Los bioestimulantes como aliados para enfrentar el estrés abiótico
Las tendencias en la alimentación global marcan la pauta sobre qué y cómo producir. Se estima que para el año 2050 deberemos aumentar en un 70% la tasa productiva actual de los cultivos para sostener el crecimiento poblacional. Pero, en contrapartida, las áreas dedicadas a la agricultura han disminuido cada vez más en la última década.

Eso quiere decir que, en su momento, cada área productiva tendrá que desarrollar estrategias y manejos para aumentar su productividad. Este proceso no está libre de retos y, entre los principales, se encuentra cómo tolerar o lidiar con el estrés abiótico. Una de las preocupaciones de los distintos países productores durante los últimos años, y de la que el Perú no es ajeno, es cómo hacer que los cultivos sean cada vez más productivos y el proceso sea más sostenible; siempre enfocándose en la calidad.
Nuestro país cuenta con dos segmentos agrícolas súper marcados: uno tradicional, que cultiva cultivos como arroz, papas, legumbres y maíces, y otro dedicado a la exportación. Este tiene, a su vez, un foco norte —entre Piura y Trujillo—, donde se producen uva, arándanos y paltos, y un foco sur, concentrado entre Cañete y, sobre todo, Ica, donde también se desarrollan estos cultivos.
Todas las plantas tienen un potencial genético de producción y, en la búsqueda de mejorar la calidad de los alimentos y también de mayor productividad, se ha ido incorporando nueva genética de los distintos frutales, en especial de arándano. Sin embargo, este potencial genético va disminuyendo a medida que la planta se desarrolla debido a diversos factores limitantes, como la calidad del suelo, la deficiencia de agua y el clima, entre otros.
Un punto clave es la interacción con el clima y los distintos factores que lo componen, como la temperatura, la humedad y la radiación. Cambios bruscos de estos afectan el desarrollo y las funciones fisiológicas de la planta y van mermando la productividad; a lo que además se suma la exposición a plagas y enfermedades.
Así es como los productos categorizados como bioestimulantes se han ganado un gran espacio, dado que tienen como objetivo principal estimular la vida de la planta mediante la activación de sus diferentes procesos fisiológicos.

El uso de bioestimulantes no sólo aumenta la tolerancia al estrés abiótico, sino que también aumenta el crecimiento del sistema radicular y facilita la disponibilidad y la absorción de los nutrientes.
IMPACTO DIRECTO EN LA CALIDAD
El Perú es uno de los países que en los últimos años han tenido un crecimiento muy acelerado, no solo a nivel genético, sino también en la incorporación de tecnologías en el manejo. Y una de ellas es los bioestimulantes. El objetivo de estos es que las plantas sean cada vez más eficientes para nutrirse, para desarrollar o promover la formación de sus diferentes compuestos internos, para formar hormonas y poder entonces, tolerar todos los problemas a los que se ven expuestas.
Si enmarcamos los beneficios o lo que generan estos productos en los frutales, y específicamente en el caso del arándano, además de aumentar la tolerancia al estrés abiótico, definitivamente está el estimular el crecimiento del sistema radicular, lo que potencia el balance nutricional para que pueda sostener un crecimiento. También los bioestimulantes facilitan la disponibilidad y la absorción de los nutrientes y esto hace que ese equilibrio nutricional tenga un impacto en el desarrollo, en la producción y en la síntesis de hormonas a nivel del cultivo.
Esto tiene un efecto directo en la calidad de las frutas, en la firmeza, en la vida de poscosecha y en la cantidad de azúcares, entre otros factores. Toda esta enumeración cobra especial relevancia en el contexto de cambio climático que se vive. Se observan situaciones muy limitantes al norte del país, donde hay temperaturas por arriba de los 25°, y que llegan a peaks de hasta 38° o 40° en el proyecto Olmos. Hay algunos proyectos en Piura que ya desde la brotación se ven sometidos a estos factores que producen efectos oxidativos en la planta, generando una merma en el rendimiento porque sus funciones fisiológicas se ven afectadas.
La calidad y el uso de bioestimulantes también son directamente proporcionales al considerar las exigencias de los mercados de destino. El foco del arándano peruano está en Estados Unidos y Europa, y dentro de esta última, específicamente en los Países Bajos.
Asimismo, hay mercados asiáticos que crecen de manera significativa, como Hong Kong. Todos ellos están exigiendo un nivel respecto a la calidad del fruto, ligado a aspectos relacionados con la conformación de la fruta, como azúcar, acidez y firmeza, pero también en relación con las trazas de las moléculas utilizadas.
¿Cómo impacta el uso de bioestimulantes aquí? El potenciar el desarrollo de la planta hace que no sólo se impulse la productividad en kilos, que está ligado al peso y calibre de los frutos, sino que también genera que esa producción tenga mejores condiciones de poscosecha, es decir, que sea una fruta bien conformada, que tenga una buena gestión hídrica a nivel celular y que pueda tolerar estos largos viajes que tiene la fruta peruana. Se desarrolla, entonces, fruta con “buenas piernas”.
Por otro lado, al ejercer una acción sobre la tolerancia al estrés abiótico, el uso del bioestimulante hace que los tejidos sean más consistentes, lo que limita la penetración de ciertos hongos a nivel foliar. También hace que la planta tenga una mayor capacidad de activar su sistema inmunológico, y pueda tolerar la presencia de algún hongo específico o ataque de alguna enfermedad.
¿QUÉ SE USA HOY?
El mercado de bioestimulantes ha tenido un crecimiento muy significativo en el tiempo y partió con productos que hasta el día de hoy seguimos utilizando y que son parte de la estrategia de bioestimulación de todo cultivo, que son formulaciones que sobrecaen en el uso de aminoácidos. Hace más de 10 años se utilizaba un pool de aminoácidos y también los extractos de algas, cuyo uso se ha difundido ampliamente.
Particularmente en el arándano, llevando una estrategia de uso de tratamientos con aminoácidos y extractos de algas, según la fenología, se ha podido potenciar el crecimiento en la producción entre un 15% y 25% en variedades que en algunos casos son muy susceptibles a problemas de estrés abiótico.
En el caso de los extractos vegetales o de algas, se inició con el manejo de Ascophyllum, y con el tiempo se han ido incorporando otros tipos de algas. Ahora hay estrategias muy complementarias entre Ascophyllum, porque tiene una serie de compuestos bioactivos que son más eficientes parala tolerancia de estrés abiótico; pero también estrategias conjuntas con Ecklonia maxima, que si bien también impacta sobre el estrés abiótico, cuenta con bioactivos que son eficientes para la parte generativa y reproductiva del cultivo, es decir, tiene un efecto sobre la producción.
Es importante aclarar que, en el uso de bioestimulantes, cada vez salen nuevas formulaciones. Hoy por hoy es regular ver planes en base a aminoácidos específicos, que, de acuerdo al tipo de estrés, la estrategia y lo que se busca mejorar, se van a utilizar, por ejemplo, ácido glutámico, glicina, betaina o prolina específica. Entonces, hemos pasado de aminoácidos totales al manejo de aminoácidos libres.
Asimismo, en la actualidad existe otro tipo de formulaciones, como el uso de microorganismos para estimular el crecimiento radicular y potenciar la producción. Entre ellos, puedo mencionar diferentes cepas de Bacillus que ejercen un efecto directo en la rizosfera. También se irá incorporando el uso de polifenoles para la activación de procesos internos constitutivos que potenciarían el desarrollo y producción, además de tolerancia al estrés abiótico y biótico también.
Hoy por hoy hay estrategias muy completas, que se piensan de acuerdo a todos los sistemas productivos que hay, ya sea en campo abierto o en maceta, y que apuntan a un mismo objetivo: la tolerancia al estrés abiótico, y en ese camino, potenciar el crecimiento y la productividad de los cultivos.
¿QUÉ SIGUE EN ESTE CAMINO?
Si bien el Perú está bien avanzado en el uso de este tipo de productos, si analizamos el futuro, el margen para seguir creciendo es muy amplio. Como estamos insertos cada vez más en la práctica de una agricultura regenerativa, creo que una de las tendencias apunta al uso más eficiente de los microorganismos. Desde Hortus, por ejemplo, estamos analizando diferentes proyectos a corto plazo, en los que evaluamos distintas formulaciones ligadas a microorganismos, cada vez con mayor especificidad.
Asimismo, creo que se van a utilizar formulaciones que conjugan dos tecnologías, como por ejemplo, extractos vegetales y microorganismos, y que entregan una solución mucho más completa respecto al uso en raíces o sobreuso foliar.
Entonces, yo creo que la tendencia en el corto plazo es llevar las formulaciones actuales a la especificidad, es decir, los aminoácidos van a ser cada vez más específicos, y también los usos de microorganismos y la identificación de razas cada vez más eficientes.
Si bien un microorganismo tiene un efecto en la planta, también hay factores que limitan su acción, como la salinidad del suelo, la dureza del agua, la temperatura o la humedad.
Cuanto más específica y eficiente sea la selección de una raza, bajo estos parámetros, su prolificidad y su acción de beneficio sobre la planta serán mayores.
Finalmente, apuesto a que los efectos génicos deben demostrarse. Hasta ahora, muchas veces el uso de bioestimulantes recae como una cuestión de fe; uno sabe que funcionan, pero la ciencia va avanzando y, en conjunto con algunas empresas, estamos apostando por los estudios. El objetivo es demostrar cómo génicamente se activan los procesos con nuestros productos, y de esta manera, dar un sustento cuantitativo y académico.
Así se podrá determinar qué molécula de ese bioestimulante es la que genera una acción en particular, por ejemplo, para tolerar el estrés oxidativo o la respiración, entre otras.
Sin dudas, el uso de bioestimulantes hoy aporta valor a las producciones. Todos los cultivos están expuestos a los efectos del estrés abiótico y estos productos se convierten entonces en una herramienta para hacerle frente y, a la vez, mejorar las unidades productivas, sin dejar de lado la calidad.