Roberto Bezerra, asesor internacional: “Estamos evaluando el retraso de las podas”
La campaña de uva de mesa en Piura enfrenta nuevamente un escenario que se podría denominar como complejo, marcado por condiciones climáticas que, en primer lugar, limitan la fotosíntesis de las plantas, afectando así la acumulación de reservas. Se repite la historia de las campañas pasadas, y es que tras una temporada 2023 particularmente difícil y una 2024 de recuperación parcial, en la actual se debe prestar atención para tomar las medidas preventivas necesarias, especialmente si el clima no está de nuestro lado.
El principal problema hoy en día está relacionado con la baja tasa de fotosíntesis que está ocurriendo, lo que según explica el asesor internacional Roberto Bezerra, se atribuye a las condiciones climáticas, especialmente por la alta humedad relativa del aire.
“Cuando el ambiente está saturado, la planta no transpira, no hay intercambio de gases y la fotosíntesis se reduce. Eso genera un desequilibrio entre nitrógeno y carbono en la planta, contando con poco de este último elemento. Es un punto fundamental porque podemos tomar distintas medidas preventivas y estimular nuestra planta, pero no se puede aplicar carbono, es algo que toma sólo por fotosíntesis”, explica el experto, quien además analiza los efectos de esta situación, la concentración de podas y las estrategias de manejo para sostener la producción de este año, una que sin dudas se enfrenta a un contexto desafiante.

¿Cómo se llegó a la situación que se vive actualmente?
Esto se arrastra desde 2023, que fue una campaña muy complicada. Ese año tuvimos dos meses con condiciones climáticas que limitaron fuertemente la fotosíntesis. La planta acumuló muy poco carbono y eso generó problemas metabólicos, corrimientos de racimos y baja eficiencia fisiológica.
En 2024 las plantas estaban cansadas, pero fue una campaña donde cumplimos 95% de las programaciones del año. En 2025 se llegó a alrededor de 110% del plan, pero el punto de partida en reservas fue bajo. Lo que estamos haciendo actualmente es estimular la planta para que esté con alta capacidad fotosintética en el período en que ocurre este proceso.

¿Cómo influye la humedad y las lluvias en este escenario?
Hasta ahora el principal problema no ha sido el volumen de lluvia, sino su distribución. Cuando hay lluvias frecuentes, incluso pequeñas, la humedad relativa del aire se mantiene alta durante varios días. Cada lluvia puede generar entre tres y cuatro días de humedad elevada, lo que reduce la fotosíntesis.
Prefiero que llueva, por ejemplo, 40 milímetros en un solo día antes que 20 milímetros repartidos en varios días. Esto último genera más tiempo con alta humedad relativa y con baja actividad fotosintética.
¿Cómo se reflejó todo ello en la fruta?
Desde junio del año pasado se veía que había bastante fruta y de buen aspecto, pero no sabíamos si iba a tener “combustible”.
Muchos campos en Piura terminaron produciendo entre 10% y 15% menos de lo esperado, precisamente porque había mucha fruta, pero no suficiente producción de carbohidratos para sostenerla.
¿Qué tan afectada está la actividad de la planta este año?
En 2023 la planta estaba inactiva entre 6 y 8 horas, y en un año más favorable esa cifra puede ser de 3 o 4 horas. En este momento estamos viendo que durante las 12 horas de luz la planta permanece inactiva entre 7 y 8 horas, un 15% más que en 2023.
Ante esta situación, algo que hemos conversado es evaluar el retraso de las podas. Si llegamos a abril con reservas muy bajas o con un desequilibrio entre almidón y arginina, podría ser razonable.

La idea sería esperar mejores condiciones climáticas para iniciar el ciclo productivo. En 2023, por ejemplo, las podas de mayo tuvieron peores resultados que las de junio o julio, cuando el clima era más favorable. Si retrasamos la poda sería justamente para dar a la planta un período real de descanso y comenzar el ciclo en mejores condiciones.
¿Qué se puede hacer para compensar la baja fotosíntesis?
Hay varias estrategias. En primer lugar, asegurar que la planta tenga una capa de hojas eficiente. Idealmente trabajamos con una primera camada con alta capacidad fotosintética y evitamos múltiples capas que generen sombra. También es clave manejar la canopia: mantener espacios homogéneos entre cargadores, alrededor de 10 a 12 centímetros, y eliminar hojas que generan sombra excesiva.
Además usamos bioestimulantes, especialmente algas marinas, para reducir estrés por radiación o temperatura. Todo el manejo apunta a evitar cualquier tipo de estrés, porque éste reduce la disponibilidad de carbono.

¿Hay otros cambios que se puedan aplicar y contribuyan a sostener la producción?
Yo estoy evitando usar enraizadores. Si la planta no tiene suficiente energía, estimular raíces puede generar competencia con otros procesos como la formación y estabilización de racimos.
La estrategia es aumentar la producción de carbohidratos, reducción de estrés y movilización de fotositados, además de una nutrición adecuada y equilibrada. Esos son los cuatro pilares para sostener la producción este año.