Chanchitos blancos en uva de mesa: Revisión de Planococcus ficus

Su control es complejo, por lo que es necesario aplicar una estrategia integral
Agosto 15, 2025

La familia Pseudococcidae estaría representada en Perú por 29 especies y 14 géneros. Su control es complejo debido  a su biología prolífica, hábitos crípticos y dificultades para manejar estados como huevos y hembras adultas; por lo que se recomienda una estrategia integral que combine varias herramientas y no dependa solo del control químico.

Christian Volosky Ferrand,
asesor entomológico

Los “chanchitos blancos” son insectos muy habituales en agroecosistemas frutales y en particular en vides, donde presentan una amenaza importante para los productores de uva de mesa debido a su habilidad para ocultarse en racimos y corteza, reproducirse rápidamente y dispersarse con facilidad. Su presencia afecta tanto el bienestar de las plantas como la calidad de la fruta para exportación, pudiendo ser causantes de rechazos de lotes completos en mercados internacionales, producto de su connotación cuarentenaria.

Estos insectos pertenecen a la familia Pseudococcidae y constituyen el segundo grupo más numeroso de la superfamilia Coccoidea, con aproximadamente 2.000 especies reconocidas a nivel mundial, siendo superada únicamente por Diaspididae, que cuenta con 2.437 especies actualmente reportadas.

A pesar de su relevancia como uno de los grupos que mayores daños ocasionan en la fruticultura de exportación, el estatus taxonómico actual de la familia Pseudococcidae en Perú presenta diversas incertidumbres, debido a la escasez de estudios científicos recientes que permitan determinar con exactitud el número de especies presentes en el país.

Salazar (1972) contribuyó significativamente al estudio local de los Pseudococcidae con su trabajo titulado “Aporte al  conocimiento de los Pseudococcidae del Perú”, donde entrega un listado de 13 especies y 10 géneros de chanchitos blancos, junto con datos sobre su distribución, biología, control biológico y ecología. En su investigación propuso un nuevo género para la familia, con la especie Gossypina glauca, luego identificada como sinonimia de Paracoccus solani. Desde entonces, la taxonomía de muchas especies ha cambiado: varias han sido renombradas, reclasificadas, sinonimizadas o consideradas dudosas: por ejemplo, Pseudococcus obscurus es actualmente Pseudococcus viburni; Tryonimus vallis cambió de género y hoy se denomina Chorizococcus rostellum y Planococcus kraunhiae ha sido descartada de Perú, siendo probablemente una incorrecta identificación de Planococcus ficus.

Según la información disponible actualmente, la familia Pseudococcidae estaría representada en Perú por 29 especies y 14 géneros (Ver Cuadro 1), un número muy modesto, atendiendo la gran biodiversidad existente en el país y que seguramente incrementará en el futuro, a la luz de nuevos trabajos.

Solo unas pocas especies afectan la uva de mesa, destacándose los géneros Planococcus, Pseudococcus y Ferrisia como los más relevantes. El presente artículo aborda la situación actual de Planococcus ficus o “chanchito blanco de la vid”, una especie descrita originalmente de la Península de Crimea, en el mar Negro, e introducida en Perú en una fecha indeterminada, que en la actualidad se encuentra ampliamente distribuida en el cultivo de la vid, donde ocasiona daños significativos y es causal de rechazos en distintos mercados de destino.

Un zoom al género Planococcus
Los chanchitos blancos del género Planococcus, son insectos pequeños. En estado adulto presentan una longitud de 3 a 4 mm y un ancho de 2 a 2,5 mm. Su cuerpo es ovalado, blando, de coloración rosada o amarillenta y está recubierto por una secreción cerosa pulverulenta blanca, secretada a través de poros denominados multiloculares, ubicados en su epidermis. Una banda dorsal oscura cruza longitudinalmente el cuerpo de hembras adultas, aunque hay ejemplares en que no se presenta o es muy tenue, siendo más notoria en la especie Planococcus citri que en P. ficus. Una serie de filamentos marginales cónicos se disponen por todo el cuerpo, en número de 18 pares, siendo el par caudal ligeramente más largo que sus antecesores, con una longitud de alrededor del 20% del largo total del cuerpo. Como la mayoría de las especies de Pseudocóccidos, Planococcus ficus presenta un marcado dimorfismo sexual, con machos alados y más pequeños que la hembra (0,7 a 1,5 mm), cuerpo de coloración marrón rojiza, ojos prominentes y largas antenas de múltiples segmentos.

Una particularidad del macho es que presenta un aparato bucal atrofiado, que le impide alimentarse, por lo que su vida es bastante corta, apenas sobrepasando las 72 horas. Es una especie ovípara, que deposita entre 50 y 800 huevos al interior de ovisacos.

Las especies Planococcus ficus, Planococcus citri y Planococcus minor son indistinguibles a nivel de campo y su identificación específica puede ser realizada únicamente por especialistas mediante taxonomía clásica de hembras adultas o análisis moleculares.

Su biología y reproducción
La biología de Planococcus ficus es poco clara debido a las dificultades en su identificación. Es una especie multivoltina con entre 3 y 7 generaciones anuales: 3 en Italia, 5-6 en Sudáfrica, 3-7 en California (más agresiva en el Valle de San Joaquín) y se estima de 4 a 7 en Perú, aunque no hay datos confiables para este último país.

En muchas zonas esta especie no hiberna, como ocurre en California, donde es común encontrar, durante el invierno, todos los estados de desarrollo presentes bajo la corteza, dentro de yemas o en raíces. Este último comportamiento es usual en suelos arenosos y poco frecuente en suelos pesados. En algunas regiones de Argentina y Perú puede hibernar como huevo al interior de ovisacos.

El peak poblacional ocurre siempre desde mediados a fines de primavera, y hay una importante reducción de las poblaciones en verano, debido a las altas temperaturas, que hacen incrementar su mortalidad y la acción de parásitos. Un segundo peak se observa en otoño, durante los meses de marzo y abril.

En Perú se han observado dos comportamientos muy notables. Hacia la zona sur, una fracción de la población se mantiene durante todo el año en la zona inferior del tronco de la vid, cerca del cuello de la planta. Por su parte, en el norte, esta población disminuye hacia el verano abandonando dicha zona y dispersándose hacia brazos, brotes, follaje y fruta.

El uso de cubiertas plásticas en ciertas variedades de vid, como Sweet Globe, influye en la dinámica poblacional de los chanchitos blancos. Estas cubiertas modifican variables como la temperatura media, la humedad, la radiación solar y la ventilación en las plantaciones, lo que puede favorecer el desarrollo de las poblaciones e incrementar el número de generaciones durante la temporada.

En cuanto a la biología del macho, su vida es breve y su principal función es reproductiva. Puede aparearse hasta 19 veces en un periodo de poco más de tres días. No existen investigaciones específicas sobre el tipo de reproducción de Planococcus ficus, pero se cree que es similar a la de Planococcus citri, es decir, que presenta un modo de reproducción típicamente anfigónico y un sistema de determinación sexual basado en la condensación de la estructura cromosómica de origen paterno en la línea masculina. Sin embargo, Lentini et al (2009) demostraron, mediante estudios de laboratorio, su capacidad de reproducirse por partenogénesis en Italia, lo que podría indicar la existencia de una raza especial en dicho país, o la opción de que esta especie pueda generar partenogénesis facultativa. En el caso de Perú y en atención a los sobresalientes resultados de control obtenidos con la técnica de confusión sexual, todo apunta a que la reproducción del chanchito blanco de la vid sería exclusivamente sexual.

Causante de múltiples daños
El chanchito blanco de la vid es una especie relativamente polífaga descrita en unas 50 plantas de 41 géneros y 31 familias botánicas, aunque su rango real de hospederos podría ser menor debido a dificultades de identificación. Es especialmente común en vid e higuera, consideradas sus principales hospederos. En Perú también se ha encontrado en cercos vivos de aromo y malezas, como el tomatillo y el abrojo (J. Sosa, com. per.). También se ha reportado en granado, palma datilera, palto, nogal, mango, cacao y algunas ornamentales como bambú, sauce y dalia, aunque muchos de estos registros son cuestionables según el autor.

Planococcus ficus puede causar múltiples daños en la vid, que van desde simples defectos cosméticos, hasta defoliación y muerte de la planta, en los ataques más severos. Incluso en bajos niveles poblacionales, esta especie es capaz de ocasionar significativos daños, al ser vector de virus asociados a la vid, además de su mencionada connotación cuarentenaria para múltiples mercados de destino de la uva.

Los chanchitos blancos son capaces de alimentarse de cualquier órgano del vegetal, donde insertan su aparato bucal y succionan asimilados desde el floema de la planta. Este, consiste en una sustancia rica en hidratos de carbono, pero pobre en proteínas, por lo que el insecto debe consumir grandes cantidades para obtener las proteínas necesarias para completar su ciclo. Como resultado de esta alta actividad trófica, las colonias se ven obligadas a deshacerse del exceso de carbohidratos, lo que hacen mediante la excreción de fluidos azucarados o mielecilla. Dicha sustancia se deposita sobre madera, brotes, hojas y frutos, favoreciendo el crecimiento de hongos saprófitos del género Capnodium, conocidos como fumagina, que reducen significativamente las tasas fotosintéticas de la planta, llegando incluso a producir defoliación. A nivel de frutos se genera un manchado de bayas, que puede ser causal de rechazos, mientras que aquellos racimos infestados son más propensos a pudriciones.

Como vectores de virus, los chanchitos blancos son sindicados como transmisores del Grapevine Leafroll associated viruses (GLRaVs), un grupo de virus perteneciente a la familia Closteroviridae. La transmisión del virus es del tipo no persistente, es decir, el insecto pierde el virus después de cada muda y lo recupera al alimentarse de plantas infectadas. Los estados inmaduros (N1 y N2), al ser los de mayor actividad trófica, son los más eficientes en la adquisición del virus y, por tanto, los principales responsables de la transmisión a plantas sanas, en las que la sintomatología del virus puede expresarse durante la misma temporada, o bien, en posteriores.

Algunos estudios han estimado pérdidas de rendimiento de entre un 30% y 40% en viñedos de California, como consecuencia de la enfermedad viral del GLRaV (Mansour et al, 2016).

Un control integrado
El control de esta especie es complejo por su biología prolífica, hábitos crípticos y dificultades para manejar estados como huevos y hembras adultas. Se recomienda una estrategia integral que combine varias herramientas y no dependa solo del control químico, para mejorar la eficacia y reducir residuos y daño ambiental. El monitoreo debe aportar datos clave sobre el desarrollo de la plaga, ubicación de colonias y presencia de enemigos naturales, facilitando decisiones oportunas y eficientes de manejo.

Control biológico
La superfamilia Coccoidea es un grupo conocido por su susceptibilidad al control biológico, con ejemplos documentados de efectividad en diferentes contextos. En la familia Pseudococcidae, el control biológico se ha estudiado ampliamente, demostrando ser una herramienta válida para reducir su impacto, aunque requiere un manejo más detallado que los métodos convencionales.

Foto 1: Relación de trofobiosis entre chanchitos blancos y hormigas.

Existen dos grupos principales de insectos utilizados como agentes de control biológico: parasitoides y depredadores. Dentro de los primeros, la familia Encyrtidae representa uno de los grupos con mayor cantidad de especies utilizadas, como Leptomastix epona, Anagyrus pseudococci y Acerophagus flavidulus. Esta última fue introducida en 1994 en California para el control de Pseudococcus viburni. Los depredadores suelen ejercer un control menos específico debido a sus hábitos alimenticios generalistas; destacan representantes de los órdenes Coleoptera y Neuroptera. Cryptolaemus montrouzieri (un coccinélido originario de Australia) ha logrado establecerse en algunas zonas de clima templado y también ha sido criado en cautiverio para el control biológico inundativo, principalmente en frutales de hoja persistente. Sin embargo, los resultados en vid han sido poco concluyentes. Sympherobius sp. y Chrysoperla sp., ambos del orden Neuroptera, también se encuentran presentes en parronales, aunque hasta ahora no se ha reportado éxito significativo en el control de chanchitos blancos. Actualmente, se reconocen 108 especies de enemigos naturales de Planococcus ficus a nivel mundial, siendo las familias Encyrtidae, Coccinelidae y Aphelinidae las más relevantes, con 33, 24 y 8 especies, respectivamente.

El control biológico puede verse limitado cuando hay colonias de hormigas asociadas  con chanchitos blancos, debido a que estos himenópteros han desarrollado una relación mutualista denominada trofobiosis. En este tipo de interacción, las hormigas se alimentan de la melaza producida por los chanchitos blancos y protegen a estos insectos frente a parásitos y depredadores (Ver foto 1), lo cual reduce la eficacia del control biológico.

Además, se ha observado que algunas especies de hormigas pueden trasladar en sus mandíbulas a ninfas de chanchitos blancos, en un fenómeno denominado foresis, lo que podría contribuir a la diseminación de las colonias
hacia plantas previamente no infestadas. Además de los insectos, el uso de hongos y nematodos entomopatógenos representa alternativas de interés para el control de chanchitos blancos, considerando los resultados obtenidos y las tendencias hacia la reducción de plaguicidas en la producción frutícola. Saranya (2008) reportó que aplicaciones in vitro de Beauveria bassiana, Metarhizum anisopliae y Verticillium lecanii lograron niveles de mortalidad de 45,3%, 75,5% y 91,1%, respectivamente, sobre Planococcus citri. Respecto a los nematodos, especies de los géneros Heterorhabditis y Steinernema mostraron niveles de control superiores al 80% en Pseudococcus viburni y mayores al 90% en Planococcus citri (Mani et al., 2016).

Feromonas
Las hembras de los chanchitos blancos, como las de muchas otras especies de insectos, liberan una feromona sexual para atraer a los machos alados y realizar la cópula. Junto al control biológico, el manejo integrado de Planococcus ficus ha avanzado notablemente en los últimos años gracias a la incorporación de estrategias innovadoras, como la utilización de feromonas para la confusión sexual. Esta técnica consiste en dispersar compuestos químicos específicos en la plantación de vid, que imitan las señales sexuales de la especie, desorientando a los machos e impidiendo su apareamiento efectivo. De este modo, se logra interrumpir el ciclo reproductivo y disminuir paulatinamente la presencia de la plaga en los cultivos.

El uso eficiente de las feromonas no solo promueve la reducción de la dependencia de insecticidas, sino que también contribuye a la sostenibilidad del agroecosistema y a la aceptación de la fruta en mercados cada vez más exigentes en cuanto a residuos químicos. Los resultados obtenidos en distintas regiones vitivinícolas muestran que la combinación de monitoreo preciso, control químico y biológico y estrategias de confusión sexual puede lograr una gestión más eficaz y ambientalmente responsable del chanchito blanco, asegurando así la productividad y calidad de los predios de uva de mesa.

Este compuesto ha sido sintetizado de manera artificial con el propósito de emplearse en el control de poblaciones de chanchitos blancos. Las feromonas sintéticas de confusión sexual se aplican en los predios a concentraciones considerablemente superiores a las producidas naturalmente por los insectos, lo que induce la desorientación de los machos e impide su localización eficaz de las hembras, evitando así la cópula. Este método de control puede implementarse mediante difusión pasiva -a partir de emisores instalados en la vid-, aerosoles, o formulaciones microencapsuladas para aplicación foliar. Todas estas alternativas han demostrado resultados satisfactorios en países como Estados Unidos, Italia, España, Australia y Sudáfrica, entre otros.

Foto 2: Emisor pasivo de feromonas de Planococcus ficus.

Daane et al. (2021) evaluaron diferentes tecnologías de aplicación de feromonas y concluyeron que tanto los emisores de difusión pasiva, como los aerosoles y las formulaciones microencapsuladas asperjables, disminuyeron significativamente la captura de machos y/o el daño en el cultivo. Los resultados del estudio indican que la utilización de 310 y 465 emisores por hectárea redujo el daño de manera comparable a la dosis comercial estándar de 615 emisores por hectárea, lo que podría traducirse en una reducción significativa de los costos de manejo.

En Perú hay importantes avances en este sentido, y la utilización de feromonas de confusión sexual es una práctica cada vez más habitual. Los emisores se instalan entre el día 25 y 35 después de la aplicación de cianamida (Ver foto 2), cuando la planta ya tiene brotes que permitan sostenerlos. En la Figura 1 se muestra el efecto de las feromonas de confusión sexual en un programa de chanchitos blancos en la zona de medio Piura. Los difusores, instalados el día 25 después de la aplicación de cianamida, a partir de los 20 días de su instalación deprimieron aceleradamente las poblaciones y al día 119 lograron una disrupción plena, la que se grafica en la ausencia de huevos y nacimientos. La duración de las feromonas siempre es motivo de controversia, puesto que resulta difícil que en condiciones como las del norte de Perú puedan estar activas 180 días, como indican sus fabricantes. Sin embargo, considerando el momento de instalación y la duración del ciclo de la vid, la residualidad que aportan es suficiente para lograr un control exitoso en conjunto con el control químico.

El efecto de las feromonas es progresivo, y se estima que al cabo del tercer año de uso logran el mejor efecto reduciendo la incidencia y severidad de la plaga.

Control químico
El control químico constituye el método más común y extendido entre los productores de uva de mesa. Si bien representa una de las estrategias con mayor efectividad, también es objeto de debate debido a su impacto ambiental y a los posibles efectos adversos sobre el consumidor final y el personal aplicador.

Foto 3: Crawlers de chanchitos blancos recién eclosionados en proceso de migración.

No obstante, la aplicación del control químico no implica necesariamente resultados negativos. La adopción rigurosa de lineamientos como el respeto a los períodos de resguardo, los intervalos de precosecha y el cumplimiento estricto de las recomendaciones establecidas en las etiquetas; permite mitigar riesgos, favorecer un control eficiente y reducir al mínimo los posibles impactos.

El monitoreo es fundamental para determinar estrategias de control, ya que los productos de contacto resultan más efectivos en procesos de migración (Foto 3), mientras que un mayor consumo por parte de colonias de chanchitos blancos se gestiona mediante insecticidas sistémicos (Foto 4). La rotación de modos de acción contribuye a evitar el desarrollo de resistencias y mantiene la eficacia de las moléculas a lo largo del tiempo. En Perú, buprofezin, flupyradifurone, pyriproxyfen, spirotetramato, sulfoxaflor e insecticidas neonicotinoides como imidacloprid, dinotefuran, acetamiprid y thiamethoxam pueden ser opciones válidas si se emplean conforme a las recomendaciones técnicas y los límites establecidos por cada mercado.

Foto 4: Colonia de P. ficus alimentándose del follaje.

Las aplicaciones al sistema de riego muestran eficiencia cuando se realizan durante períodos de crecimiento activo de raíces, aunque presentan consideraciones particulares que deben tenerse en cuenta. Los insecticidas empleados requieren características específicas como movilidad adecuada en el suelo, persistencia y baja bioacumulación, factores determinados por sus propiedades físico-químicas (ej., Kow, Koc, DT50). Las condiciones del suelo influyen en la movilidad y efectividad de los insecticidas: en suelos arenosos, estos se desplazan con rapidez, mientras que en suelos arcillosos o ricos en materia orgánica la dinámica es distinta. Todos estos factores deberán ser debidamente analizados antes de realizar cualquier recomendación técnica. Por ejemplo, en suelos arcillosos se ha registrado buen desempeño con dinotefuran, mientras que imidacloprid y thiamethoxam han mostrado mejores resultados en suelos arenosos. Acetamiprid, por su vida media en el suelo, no está recomendado para aplicaciones al sistema de riego.

Es importante considerar las normativas específicas de cada mercado, ya que ciertos compradores pueden imponer restricciones tanto a la presencia de residuos en fruta como al uso de determinadas moléculas.

Respecto a las aplicaciones de poscosecha, estas deben ser realizadas considerando altos cubrimientos, dirigidas a la madera y asegurándose de que el insecticida que se utilice llegue adecuadamente a las colonias de chanchitos blancos, que estarán resguardadas bajo la corteza de las parras. Es posible utilizar un modo de acción diferente a los aplicados durante la campaña, lo que aportará en la rotación. Los mejores resultados se han logrado con los insecticidas profenofos y diazinon.

En las aplicaciones foliares, tanto la selección como la rotación de moléculas son relevantes, pero la calidad de la aplicación es un factor determinante en los resultados de cualquier programa. Las velocidades de aplicación bajas (por ejemplo, 3 km/h) y presiones moderadas (5-8 bar) se asocian con mejores niveles de control. Por otro lado, la misma estrategia utilizada a velocidades y presiones más altas presenta una eficacia menor.