Variedades blancas, rojas y negras sin semillas: mix de competitividad
Por David Hernández, asesor internacional en uva de mesa, arándanos y agricultura biológica
En diez años, Perú dejó de ser un actor emergente para destacar en el mercado global de frutas frescas, alcanzando en la actualidad un 13% del volumen total exportado. Según datos entregados por PROVID, en la temporada 2024/25, Perú exportó 680.000 toneladas de uva fresca, lo que equivale a 83 millones de cajas, cada una con 8,2 KN. Esta cifra supera en 32% a la temporada pasada y también representa un alza de 16% frente a la campaña 2022/23; un ritmo de avance que se sostiene año tras año sin pausa.
En términos monetarios, el sector registró más de US$ 2.000 millones en valor FOB durante la última temporada y se encuentra cerca de alcanzar los US$ 2.300 millones, mostrando así su lugar creciente en el comercio global.
Este posicionamiento se atribuye a distintos factores. Por un lado, la cantidad de tierra cultivada – hay 23.320 hectáreas certificadas – y los volúmenes exportados, los que se dirigen principalmente a Estados Unidos (51%), Europa (24%) y México (8%). Pero por otra parte, la clave ha estado en cambiar las variedades con decisión, buscando mayor rentabilidad y mejor rendimiento. De esta manera, hoy el 78% de la producción peruana son variedades licenciadas.
Así, el país se ha transformado en la región en un referente clave para entender hacia dónde se está moviendo el negocio y cuáles son las variedades que hoy marcan la diferencia en términos comerciales.

Competitividad de la uva de mesa en Perú
Cada año los productores buscan variedades con futuro o están atentos a lo que el mercado va proponiendo, ya que no sólo importa el rendimiento, también cuenta la resistencia a enfermedades y estrés abiótico. Por otro lado, los precios del mercado moldean lo que vale la pena plantar. Así, elegir implica mirar costos y rentabilidad juntos.
Para que una variedad se considere competitiva debe reunir una serie de criterios, tales como:
- Alta productividad por hectárea
- Buen calibre y presentación de racimos
- Facilidad para cumplir lo que el mercado espera
- Facilidad de manejo agronómico
- Buena adaptación a climas cálidos
- Alta aceptación del retail internacional
- Capacidad de capturar precios en ventanas tempranas
En este escenario, puede ocurrir que una variedad no funcione bien si no logra ajustarse a estos aspectos.
Gracias a un cambio rápido de variedades y al aumento veloz en extensión, la industria peruana avanzó mucho; lo que a su vez estuvo impulsado por decisiones claras de productores e inversionistas. Ello marcó la diferencia desde el inicio.
Según datos de la última temporada, seis variedades de uva de mesa son las que cubren tres cuartas partes de los envíos nacionales, cuya presencia corresponde a años de ajuste del cultivo y demanda global. Detrás de cada una de ellas hay decisiones específicas y rutas comerciales consolidadas.
- Sweet Globe: 26,23%
- Autumn Crisp: 16,54%
- Red Globe: 13,70%
- Allison: 9,5%
- Timpson: 5,1%
- Sweet Celebration: 4,1%
A continuación, analizaremos las variedades blancas, rojas y negras sin semillas, destacando el rol que cumple cada uno de estos grupos en el mix que conforma la competitividad del rubro.

Variedades blancas sin semilla: el verdadero motor económico
Sin lugar a dudas las uvas blancas sin semillas lideran el mercado peruano, y es que gracias a ellas ha crecido buena parte de la inversión agrícola en distintas zonas del país, sumado a que gran parte de su valor está dado por su rentabilidad. Por esto terminan siendo clave para quienes apuestan por resultados concretos año tras año.
Actualmente existen 13.504 ha de uva blanca sin semilla, lo que representa el 58% de la superficie plantada, cifra que representa un alza de 12% respecto de la temporada 23/24. Asimismo, cabe destacar que de la superficie total plantada de variedades licenciadas, el 70% corresponde a blancas sin semilla.
Las principales variedades tanto en superficie como en producción son:
- Sweet Globe: actualmente se trata de la variedad más plantada, concentrando el 38,8% de la superficie de las variedades blancas sin semilla licenciadas. Posee una alta fertilidad de yemas, entrega buenos calibres, muy buena crocancia y posee una muy alta aceptación en los mercados. Pese a que requiere atención en cosecha y después, especialmente contra la pérdida de humedad debido a su escobajo fino; si se maneja bien rinde sin problemas (y sin cambios bruscos) temporada tras temporada. Esta constancia hace que sea considerada una variedad base para el desarrollo de cualquier proyecto agrícola.
- Autumn Crisp: es la segunda variedad más plantada dentro de esta categoría (29,6%), y con un aumento en superficie del 30% este último año. Corresponde a una variedad que en general tiene una buena fertilidad, un buen desarrollo de frutos -que superan los 26 mm sin problemas- y de excelente firmeza. Como en casi todas las nuevas variedades licenciadas, los escobajos sufren bastante, por lo que el manejo agronómico debe incluir la construcción de un raquis que permita viajar y llegar a los mercados más exigentes. Sus características permiten entrar a mercados premium en términos de precios, especialmente en aquellos que priorizan el calibre. Es una de las variedades a la que actualmente se le exige más producción por hectárea.
- Timpson e Ivory: están en tercer y cuarto lugar, con un 8,26% y 7,65%, respectivamente, de la superficie plantada de blancas sin semilla (un poco más de 1000 hás cada una), aportando un 9% y 7% del volumen de este grupo de variedades. Se han convertido en muy buenas opciones para aquellos que buscan una diferenciación comercial con un buen desempeño en ventanas tempranas.
Para la mayoría de los exportadores la estrategia ha sido bastante clara: concentrar su superficie en blancas sin semilla que aseguren volumen, rotación en retail y retornos consistentes en el tiempo.
Variedades rojas sin semilla: renovación del portafolio
En este grupo, el objetivo ha sido principalmente buscar reemplazo a variedades clásicas como Flame Seedless y Crimson Seedless. Entre las que más destacan se encuentran Allison, Sweet Celebration, Jack’s Salute y Timco, las que han ido ganando terreno gracias a su mayor productividad (en comparación con Flame), mejor coloración, mayor homogeneidad de racimos y menor costo relativo para alcanzar estándares comerciales.
Su toma de color, mejora de calibre y el que puedan cumplir con los estándares internacionales sin tanta exigencia de manejo, son procesos que han permitido mejorar la competitividad de este grupo, pese a que sigue siendo más desafiante que el de blancas en términos de estabilidad de retornos.

Variedades negras sin semilla: diferenciación y valor agregado
Representan el segmento más pequeño dentro del portafolio de uvas producidas en Perú, pero no por ello menos importante, ya que se han convertido en un elemento estratégico para la diferenciación comercial.
Hay tres variedades que representan más del 75% de la oferta de este grupo: Sweet Favors, Sable Seedless y Midnight Beauty. Todas ellas comparten como característica la alta fertilidad (que podría traducirse en una alta producción), la facilidad para tomar color (con una carga adecuada, pero no baja), buen brix y buen sabor.
Puede que este tramo no mueva grandes volúmenes, aunque su función sea más bien práctica. Aun así, mejora el perfil del conjunto, variando lo ofrecido. Y todo ello manteniendo los rendimientos por superficie sin bajar el margen.
Red Globe pierde terreno en el mercado
Aunque aún presente en algunas zonas, la variedad Red Globe ha perdido protagonismo en el negocio exportador moderno. En los últimos cinco años la superficie plantada ha disminuido en un 33,6% y su participación dentro del volumen total ha caído del 31% al 14%. Su participación no parece recuperar fuerza, aunque en las últimas temporadas ha habido una pequeña recuperación en los precios, básicamente dado por la menor oferta.
Las razones que explican su baja pasan principalmente por una menor preferencia del retail y del retorno por hectárea, una mayor dificultad para cumplir estándares de calidad y la entrada de variedades que cumplen con el gusto del nuevo consumidor.
En muchos casos, estas variedades se mantienen solo cuando los costos están amortizados y/o cuando existen nichos específicos, pero ya no representan el foco de nuevas inversiones. Los principales mercados son Europa (36%), Centroamérica (21%), América del Norte (17,8%) y Asia (13,8%).
La genética como recurso para competir
Uno de los pilares del modelo peruano ha sido la fuerte adopción, y el acceso temprano y masivo a programas de genética privada, como Bloom Fresh (SNFL + IFG), Sun World y ARRA.
Como se ha indicado anteriormente, en la actualidad el 78% de la superficie corresponde a variedades licenciadas: en las variedades blancas sin semilla esta cifra llega a un 93%, a un 85% en las variedades rojas sin semilla, mientras que el 100% de las negras sin semilla son licenciadas.
Si miramos entonces la nueva genética desde un punto de vista comercial, cumple un rol clave ya que estas variedades no solo permiten diferenciar la oferta y mejorar la productividad y calidad, debido a sus altas fertilidades; sino que también facilitan el acceso a programas con el retail y aumentan las barreras de entrada para competidores.

Hoy la elección del programa genético no es solo una decisión técnica, sino que también estratégica, tan importante como la elección del campo (ubicación) o la infraestructura.
Entonces, ¿Hacia dónde va el negocio?
Si miramos al futuro, existen una serie de aspectos que deberían marcar la tendencia. Entre ellos destaca la mayor concentración en pocas variedades, refiriéndonos a las que entreguen mejores resultados y aceptación en los mercados de destino. A veces menos es suficiente para lograr lo necesario.
En cuanto a variedades específicas, se podría observar un crecimiento sostenido hacia blancas sin semillas de calidad premium (a lo mejor hasta llegar entre un 65-70%), además de genética con mayor retorno por hectárea y un menor espacio para las de rentabilidad ajustada. Asimismo, podría haber una mayor presión para cumplir con los requerimientos del retail en cuanto a calidad, sabor y condición.
En este escenario, la competitividad estará cada vez más definida por la capacidad de tomar decisiones varietales oportunas alineadas con lo que requiere el mercado y poniendo énfasis en el retorno económico.
Hay que subir la apuesta cuando se trata de calidad, porque el sabor ahora pesa más y lo que antes pasaba desapercibido hoy queda al descubierto bajo las reglas del mercado. La fruta ya no solo debe verse bien, también necesita llegar en buenas condiciones, por lo que cada etapa importa, desde que sale hasta que llega a destino. Ahora toda gira en torno a cumplir lo exigido.
Así las cosas, quien gane ventaja será el que escoja sus variedades rápido, guiado por lo que el mercado necesita. La clave no es solo sembrar distinto, sino hacerlo donde rinda más. Aunque parezca obvio, pocos ajustan bien el tipo de cultivo al beneficio real, cuando la apuesta se basa en ganancias tangibles, todo cambia. El momento define mucho; elegir tarde puede arruinar hasta la mejor idea.