Directo al objetivo

¿Qué debemos considerar para mejorar la eficiencia en la pulverización de fitosanitarios?
Junio 19, 2025

La pulverización suele ser una de las labores más deficientes en la agricultura, esto si se compara la gran cantidad de gotas que se generan a la sali­da del pulverizador con el bajo porcentaje que logra llegar al objetivo; consecuentemente, el control de plagas y enfermedades se vuelve una tarea compleja, provocando pérdidas eco­nómicas, productivas, y, sobre todo, una gran contaminación ambiental.

Patricio Abarca Reyes

INIA Rayentué

Nos referiremos específicamente a pulve­rizadores hidroneumáticos (Figura 1), por ser estos, los de uso más frecuente en los huertos frutales.

FACTORES QUE INFLUYEN EN LA EFICACIA DE UNA APLICACIÓN

Es importante mencionar los factores que in­fluyen en la eficacia de los productos fitosani­tarios ante el control de plagas y enfermedades en cultivos agrícolas, considerándolos como un conjunto de variables que se relacionan e influ­yen en el resultado final.

CONDICIONES ATMOSFÉRICAS

Aplicar bajo condiciones atmosféricas des­favorables, podría ocasionar pérdidas de los productos fitosanitarios; asimismo, provocar daños en el cultivo (o en terceros cultivos). En términos simples, se debe pulverizar siempre con menos de 25°C, con más de 40% de humedad relativa y con vientos menores a 6,5 km/h. Por lo anterior, los tratamientos nocturnos suelen ser los más apropiados.

MOMENTO OPORTUNO DE APLICACIÓN

Este factor se basa en la importancia de realizar monitoreo de las plagas y efectuar controles fitosanitarios cuando realmente sea necesario, tratando siempre de utili­zar plaguicidas específicos que no dañen a especies benéficas como depredadores de insectos plaga, parasitoides, polinizado­res, entre otros.

Figura 1: Pulverizador hidroneumático utilizado en cultivos frutales para la aplicación de productos fitosanitarios.

VOLUMEN DE PULVERIZACIÓN Y SU RELACIÓN CON EL VOLUMEN DE VEGETACIÓN

Uno de los problemas que incrementa la de­ficiencia de las pulverizaciones en frutales es la incorrecta forma de decidir o establecer los volúmenes de pulverización por hectárea, también llamado “mojamiento”. Se ha acos­tumbrado a utilizar un volumen de pulveri­zación fijo durante todo el año, sin tomar en consideración el crecimiento estacional del árbol, la densidad foliar, las características del plaguicida, el tipo de plaga o enfermedad, ni las diferencias en los marcos de plantación entre cuarteles de un mismo campo.

Lo anterior, conlleva a pérdidas que superan en muchos casos el 50% del volumen pulve­rizado y hasta un 80% en periodos de receso invernal en frutales de hoja caduca, perdiendo gran parte por deriva a lugares indeseados y es­currimiento al suelo dentro del mismo huerto.

Las plantas tienen la capacidad de retener una cierta cantidad de “líquido” en sus estruc­turas, y eso dependerá del tamaño de las gotas, las características de los tejidos vegetales y de los productos disueltos en el estanque de apli­cación, entre otros.

La especie vegetal, la densidad foliar del cultivo, la formación y conducción del huerto, son información importante para poder estimar los volúmenes de aplicación expre­sados en litros por hectárea (L/ha), la dosifi­cación del producto y el ajuste de los paráme­tros operativos de la maquinaria.

Menos de 25°C y sobre un 40% de humedad, y vientos menores de 6,5 km/h., es la condición ideal para pulverizar, por ende, los tratamientos nocturnos suelen ser los más apropiados.

 

METODOLOGÍA TRV PARA AJUSTAR EL VOLUMEN DE PULVERIZACIÓN

Sutton y Unrath (1984) y, Dris y Jain (2004), describen que Byers, Hickey y Hill, plantearon el concepto de TRV (“Tree Row Volume” o Vo­lumen de la hilera de árboles) para determinar el volumen de agua y agroquímico según las ca­racterísticas del huerto frutal. La metodología TRV permite ajustar el volumen de pulveriza­ción a utilizar, ya sea para una plaga o enferme­dad y para cada cultivo en específico.

Para la determinación del volumen de ve­getación a través del método TRV, solo se ne­cesita tres dimensiones del huerto; a) altura promedio de árbol (ADA); b) ancho promedio de copa o de follaje del árbol (ADC) y; c) la dis­tancia entre hileras (DEH), todas expresadas en metros (Figura 2).

El volumen de pulverización (L/ha) pue­de ser estimado de una forma simple, multi­plicando TRV por un valor «D». Donde “D” prácticamente está relacionado con el tipo de tratamiento, la densidad foliar del momento y la técnica de pulverización. En el caso de frutales de hoja caduca (con excepción de las vides), tratados con pulverizadores hidroneu­máticos, se debe considerar una dosis de 45 a 90 litros por cada 1.000 m3 de vegetación, dependiendo en gran medida de la densidad foliar al momento del tratamiento. Así, por ejemplo, considerando la Figura 2, el TRV se­ría de 14.822 m3/ha (2,9 m x 2,3 m x 10.000 m2/ha ÷ 4,5 m), y el volumen a pulverizar des­de una situación sin hojas (salida de invierno) hasta una situación de máxima expresión fo­liar, sería de 667 L/ha hasta los 1.334 L/ha, respectivamente. De acuerdo a la densidad foliar observada en la Figura 2, se debería pul­verizar un volumen de 80 L por cada 1.000 m3 de vegetación, arrojando un total de 1.186 L/ ha (14.822 m3/ha x 80 L ÷ 1000 m3).

En cítricos, se recomienda utilizar entre 80 y 140 L/1.000 m3 de vegetación, utilizando el valor más bajo (80 L) en aplicaciones de ferti­lizantes foliares, un valor intermedio (100 L) para plagas externas de menor complejidad y los valores más altos (120, e incluso 140 L) para plagas internas de difícil control.

El TRV solo permite “estimar” el volumen de mezcla que necesita el cultivo, pero no ase­gura que el cubrimiento sea uniforme en cada planta y en todo el huerto. Esto último depen­de exclusivamente del ajuste de los paráme­tros operativos del tractor y del pulverizador.

Figura 2: Dimensiones reales de un huerto comercial de carozos (ciruelos).

PLAGUICIDA, DOSIFICACIÓN Y CALIDAD DEL AGUA

La correcta elección del producto fitosanita­rio es esencial para lograr controles eficaces de plagas y enfermedades; asimismo, su rota­ción a nivel de grupo de acción es importante para evitar resistencia de los organismos a controlar.

Respecto a la dosificación de productos, se determina que, para frutales, lo óptimo es dosi­ficar el fitosanitario por cada 100 litros de agua, y el volumen a pulverizar por hectárea debe ser acorde al volumen de vegetación que presente el cultivo al momento del tratamiento (TRV). Así, por ejemplo, si por TRV se necesita pulverizar un volumen de 1.186 L/ha y la dosis del producto indica 50 cc/hL, se utilizarían 593 cc en una hectárea de suelo cultivada (50 cc x 1.186 L/ha ÷ 100 L).

Las dosificaciones por super­ficie, indicadas generalmente como cantidad de fitosanitario por hectárea, no es una dosifica­ción recomendada para frutales; ya que, en muchas ocasiones este método conlleva a errores, sobredosificando en cultivos muy pequeños y subdosificando en cultivos de gran altura. En otras palabras, cada vez que las etique­tas indiquen dosis por hectárea, se debe relacionar esa dosis con 10.000 m2 de cultivo; por esta ra­zón, se hace necesario determinar la superficie de pared en el caso de frutales. Así, por ejemplo, una etiqueta podría indicar aplicar en un huerto de carozos una dosis de 750 cc/ha; es decir, 750 cc en 10.000 m2 de cultivo. Si el cultivo es el de la Figura 2, se determina que ese huerto posee 12.889 m2 de superficie en una hectárea de suelo (2,9 m x 2 lados x 10.000 m2/ha ÷ 4,5 m); por lo tanto, la cantidad de plaguicida a utilizar sería 967 cc en una hectárea de suelo cultivada (750 cc x 12.889 m2 ÷ 10.000 m2).

Finalmente, la calidad del agua para la mezcla es vital en la via­bilidad del ingrediente activo y su eficacia sobre el cultivo y/u organismos a controlar. Es acon­sejable que (para la mayoría de los plaguicidas) el pH se encuen­tre entre 4,5 y 6,5. Por su parte, que los carbonatos no superen los 150 ppm.

INSPECCIÓN Y REGULACIÓN DEL PULVERIZADOR

La inspección y regulación del pulverizador son labores funda­mentales para lograr resultados eficientes en el uso de fitosanita­rios en cultivos agrícolas.

Por una parte, la inspección de pulverizadores en uso, consiste en la revisión visual y funcional de cada uno de sus elementos; tal que, permita cumplir perfecta­mente con 3 condiciones:

  1. a) Optimizar el uso de fitosanita­rios en los cultivos.
  2. b) Reducir la contaminación am­biental.
  3. c) Disminuir los riesgos de acciden­te del operador y terceras personas.

En nuestro país, uno de los pro­blemas más recurrentes encontra­dos en los pulverizadores hidroneu­máticos, corresponde a la escala de graduación de los manómetros, donde es habitual ver manómetros de 0 a 100 bar, y lo recomendable es que sea de 0 a 25 bar (Figura 3).

Figura 3: Izquierda, manómetro con escala de 0 a 100 bar, no apropiado. Derecha, manómetro con escala de graduación de 0 a 25 bar, apropiado para uso en pulverizadores hidroneumáticos.

Por otra parte, la regulación de los pulverizadores, tiene princi­palmente 2 objetivos:

  1. a) Ajustar el volumen de pulveriza­ción de acuerdo al TRV.
  2. b) Aplicar el fitosanitario de la for­ma más eficiente posible, mediante la generación de un buen tamaño de gota, que permita transportarlas hasta la planta, de modo de gene­rar un buen cubrimiento en todo el follaje, evitando la deriva y escurri­miento al suelo.

Los pulverizadores hidroneumá­ticos (Figura 1), también llamados “turbos”, “nebulizadores”, se carac­terizan por generar gotas por pre­sión de líquido, que luego se trans­portan a través de una corriente de aire formado por un ventilador de flujo axial. Por lo anterior, ya se pue­de entender que la elección de bo­quillas y el ajuste del caudal de aire, son dos parámetros muy importan­tes al momento de regular uno de estos pulverizadores.

Una forma adecuada de regular un pulverizador hidroneumáti­co, es determinar el caudal total de boquillas (CTB), a través del volumen de pulverización desea­do por TRV (VDA), la distancia entre hileras en metros (DEH) y la velocidad de avance en km/h (VA), por tanto:

El rango de caudales de boquillas para frutales debe ser de entre 1 a 3,5 L/min a una presión de 10 bar.

No usar menos de 6 boquillas por cada lado del pulverizador para huertos adultos en invierno (sin ho­jas) e ir aumentando el número de boquillas (hasta 12 por lado) cuando la densidad foliar se haga máxima. En cítricos adultos se recomienda utilizar entre 12 a 16 boquillas por cada lado del pulverizador.

Las velocidades de avance del pul­verizador más el tractor, dependerán exclusivamente de la especie frutal, la envergadura de las plantas, la den­sidad foliar y el tipo de tratamiento. Así, por ejemplo, en un cultivo de cítricos, como referencia, se debería trabajar entre 2 a 3 km/h para pla­gas internas (chanchitos blancos, escamas); entre 3 y 4 km/h para plagas externas (mosquita blanca) y entre 4 y 5 km/h para un fertilizante foliar dirigido a brotes nuevos. Para carozos y pomáceas, las velocidades pueden variar entre los 4,5 y 6 km/h, utilizando aquellas más bajas en períodos de mayor expresión foliar.

Para determinar la velocidad de avance, se debe medir una distan­cia mínima de 25 metros y tomar el tiempo que demora el pulverizador en condición de trabajo en recorrer dicha distancia.

Por ejemplo, si el tractor con el pulverizador en funcionamiento de­mora 21,5 segundos en recorrer 30 metros de distancia, entonces:

Por lo tanto, CTB es igual a:

Al dividir CTB en 2, se obtiene el CTB en cada sector del pulveriza­dor (44,65 L/min ÷ 2 = 22,33 L/ min). Este dato sirve para selec­cionar las boquillas más adecuadas a ubicar en el pulverizador, depen­diendo de la forma del árbol.

Entonces, si se utiliza 12 boquillas por cada lado del pulverizador y el cultivo presenta una forma según la Figura 4, se tiene:

Figura 4: Esquema de la distribución de caudales de boquillas para una formación en eje central.

De acuerdo al Cuadro 1, se de­termina que se debe utilizar boquillas entre 1,4 y 2,23 L/min, ubicando las de mayor tamaño en la parte superior del pulverizador.

Observando la Tabla 1, se podría optar por boquillas desde el color naranjo al co­lor verde a una presión de 10 bar, luego se ordenan para lograr un valor cercano a los 22,33 L/min requeridos.

Una vez seleccionadas las boquillas en con­formidad al CTB y porcentajes requeridos, se ubican en el pulverizador, se mide el caudal individual de cada una de ellas (Figura 5), se determina el nuevo volumen de pulverización bajo condiciones reales y se comprueba en campo con papeles hidrosensibles (Figura 6).

Figura 5: Medición del caudal individual de boquillas en un pulverizador hidroneumático para frutales.

Figura 6: Uso de papeles hidrosensibles para determinar el cubrimiento de pulverizaciones agrícolas. Izquierda, papel hidrosensible antes de ser pulverizado. Derecha, papel hidrosensible con óptimo cubrimiento.

25 m es la distancia mínima, para determinar la velocidad de avance que demora el pulverizador en recorrer dicha distancia.

 

La pulverización es una de las labores más deficientes en la agricultura, para mejorar este importante procedimiento y optimizar en el uso de productos fitosanitarios en fruta­les, es necesario inspeccionar periódicamente y regular adecuadamente los pulverizadores hidroneumáticos; asimismo, realizar monito­reos continuos de las plagas a controlar, ajus­tar las dosis de los productos a utilizar, revisar la calidad del agua que se utiliza para la mez­cla, respetar las condiciones atmosféricas; y finalmente, comprobar siempre las pulveri­zaciones con papeles hidrosensibles.