Entre sal y agua: el reto de mantener suelos productivos
Por Luis José Montgomery, consultor en agronegocios y Co-Director de Agro Club
Así como el clima es algo que impacta profundamente y de manera positiva en la actividad agrícola de nuestro país, también hay factores que limitan la producción. En este artículo me referiré precisamente a la salinidad de los suelos, una condición inherente en nuestra costa, que se atribuye a la extrema aridez con que cuenta esta zona, donde no se dan lluvias intensas y sostenidas.
No es una situación que se haya agravado con el tiempo, pero la frontera agrícola peruana ha ido creciendo a zonas donde hay más sales. ¿Qué se puede hacer entonces?

Existen suelos salinos, otros sódicos y una tercera categoría denominada salinos- sódicos. Los primeros son los más comunes en el Perú, mientras que los otros representan una casuística particular de atención. El sodio es un elemento químico, que si bien interviene en la salinidad, tiene también un componente adicional de afectación, que tiene que ver con la compactación de los suelos, la impermeabilización; por lo que combatir un suelo sódico o salino-sódico tiene otras estrategias. A continuación me centraré entonces en la primera categoría, los suelos salinos.
Bajas de productividad
Es un punto indiscutible que la salinidad impacta en la productividad, sin embargo, se debe considerar que todos los cultivos cuentan con un cierto nivel de tolerancia a ella. Históricamente en la costa peruana se ha sembrado caña de azúcar, algodón y espárrago, entre otros cultivos que se consideran resistentes; teniendo una disminución en su productividad con niveles de salinidad muy altos.
Distinto es lo que ocurre con productos que destacan en la canasta agroexportadora local, como la palta, uva de mesa, arándanos y cítricos, que cuentan con una menor tolerancia, por lo que el efecto es “dramático”.
Para ejemplificar esto, es necesario referirnos al nivel de productividad potencial que tiene cada cultivo, que se da hasta cierto nivel de conductividad eléctrica. El espárrago tiene una tolerancia de 2.5 mili Siemens por centímetro, entonces en la medida que se supera va incrementando la pérdida de productividad. Si hablamos de un cultivo como la palta, ese nivel límite es mucho menor y depende además del portainjerto que se utilice. Con uno antillano puede aguantar 1.5 y con uno mexicano, hasta 1. En el caso del arándano, esto se da también alrededor de 1, y me atrevería a decir que en punto 9, un poquito más sensible.
Por su parte, la uva de mesa tiene mayor resistencia. Diría que podría llegar a 1.5, dependiendo también del portainjerto. Pero el que se usa por excelencia es precisamente para atender este tipo de problema.
Esto nos lleva a preguntarnos entonces, qué medidas concretas aplicar para no tener problemas de producción y poder cumplir con los requerimientos de los mercados de destino.

El agua como recurso clave
Un manejo integrado que contempla distintos factores y donde el agua juega un rol fundamental es la clave para hacerle frente a esta condición inherente en parte de nuestros suelos. En primer lugar, se deben utilizar variedades y porta injertos que tengan la mayor resistencia posible; mientras en paralelo, si ya existe una condición de sales en el suelo o se sabe que se enfrentará una superficie con esta característica, el agua no puede ser salina. ¿Por qué? Es sencillo. La única forma de combatir un suelo de este tipo es con agua no salina o de baja salinidad.
Con esta primera parte tenemos bastante ganada la estrategia y combate. Lo siguiente tiene que ver con el manejo del riego y el entendimiento profundo de los coeficientes de permeabilidad de los suelos, el conocimiento sobre los caudales de gotero y de cómo se van moviendo las sales en función de ese caudal, atravesando dicha permeabilidad. Me he topado con la lógica de lavar el suelo pensando en grandes caudales y poco tiempo, es decir, regar por ejemplo tres horas con toda el agua que se pueda utilizar.

Este es el primer error, debido a que la sal tiene un tiempo para moverse. La solución entonces nos la da precisamente el riego por goteo. Controlar o tener caudales bajos durante tiempos sostenidos que estén debajo del coeficiente de permeabilidad del suelo, es la clave. Porque al nosotros mover esa agua despacio, poco a poco, vamos a ir lavando el suelo paulatinamente.
Los manejos entonces pasan por el área física -caudales y buena calidad de agua- y química -cuando se quiere controlar algo relacionado específicamente con sodio- (ver recuadro), y no por el ámbito biológico.
También se utilizan sustratos, pero su rol es el de uniformizar. Es decir, ante las variaciones que sufren los suelos, el objetivo de estos es igualar el medio donde crecen las plantas. Lo que cobra relevancia es que al ingresar a este mundo, no nos liberamos del problema de salinidad, puesto que ellos también lo sufren. La clave, de nuevo, pasa por usar agua con bajo componente de sal.
Manejo del sodio
El manejo se vuelve químico cuando se busca controlar un tema de sales, pero específicamente de sodio. Y ahí es importante la clasificación que se mencionaba en un inicio. ¿Tenemos un suelo salino, salino-sódico o sódico?
El sodio particularmente se controla mediante una reacción química en la que tiene que intervenir el anión sulfato; debido a que cualquier otro tiene una unión un poco más compleja de lavar. Es decir, liberan a su anión y queda el sodio retenido en la capa de intercambio catiónico del suelo, por lo que el único anión que logra desestabilizarlo es el anión sulfato.
El complemento de la tecnología
Como he expuesto a lo largo de este artículo, el recurso hídrico es el gran protagonista en el control y manejo de la salinidad de los suelos. Y con el tiempo se ha introducido con fuerza la tecnología de Osmosis Inversa, orientada precisamente a la disminución de la salinidad en el agua.
El problema de la salinidad, como dije, es inherente y la tenemos en toda la costa. Como estamos ampliando la frontera agrícola a zonas salinas, a veces no tenemos ni siquiera el agua, que es lo básico. En este contexto la Osmosis Inversa entra como una tecnología para disminuir la salinidad en el agua y poder manejar suelos o sustratos que se salinizan. Es una tecnología que está ganando terreno, especialmente en proyectos de arándano y uva de mesa.
La condición de salinidad en los suelos de nuestro país, especialmente en la costa, representan una problemática para el sector agrícola. Sin embargo, seleccionando cultivos tolerantes y realizando una adecuada gestión del riego, se pueden mitigar los efectos y no tener bajas considerables en la producción. La expansión de la frontera productiva a este tipo de zonas hará que sigamos combatiendo esta condición. Se deben tomar las medidas necesarias sin olvidar que la gran clave pasa por el agua.