Poda, clima y mercado, las decisiones que redefinen la uva de mesa en Perú

El avance del cambio climático en el norte ha forzado modificaciones profundas en los manejos. El asesor Luis Garavito advierte que cada acción tiene impacto directo en la calidad y llama a planificar con precisión para evitar ventanas saturadas y pérdidas productivas.
Diciembre 11, 2025

Históricamente, el norte de Perú ha presentado condiciones climáticas ideales para la producción frutícola, con buenos suelos y clima seco. Pero el paso de los años, con los efectos del cambio climático golpeando fuertemente la zona, han cambiado las reglas del juego en el norte. En el caso de la uva de mesa, esto obliga a adaptar los manejos para mantener los volúmenes y la calidad de la producción. “Las condiciones del norte han cambiado y muchos están mirando hacia el sur, donde si bien también tiene otros retos, no tenemos los cambios climáticos que están experimentando en el norte con las lluvias cada 4 o 5 años, o lluvias en plena cosecha, entonces eso hace mirar al norte como que hay que seguir más de cerca el comportamiento del clima y tenerlo entre ceja y ceja”. señala Luis Garavito, asesor en uva de mesa y gerente agrícola de Sociedad Agrícola.

Luis Garavito, asesor de uva de mesa.

La necesidad de adaptarse a las condiciones climáticas, donde cada campaña es diferente a la anterior, con nuevos desafíos, ha hecho que en el norte se realicen dos campañas para la uva de mesa. “Es una campaña de formación de material -también llamada repoda o poda de formación- y una campaña de producción. La repoda se realiza acabada la cosecha, básicamente porque hay condiciones de muy altas temperaturas; si no volvemos a podar el brote vegeta más, se va en área foliar y no en formar una buena fruta, si no repodas generalmente no tienes muy buena oferta de racimos tanto en calidad como en cantidad. Las repodas han funcionado muy bien para lograr ese objetivo”, sostiene el asesor.

Sin embargo, el continuo aumento de temperatura ha generado que las podas de formación se realicen a temperaturas que afectan la normal maduración de yemas, con brotes priorizando un mayor desarrollo vegetativo, con una mayor tendencia a formar racimos pequeños. “De por sí el norte tiene racimos más pequeños, pero esto hace que aumente”, explica Garavito y agrega que esos racimos son “como si tuvieras un bebé sietemesino, medianamente maduro. Eso hace que cuando este racimo sale sea de menor tamaño, tenga problemas de corrimiento, entonces debemos trabajar más en esos puntos”.

Agua limitada y plantas estresadas

La escasez de agua profundizó los problemas en la última campaña. Algunos campos solo pudieron regar una o dos veces por semana y se vieron obligados a cosechar anticipadamente. “Aunque lograron sacar la fruta, los parrones terminaron golpeados, y entrar a una poda de formación con una planta estresada pasa factura”, señala el asesor. Esto implicó inversiones no previstas para recuperar los huertos: estimular raíces, controlar nemátodos y hongos de madera, y restablecer el vigor.

A ello se suma el costo estructural de manejar dos podas en el norte. “Significa cerca de US$ 10.000 más que en el sur: repoda, cianamidas, programa sanitario y amarre de cargadores. El norte sigue siendo atractivo, pero cada vez más exigente”, apunta Garavito.

Entender la nueva realidad climática para sostener la calidad

Para el asesor, comprender la nueva realidad climática es decisivo. “Si no asumimos que las condiciones cambiaron y ajustamos los manejos, será difícil ser productivos. La fruta se vende por calidad; quien no la tenga, no subsistirá”, afirma.

Las podas tempranas son un ejemplo de decisiones que buscan mejores ventanas comerciales, pero con riesgos asociados. Este año, las primeras podas enfrentaron un inicio frío en el norte, elevando la incidencia de mildiu y oídio. Garavito recomienda podar desde mediados de junio: “Hay menos frío, los brotes se desarrollan bien y la floración no se afecta”.

No obstante, insiste en la importancia de decidir con información confiable. Muchos productores adelantaron la poda para evitar las lluvias de enero y febrero, pero enfrentaron temperaturas bajas entre junio y agosto, afectando brotación, floración y llenado de bayas. Como resultado, se observan racimos descalibrados, mayor uvilla y bayas alargadas. En Ica, las primeras podas también muestran fruta con menor calibre y alta presencia de enfermedades.

Superposición de cosechas y presión de mercado

El adelantamiento de las podas generó un problema adicional: la superposición de cosechas del norte con las del sur. “La uva de Ica normalmente salía con fuerza entre diciembre y enero, pero al adelantar la poda, coincidió con el norte. Hay mucha fruta en el mercado y la situación se vuelve más compleja”, advierte Garavito. Aunque los precios para el sur no son malos, recalca que cada decisión técnica debe analizarse con cuidado.

Además, la amplia superficie nacional de uva de mesa obliga a planificar pensando en mano de obra, competencia interna, condiciones climáticas y otros cultivos como el arándano, que demanda gran cantidad de personal. “Puedes adelantar la poda, pero luego no tienes gente porque el arándano está en su pico. Todo eso debe evaluarse con criterio y experiencia”, resume.

Variedades mejor adaptadas y nuevas zonas

En un contexto climático adverso, Garavito destaca la importancia de apostar por variedades probadas y adaptadas, más que por opciones exóticas con rendimientos variables. Sweet Globe, Sweet Celebration, Allison e Ivory destacan por su comportamiento y oferta de racimos, mientras que variedades tradicionales como Red Globe, Superior y Thompson continúan reduciendo superficie. “Incluso las mejor adaptadas han sufrido en años extremos; seguimos aprendiendo”, afirma.

A pesar de las dificultades, el asesor ve espacio para el crecimiento. Ica continúa expandiéndose en busca de mejores ventanas, mientras nuevos polos como Chincha, Pisco, Nasca y Arequipa toman fuerza. Este último podría ser un actor clave por su disponibilidad de agua y buen clima, aunque con costos de mano de obra más altos.

Para Garavito, el futuro pasa por un buen recambio varietal y una adaptación constante: “Hay potencial para llegar a los 100 millones de cajas, pero también muchas lecciones aprendidas. Debemos seguir adaptándonos sin sacrificar calidad”.