación de nemátodos entomopatógenos para controlar las larvas.

Foto 5. Larvas de Scarabaeidae
Foto 6. Adultos de Paranomala en flores

Plagas específicas y desafíos emergentes

Entre las plagas más específicas del cultivo destacan los pseudocóccidos, conocidos comúnmente como “cochinillas harinosas” o “chanchitos blancos”. Su incidencia varía considerablemente según la variedad cultivada y la edad de la planta. A medida que el huerto envejece, los tallos desarrollan ritidoma, una corteza rugosa que genera refugios naturales donde estos insectos pueden establecerse y multiplicarse.

Se trata de organismos morfológicamente muy frágiles, por lo que buscan constantemente lugares protegidos dentro de la planta. Es posible encontrarlos en yemas, raíces, suelo, debajo del ritidoma, en heridas de poda, entre malezas, en macetas y en diversos espacios donde permanecen resguardados de las condiciones ambientales y de las aplicaciones fitosanitarias.

Aunque existen varias especies de pseudocóccidos con características morfológicas similares, presentan diferencias biológicas que obligan a definir estrategias de manejo específicas para cada una. Independientemente de la especie involucrada, todas pueden provocar importantes pérdidas económicas debido a la producción de mielecilla, que favorece el desarrollo de fumagina y ocasiona el ennegrecimiento de la planta, además del daño cosmético que afecta directamente la calidad comercial de la fruta (fotos 7, 8 y 9).

El manejo de estas plagas debe iniciarse desde la poda, favoreciendo una arquitectura de planta abierta y bien ventilada que facilite la penetración de las aplicaciones hidroneumáticas y reduzca la presencia de refugios. Asimismo, resulta recomendable eliminar las ramillas ubicadas en la parte inferior de la planta, donde normalmente se establecen las primeras infestaciones.

En los últimos años se han obtenido resultados prometedores mediante el uso de entomopatógenos aplicados en el interior de la planta. Sin embargo, su mayor eficacia se alcanza cuando estas herramientas biológicas forman parte de un programa integrado y complementan aplicaciones químicas oportunas.

Nuevos escenarios fitosanitarios

Paralelamente, comienza a evidenciarse un problema emergente en distintas zonas productoras de la costa peruana, especialmente en Olmos, donde numerosas plantaciones de arándano se establecieron en terrenos que originalmente correspondían a bosques secos dominados por algarrobo.

En estas condiciones se ha observado que algunas variedades son más susceptibles que otras al ataque de Neoclytus unicolor (Cerambycidae). Después de la poda, determinados compuestos volátiles liberados por los tejidos vegetales —conocidos como kairomonas, sustancias químicas que atraen a ciertos insectos— favorecen inicialmente la llegada de los adultos, los cuales oviponen sobre los tallos recientemente podados. Posteriormente, las larvas barren la madera y, probablemente, facilitan la asociación con hongos xilófagos, agravando el problema fitosanitario (fotos 10, 11 y 12).

Foto 10. Larva de Neoclytus.
Foto 11. Planta infestada por Neoclytus.
Foto 12. Daño en tallos.

A medida que los huertos envejecen, aumenta la presencia de ramas secas y tallos que ya han concluido su ciclo productivo. Cuando este material no se elimina oportunamente, se convierte en un sustrato ideal para el establecimiento de diversas especies pertenecientes a las familias Cerambycidae —además de Neoclytus unicolor—, Buprestidae, Scolytidae y Termitidae, entre otros insectos que probablemente adquirirán mayor relevancia conforme los huertos continúen madurando.

Frente a este escenario, las prácticas culturales vuelven a adquirir un papel determinante. Una poda oportuna, el retiro del material envejecido y el trozado de las ramas antes de incorporarlas al suelo reducen significativamente la disponibilidad de sitios de reproducción para estos insectos, lo que contribuye a disminuir la presión que ejercen sobre el cultivo.

Una visión integral para el futuro del cultivo

La evolución que ha experimentado el arándano peruano demuestra que el manejo de plagas debe avanzar al mismo ritmo que el desarrollo de la industria. La incorporación de nuevas variedades, los sistemas de producción en macetas, la intensificación de las cosechas y la mayor permanencia del cultivo en el campo han modificado la dinámica de numerosas especies de importancia económica.

En este contexto, el Manejo Integrado de Plagas deja de ser una alternativa y pasa a ser una necesidad. El monitoreo permanente, el conocimiento de la biología de cada especie, la correcta identificación de los insectos presentes, las prácticas culturales, el manejo de la arquitectura de la planta y el uso racional de herramientas químicas y biológicas constituyen los pilares para enfrentar los desafíos fitosanitarios actuales.

Comprender cómo evolucionan las plagas y cómo responden a los cambios en los sistemas de producción permitirá anticiparse a nuevos problemas, reducir pérdidas y mantener la competitividad del arándano peruano en los mercados internacionales.

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