Enfoque actual para el manejo del palto
En la actualidad, en diferentes zonas de producción de paltos, tanto dentro de Chile como en los países dentro de Sudamérica en que se ha venido desarrollando con fuerza en los últimos años este cultivo, se evidencia cada vez con mayor potencia los efectos en las plantas, de los cambios provocados en el ambiente. Esto es, una oferta en radiación creciente, alteraciones térmicas, aumento y disminuciones en la precipitación, así como otros factores que son considerados en este artículo, todos afectando el comportamiento de diferentes eventos fenológicos, con incidencia sobre la producción y la calidad del fruto.
Ricardo Cautín,
Profesor Fruticultura Facultad de Ciencias Agronómicas y de los Alimentos
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Dentro del manejo de las plantas surge un nivel más fino de preocupaciones, producto del aporte de la ciencia en determinar en procesos fisiológicos específicos la producción, transporte y finalmente efectividad de metabolitos específicos o ‘bioestimulantes’ producidos por las plantas para enfrentar esta nueva dimensión de oferta ambiental.
¿Cómo enfrentan las plantas leñosas los procesos asociados a los cambios en oferta ambiental?
Producto del adelgazamiento progresivo en la capa de ozono de la atmósfera, las condiciones de mayor radiación incidente (Fig. 1) ha desencadenado procesos en las plantas que hasta hace poco tiempo no estaban comprendidos ni dimensionados. Hoy se entiende su importancia como vías de respuesta frente a situaciones de alteración o estrés o como parte normal de su metabolismo. La tecnología de detección de metabolitos ha ampliado el espectro de acción de las plantas leñosas, como lo son los paltos.
Ya no es ‘extraño’ escuchar hablar de las moléculas conocidas como compuestos reactivos de oxígeno (ROS), los cuales son dañinos al metabolismo, por ejemplo, a nivel celular, dañando al ADN, proteínas y reacciones enzimáticas, dada la producción y acumulación de estos radicales libres, los cuales son producidos en la planta en condiciones de estrés ambiental. Frente a estas dificultades, surge la emisión de moléculas ‘antioxidantes’ -por parte de las plantas-, las que proveen de sanidad al sistema metabólico. El punto está en que las plantas difieren en el nivel de producción de estos metabolitos y es importante conocer cómo se estimulan en forma exógena estas vías de ‘detoxificación’.
La idea a potenciar es que las plantas puedan defenderse mejor a través de estímulos que el manejo agronómico específico pueda ofrecer. A estas prácticas, en su conjunto, podríamos definirlas como ‘bioestimulación’ a todo nivel en la planta. Ya sea aéreo, radical, rizosfera, el entorno a la capa límite de la hoja, en fin, alcanzando grados bastante específicos de actuación.
En la figura 1 se muestra la evolución de los ciclos solares, que duran en promedio unos 11 años, en la última parte de la curva se observa el comportamiento promedio, el actual y la proyección. Se observa que la proyección supera al promedio y esto significa mayores tasas de radiación incidente, lo que afecta a los paltos puesto que las condiciones atmosféricas en su zona originaria ‘filtran’ parte de esa radiación.
Figura 1: Ciclos solares expresados como ‘manchas solares’ y la predicción sobre el ciclo 25

¿Qué ocurre con esta situación en un día totalmente despejado en cualquier mes del año, en las condiciones de la zona central de Chile o en la producción en la costa desértica peruana?
En evaluaciones hechas en horas del mediodía y en primavera-verano, la radiación incidente supera los 500 W/m2 o su equivalente en 1.050 micromoles de fotones por metro cuadrado (m2) y por segundo (radiación PAR). Hasta aquí estas son sólo cifras, pero si contextualizamos sobre que las hojas de palto Hass dejan de hacer fotosíntesis con 1.100 micromoles, estamos en presencia de un factor que provoca ineficiencia en la producción de fotosintatos, unidades energéticas que asisten a todos los procesos metabólicos en que se involucra nuestra producción de paltos, incidiendo incluso en el comportamiento de pos cosecha de la fruta producida, la que en nuestra situación debe mantenerse estable por muchos días.
¿Qué necesitamos frente a este cambio en la oferta? Forzosamente se requiere de modificar la copa con poda y manejo de brotes, con diferentes objetivos y en distintos momentos del año, para maximizar la eficiencia productiva de nuestras plantas. En sentido práctico y utilizando el concepto de ‘capas de hojas’ hacia el interior de copa y en altura (LAI), se debe generar un modelo de estructura de copa que asegure un balance energético positivo, la mayor eficiencia en el intercambio de gases, en forma importante asegurar la correcta y ‘filtrada’ incidencia de la luz sobre las hojas y ‘manejar’ los valores de temperatura sobre tejidos tan delicados como el de las hojas nuevas, las flores y los frutitos en desarrollo inicial.
Esto se consigue con copas ‘semiabiertas’ (Fig. 2) en su interior, quizá utilizando la conducción en multiejes o copas con un máximo de 4 a 5 ramas madres, dependiendo de la distancia sobre hilera. Haciendo mediciones de luz incidente, expresado en lux, con aparatos de bajo costo, se ha llegado a la idea de con valores entre 5 a 10% del total incidente a nivel de la entrehilera, la actividad de las hojas ubicadas en posición interna de la copa asegura alta eficiencia. De esta forma, en las horas del día en que se ‘saturan’ por radiación las hojas que están en posición periférica serán las hojas interiores, con iluminación correcta, las que seguirán haciendo el trabajo. Esto nos permite reducir el parasitismo fisiológico entre hojas, generando un balance energético muy positivo en la planta, de modo de apoyar procesos tan determinantes como es el crecimiento vegetativo, de raíz, desarrollo de yemas, calidad floral, cuaja y crecimiento inicial de frutitos.
Figura 2: Manejo diferencial de estructura de copa. A. Copa compacta sin estructura. B. Copa estructurada en ejes principales con apertura controlada de centros.

Este tipo de modificación asegura la producción fotosintética, punto inicial para la producción de una serie importante de metabolitos que regulan la actividad de procesos, por ejemplo, el cuajado de frutos, el desarrollo de la raíz y la producción de metabolitos antioxidantes frente al estrés como son los ‘jasmonatos’, ‘salicilatos’ y ‘brasinoesteroides’. Cada vez se extraen desde plantas estos metabolitos o se sintetizan, su objetivo es la estimulación de la producción endógena o directamente su uso como complemento.
La calidad floral depende de la temperatura de las condiciones ambientales.
CALIDAD FLORAL Y CUAJA
En las últimas temporadas, se ha evidenciado el efecto que tiene, en sectores planos, la temperatura a que están expuestas las flores en su proceso de desarrollo final, su calidad fisiológica, y el proceso de fertilización del óvulo, que constituirá -como embrión- la semilla del fruto. La calidad floral en términos bioquímicos y morfológicos determina en parte importante el éxito en la cuaja, sumado a las condiciones ambientales. Nuevamente, el contar con copas modificadas favorece alcanzar estos objetivos. Es más, durante el proceso de floración y cuajado, los insectos asociados al traslado de polen se movilizan con mayor eficiencia polinizando flores de posición interior, con mejores constantes térmicas, especialmente en horas de alta radiación, las que pueden venir acompañadas de bajos niveles en humedad relativa, factor restrictivo al proceso.
En este plano, la utilización de ‘depresores’ de estrés, como los anteriormente nombrados, disminuyen la carga de estrés, estimulando el comportamiento normal, aun en condiciones que no son las óptimas. Este es el caso del uso de ‘jasmonatos’ y ‘brasinoesteroides’ en procesos tan delicados como la cuaja y retención de frutos, pudiendo asociarse con otros elementos de regulación metabólica positiva, como micronutrientes y hormonas vegetales específicas (Fig.3).
Figura 3: Efecto del manejo sobre la calidad floral (A), apertura de copas para la polinización y la aplicación de bioestimulante para cuaja y supresión de estrés (B) y resultados en cuaja y retención de frutos (C).

Como queda en evidencia, todos estos procesos están coordinados y requieren de tiempo para que su desarrollo sea óptimo. Por ejemplo, si se requiere potenciar la calidad floral, este proceso comienza 5 meses antes de la fecha de floración, es decir, en ese momento inicial el desarrollo de las ramillas y sus yemas, las cantidades de fotosintatos producidos y reservados en la madera, la cantidad de luz incidente sobre las hojas que alimentan a las yemas, son funciones para impulsar desde muy tempranamente.
El control de enfermedades de la raíz se basa en el manejo del entorno inmediato a ella.
ESTIMULACIÓN DE LA ACTIVIDAD RADICAL
Una línea de trabajo que se desarrolla con cada vez mayor preocupación y que se ajusta a lo anteriormente propuesto, es la estimulación de la actividad radical para lograr de este órgano su mayor expresión.
La ciencia y la tecnología describen con detalles las interacciones biológicas existentes entre el entorno inmediato a la raíz (atmósfera que envuelve a la raíz con pocas micras de espesor) y el órgano propiamente tal, con organismos como hongos, bacterias y micorrizas, que generan condiciones para la actividad de la raíz y aumentan la superficie explorada, haciendo más eficiente la nutrición y el establecimiento de condiciones óptimas para su funcionalidad de la raíz. Entre otras condiciones, aumenta su masa, potencia su conductividad hidráulica, produce hormonas y metabolitos secundarios de protección frente a procesos de estrés, como la restricción hídrica, la pérdida progresiva del concepto de calidad del agua, el aumento de la salinidad y las pérdidas en estructura del suelo.
El biocontrol de enfermedades de la raíz se basa en la manipulación de las condiciones de la rizósfera, promoviendo la supresión natural de las enfermedades o que en el suelo puede ser incrementada con bacterias supresoras, que son enfermedades, que son directamente antagónicas a los patógenos de las raíces. De esta manera, la supresión general de las enfermedades puede estar implícita en la estimulación de la población de microorganismos de carácter benéfico, la que genera competencia por bacterias y hongos no patógenos y que compiten por los mismos sustratos de crecimiento utilizados por los patógenos. De esta forma las cepas bacterianas y los hongos también pueden promover la estabilidad y/o supresión de la enfermedad, creando un entorno de hostilidad para la supervivencia del patógeno. En la actualidad, las técnicas de detección de metabolitos secundarios establecen estas y otras regulaciones que la propia planta puede hacer, complementado con bioestimulantes que pueden ser aplicados vía sistema de riego.
Como se puede observar, para las plantas leñosas frutales en general y en particular para los paltos, los cambios en el ambiente están generando ‘megaefectos’ que se deben atacar con ‘micropreocupaciones’. La idea es lograr mantener la situación productiva privilegiada que teníamos en décadas pasadas y que hoy en día, con las condiciones de cultivo existente, de no ser comprendidas en su magnitud y manejadas, pueden ser una fuerte amenaza a la sustentabilidad del palto.