Más allá de las colmenas: la nueva ciencia de la polinización
La campaña 2025 dejó señales de alerta para el arándano peruano y reabrió una discusión que durante años permaneció en segundo plano: la gestión de la polinización. Para Matías Viel, CEO y fundador de Beeflow, empresa de que utiliza ciencia y tecnología para solucionar problemas ambientales y de producción, la región enfrenta la oportunidad concreta de profesionalizar un proceso biológico que incide directamente en el rendimiento por hectárea, el calibre y la rentabilidad del cultivo.
Del arriendo de colmenas a la gestión de la polinización
Cuando habla de polinización, Viel insiste en diferenciar el proceso biológico de la práctica tradicional. A su juicio, la agricultura latinoamericana ha tendido a confundir la gestión de la polinización con el mero arriendo de colmenas. Sin embargo, explica, el verdadero proceso no ocurre en la caja de abejas, sino dentro del ovario de la flor.

“Las abejas desempeñan un papel central en la polinización y contribuyen a transformar las flores en frutos”, explica. La cantidad de polen que alcanza la flor incide directamente en el número de óvulos fecundados, la formación de semillas y el tamaño potencial del fruto. En cultivos como el arándano, esta relación es directa y medible.
Sin embargo, en buena parte de Latinoamérica, este proceso todavía se gestiona de manera informal. Según Viel, los productores arriendan las colmenas, las instalan durante la floración y dan por sentado que la polinización se está produciendo. “Pero no la miden. Y, como no la miden, no la gestionan”, advierte. En contraste con el grado de sofisticación alcanzado en genética, nutrición o riego, la polinización ha permanecido rezagada como variable técnica.
Perú 2025: la tormenta perfecta
En 2025, las consecuencias de esa brecha quedaron en evidencia. Para Viel, fue “uno de los peores años en cuanto a polinización de la última década”. El país continuó ampliando su superficie de arándanos y, al mismo tiempo, las plantaciones más maduras generaron un mayor volumen de flores. “Cada vez hay más flores para polinizar, y abastecer esa demanda está comenzando a ser un desafío importante”, advierte.
A esta creciente demanda se sumó una oferta de colmenas cuya calidad promedio, según señala, disminuyó de manera considerable. Las bajas temperaturas registradas en algunas zonas durante julio y agosto, en pleno peak de floración, terminaron de configurar lo que el ejecutivo define como “una tormenta perfecta”.

Las consecuencias se hicieron visibles algunas semanas después. Durante la temporada llamó la atención la mayor presencia de frutos con escaso desarrollo de semillas y calibres inferiores a los registrados en campañas anteriores. Viel explica que la relación fisiológica es directa: “Una semilla es un óvulo fecundado por un grano de polen que llevó la abeja”. Cuando disminuye la frecuencia de visitas efectivas y se reduce la fecundación, el fruto pierde potencial de crecimiento.
Para una industria como la peruana, cuya competitividad depende de sostener la calidad y el tamaño de la fruta a lo largo de una extensa ventana productiva, el impacto va más allá de una merma puntual. Según el ejecutivo, “lo barato puede salir caro”, por lo que la profesionalización del proceso debería convertirse en una prioridad estratégica para 2026.
Polinización 2.0
Viel suele describir el modelo tradicional como una “polinización 1.0”. Durante años, el productor arrendaba colmenas a un apicultor cercano y confiaba en que las abejas cumplieran su función. Si los resultados no eran los esperados, las causas solían atribuirse al clima o al estado de las colmenas después del invierno, pero no se disponía de herramientas que permitieran intervenir con precisión.
El cambio de paradigma consiste en gestionar el proceso a partir de información objetiva: cuantificar las visitas por flor, evaluar la cuaja y analizar el número de semillas por fruto permite convertir una práctica intuitiva en una variable agronómica medible. Sobre la base de experiencias desarrolladas en diferentes cultivos y países, la compañía ha registrado incrementos relevantes de productividad cuando la polinización se aborda con criterios científicos.
“No se trata solo de llevar abejas, sino de maximizar su desempeño”, resume Viel. El objetivo es aprovechar el potencial genético y productivo que, con frecuencia, permanece desaprovechado cuando la polinización no se optimiza.
Una brecha histórica de conocimiento
Parte del problema, sostiene, radica en que el sistema se desarrolló a partir de la apicultura tradicional. “Los proveedores de colmenas saben de apicultura, pero no necesariamente de polinización”, señala. Históricamente, la producción de miel constituyó su actividad principal, mientras que el arriendo de colmenas surgió como una fuente complementaria de ingresos.
La propuesta no apunta a reemplazar a los apicultores, sino a integrarlos en un esquema más profesional. Según explica Viel, fortalecer su participación y complementarla con conocimiento científico aplicado a la productividad agrícola también puede generar beneficios sociales y ambientales relevantes.
Rentabilidad en un contexto más exigente
En un escenario caracterizado por mercados más competitivos y reglas de juego cambiantes —como sucede con las crecientes exigencias de calibre para el arándano peruano—, optimizar cada variable resulta indispensable. “El agricultor no va a poder seguir gestionando esta variable de manera informal”, advierte Viel. Así como se optimizan la nutrición y el riego, la polinización deberá abordarse con el mismo rigor técnico.
La campaña 2025 dejó una señal clara para Perú. La interacción entre las abejas y las flores responde a un proceso natural, pero su resultado económico depende de decisiones concretas de manejo. Profesionalizar la polinización puede convertirse en una ventaja competitiva en un contexto en el que la diferencia entre preservar o perder rentabilidad puede residir en factores que antes parecían secundarios.
En la nueva fruticultura latinoamericana, la pregunta ya no es si existen suficientes colmenas en el campo. La verdadera discusión es si el proceso biológico que determina el calibre, la cuaja y la productividad está siendo gestionado con la profundidad técnica que hoy exige la industria.
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