Construyendo la temporada desde la poscosecha

Esta tarea comienza desde la floración, pero a partir de cosecha nos jugamos la mantención de los primordios inducidos, mediante un manejo integral que combine nutrición adecuada, protección foliar y manejo hídrico.
Abril 20, 2026

Por Diego Bustos, Asesor Internacional uva de mesa Rupestris Consulting y Luis Garavito, Asesor uva de mesa y frutales, Gerente Rupestris Consulting Perú

La definición de la próxima temporada comienza desde la cosecha del ciclo anterior, preparando a la parra para la acumulación de reservas en zonas donde se realiza poscosecha o para la poda de formación en regiones tropicales como Piura e India. El manejo adecuado durante esta etapa crítica determina la capacidad de la planta para nutrir estructuras de alto potencial productivo, garantizar vigor en los brotes y optimizar la fertilidad de yemas y racimos.

El éxito en la siguiente campaña depende de un manejo integrado de nutrición, balance hídrico y protección de la canopia, orientado a mantener la actividad fotosintética, asegurar la translocación de carbohidratos a raíces y cargadores, y reducir los impactos del estrés abiótico. En zonas con condiciones ambientales que permiten producir con una sola poda, como Ica y Chile, el principal objetivo es prolongar la actividad fotosintética en poscosecha y promover la acumulación de reservas antes de invierno. Por su parte, en regiones tropicales con condiciones propicias a vigorización de la canopia, como Piura e India, se busca equilibrar crecimiento vegetativo y formación de estructuras reproductivas durante la poda de formación.

Lo que debemos tener claro es que en cualquier realidad productiva, 1 o 2 podas, los racimos se inducen, diferencian y nutren durante el ciclo anterior pero expresan su potencial en la temporada siguiente acorde a la capacidad de la planta de sustentar la fase inicial de desarrollo, la que se construye principalmente en poscosecha/ciclo de formación.

Primordios florales en análisis de yemas, foto de Monteiro et al., 2021

Un balance clave: riego y nutrición

El desafío clave durante la poscosecha y la poda de formación es mantener un balance hídrico que sustente los procesos fisiológicos sin generar estrés que inicie producción endógena de ABA y su consecuente desmedro sobre la actividad fotosintética, pero que al mismo tiempo, sea lo suficientemente restrictivo para no gatillar rebrotación.

En zonas tropicales como Piura e India, el riego es una herramienta efectiva para controlar vigor de brotes, evitando que la canopia crezca excesivamente y comprometa la formación de primordios de inflorescencias por desbalances nutricionales. En tanto, en regiones con temperaturas moderadas y estaciones marcadas, como Ica y Chile, el riego se ajusta paulatinamente para enviar señales a la planta para que comience la translocación de carbohidratos hacia raíces y cargadores, buscando consolidar niveles adecuados de reserva previo a entrada en receso (Chile) o a la poda (Ica).

La nutrición complementa este manejo: aplicaciones al suelo de NPK, magnesio y zinc, y foliares con extractos de algas, aminoácidos y boro, permiten mantener la funcionalidad fotosintética de hojas y promover lignificación de la madera, mientras se optimiza la acumulación de reservas en estructuras clave. La combinación de riego y nutrición cuidadosamente sincronizada garantiza que la planta mantenga hojas verdes activas el mayor tiempo posible, maximizando la fotosíntesis y evitando la caída temprana del follaje, un indicador crítico de disminución de vigor y producción futura.

Diversos estudios han demostrado que la fertilidad de yemas se define durante el ciclo previo, a través de la formación y diferenciación de primordios reproductivos (anlagen), procesos altamente sensibles al balance energético y al estrés abiótico (Monteiro et al., 2021), donde el umbral de temperatura óptimo para diferenciación de primordios o “anlagen” a racimos es 25 a 30ºC, rango que coincide con el umbral de máxima eficiencia fotosintética, indicando una relación directa entre capacidad de producir fotoasimilados con cantidad y calidad de racimos para la temporada siguiente.

Formación y expresión de racimos, extracto de Monteiro et al., 2021

Pero la diferenciación no termina al entrar en receso, culmina al inicio de la brotación de la temporada siguiente, donde los primordios florales continúan dividiéndose. Se trata de una fase crítica en zonas de cultivo tropical-subtropical, y en menor medida en zonas con estaciones marcadas de tipo templado-mediterráneo, donde condiciones ambientales que propicien desbalances hormonales en favor de giberelinas sobre citoquininas pueden gatillar reversión de racimos o “filage” al ser ambos órganos, racimos y zarcillos.

Racimo con filage, Perú.

Estrés abiótico y la disminución de fotosíntesis

El cambio climático ha puesto sobre la mesa la importancia de mitigar el estrés abiótico para mantener la productividad en el tiempo, pero no sólo estrés térmico, también lumínico. El estrés que antes asociábamos sólo a peaks de temperatura específicos en verano, hoy se ve potenciado por veranos y otoños más intensos, así como por falta de radiación asociada a lluvias en zonas de tipo tropical, lo que afecta directamente la producción de fotoasimilados, la acumulación de reservas y la calidad de las yemas para el siguiente ciclo.

Condiciones de altas temperaturas y radiaciones intensas inducen fotooxidación y fotoinhibición, generando ROS que dañan proteínas y membranas del Fotosistema II (PSII), reduciendo la eficiencia fotosintética. Baja radiación asociada a condiciones de lluvias estivales prolongadas en zonas tropicales también disminuye la actividad fotosintética, afectando niveles de reserva, especialmente en concentración de argininas.

Además del impacto inmediato, la fotoinhibición impone un costo energético diferido, ya que la planta debe invertir recursos para reparar el PSII y otros daños celulares antes de retomar la fotosíntesis plena. Este desgaste no solo compromete el balance energético momentáneo, sino que afecta la capacidad de la planta para acumular reservas en raíces y cargadores, disminuyendo el vigor de brotes y el rendimiento en la siguiente temporada.

El gráfico 1 (adaptación de Shtai et al., 2024, Plant and Soil), muestra cómo la fotosíntesis neta varía antes y durante una ola de calor a lo largo del brote.

Impacto general sobre fertilidad de yemas y racimos

Estudios recientes muestran que el déficit o exceso de agua y el estrés lumínico/temperatura durante la diferenciación de primordios de inflorescencias reduce la fertilidad de yemas, afectando directamente el número de bayas y el peso de los racimos, incluso si la cantidad de racimos por planta permanece constante.

Esta doble afectación —disminución directa de la fotosíntesis y costo energético para reparar daños y mantener fertilidad— fuerza a la planta a priorizar supervivencia sobre producción, limitando acumulación de carbohidratos y comprometiendo cantidad y tamaño de racimos en la temporada siguiente. Este efecto es crítico tanto en zonas de una poda, como Ica y Chile, donde el tiempo para acumular reservas en poscosecha es limitado; así como en ciclos de poda de formación en Piura e India, donde la canopia está expuesta a lluvias estivales, fluctuaciones en niveles de radiación y temperaturas elevadas durante períodos de formación de estructuras reproductivas.

Todo lo anterior lleva a analizar cómo mitigar el efecto del estrés abiótico, un punto clave para maximizar la productividad futura. Para lograrlo se recomienda:

  • Manejo hídrico estratégico, ajustando riego según región: restricción controlada en zonas tropicales; evitar sobre crecimiento, y en consecuencia, desbalances hormonales y nutricionales; ajuste de riego gradual en zonas de una poda para optimizar translocación a raíces y cargadores.
  • Protección foliar frente a fotooxidación y estrés lumínico, mediante algas, aminoácidos y productos que reduzcan formación de ROS, apoyando acumulación de almidón y mantención de actividad fotosintética, manteniendo una canopia saludable y activa, extendiendo la ventana de nutrición de primordios y aumentando la acumulación de reservas para brotación del ciclo siguiente.

Manejos integrales para resultados del mañana

La construcción de la próxima temporada comienza desde la floración, pero a partir de cosecha nos jugamos la mantención de los primordios inducidos, mediante un manejo integral que combine nutrición adecuada, protección foliar y manejo hídrico. Mantener hojas verdes activas, con capacidad fotosintética óptima, y asegurar la translocación de carbohidratos a raíces y cargadores, son estrategias esenciales para que la planta pueda acumular reservas suficientes y nutrir estructuras reproductivas de alto potencial. El cuidado en esta etapa define en gran medida la cantidad y tamaño de los racimos, así como el vigor de los brotes en el siguiente ciclo.

El estrés abiótico, especialmente la exposición a altas temperaturas y radiación, representa un desafío creciente que no solo reduce la fotosíntesis momentánea, sino que impone un costo energético diferido al repararse los daños en el PSII y neutralizar ROS. La pérdida de eficiencia fotosintética durante la reparación afecta directamente la acumulación de carbohidratos, la fertilidad de yemas y la conformación de racimos, con consecuencias que se reflejan en la producción de la próxima temporada. Este fenómeno es crítico tanto en zonas de una poda, como Ica y Chile, donde el tiempo para acumular reservas es limitado, como en zonas tropicales con ciclos de poda de formación, como Piura e India, donde el desafío es equilibrar vigor vegetativo y desarrollo reproductivo.

En definitiva, el manejo de poscosecha y de poda de formación no debe limitarse a un aporte de nutrientes o riego aislado, sino que requiere un enfoque integral, que considere la fisiología de la planta, la dinámica del estrés abiótico y la programación de reservas. Solo así es posible preparar el huerto para enfrentar los desafíos de la siguiente campaña, asegurando racimos bien formados, bayas de tamaño y peso óptimos, y un rendimiento consistente que soporte una producción elevada que cumpla con las exigencias de mercado.