Mandarina peruana: Campaña exportadora mostró señales positivas entre abril-agosto

Se exportaron 220,834 toneladas por un valor aproximado de US$ 277 millones. No obstante, un problema a futuro es la escasez de nuevas plantaciones desde el 2020
Septiembre 9, 2025

En un contexto complejo, de retos macroeconómicos, ambientales y logísticos, el Perú ha ganado protagonismo como el principal exportador de mandarina en Sudamérica y entre los primeros a nivel mundial, ocupando el séptimo puesto por volumen. En el 2024, superó las 237,000 toneladas y alcanzó cerca de US$ 317 millones en exportaciones. Para la campaña 2025 (abril-agosto) mostró señales positivas: enviando 220,834 toneladas por un valor aproximado de US$ 277 millones, lo que supone un incremento del 9% en volumen y del 4% en valor respecto al periodo anterior, detalló FreshFruit.

Mientras que el precio promedio cayó solo un 5%, situándose alrededor de US$ 1.25 por kilogramo, un comportamiento más favorable que el observado en otros productos de la canasta agroexportadora. Parte de este avance se explica por la recuperación de las variedades tempranas (Satsuma, Primosole, Nova), que en el 2024 habían sufrido caídas productivas importantes por factores climáticos y en 2025 mostraron repuntes significativos.

Este desempeño –apunta la consultora- responde a un modelo competitivo que no apuesta por bajar precios, sino por diferenciarse en calidad: cumplimiento de estándares internacionales, trazabilidad y certificaciones como Global G.A.P., lo cual ha abierto acceso a nichos de mayor valor.

Una apuesta clave ha sido la preferencia por híbridos tardíos patentados -Murcott, Tango, Orri y Nadorcott- frente a variedades tempranas y genéricas. Estas variedades, apreciadas en mercados internacionales, constituyen cerca del 87% de los envíos peruanos. Asimismo, la extensión de la ventana de cosecha (abril a noviembre) permite a Perú posicionarse en momentos de menor oferta del hemisferio norte.

Riesgos y desafíos para el sector citrícola

Sin embargo, persisten riesgos estructurales que ponen en peligro el crecimiento sostenido. El problema más relevante es la escasez de nuevas plantaciones desde el 2020; según ProCitrus, de no retomarse la inversión en plantaciones, las exportaciones podrían estancarse hacia el 2030. Además, los elevados fletes marítimos y la competencia temprana con fruta proveniente de Marruecos y California presionan la rentabilidad, sobre todo para las variedades tempranas y los pequeños productores.

Aun así, existen oportunidades claras gracias a nuevas variedades patentadas para cubrir la ventana comercial de abril-mayo, periodo en que la oferta peruana es menor. El mercado asiático representa la mayor oportunidad estratégica; la puesta en marcha del nuevo puerto de Chancay, al reducir tiempos de tránsito, podría mejorar la competitividad en ese mercado. Asimismo, Japón evalúa las condiciones fitosanitarias para certificar algunas variedades adicionales de mandarinas desde el Perú.

Aunque la competencia internacional continúa siendo fuerte, Sudáfrica lidera por volumen mientras Chile y Argentina compiten en la región. Hacia el cierre de la campaña 2025, se espera que el crecimiento explosivo de los primeros meses se atenúe. La disponibilidad limitada de mandarinas tardías, como la W. Murcott, podría hacer que el crecimiento de las exportaciones de mandarinas peruanas se ubique entre 10% y 15% anual, moderando las cifras iniciales.

En síntesis, la recuperación observada en el 2025 confirma la resiliencia del sector, pero su sostenibilidad futura exige condiciones de confianza y estabilidad jurídica que incentiven nuevas inversiones en plantaciones. “Mantener la diversificación varietal y afianzar el acceso a mercados estratégicos -especialmente Asia- será determinante para convertir los retos actuales en oportunidades de crecimiento sostenido”.